Las oportunidades fallidas de Dana Carvey

Creo que las primeras noticias sobre Dana Carvey en España las tuvimos  con la película El Mundo de Wayne (Wayne’s World, 1992).  Eran los tiempos en que Internet era algo desconocido para la gente corriente y la televisión estadounidense era un mundo sólo accesible para quién tuviera antena satélite o hubiera vivido allí. Así que la mayoría de los adolescentes que vimos la película no tuvimos ni idea de que la película desarrollaba unos personajes creados para el programa de televisión Satuday Night Live, donde Carvey se había labrado una reputación como imitador.

Aquella ignorancia sobre la televisión estadounidense, por cierto, servía para que muchos humoristas españoles copiaran ideas de Satuday Night Live. El éxito comercial de El Mundo de Wayne llevó a la producción de más películas, muchas de las cuales pasaron por España sin pena ni gloria porque eran comedias de medio pelo que, sin el tirón del programa de televisión, no tuvieron recorrido comercial.

Dana Carvey abandonó Saturday Night Live para tener en 1996 su propio programa: The Dana Carvey Show. El programa fue cancelado antes del fin de la primera temporada. Queda en su haber el lanzar la carrera de Stephen Colbert y Steve Carrell. Y cabe destacar que el guionista jefe fue Louis C. K.  El tipo de humor del programa no encajó en la franja horaria en el que se emitió. El propio Stephen Colbert contaba en una entrevista con Howard Stern cómo después de la emisión del primer programa, en el que Carvey aparecía como un Bill Clinton con muchos pezones dando de mamar a cachorros, pidió disculpas a la plantilla por haber “arruinado su carrera”. Sólo se emitieron ocho de los diez programas previstos.

Al año siguiente del programa que no llegó muy lejos, un error médico en una operación coronaria casi le mata. Recibió 8 millones de dólares como daños y perjuicios. Ese mismo año, Mike Myers, coprotagonista de El Mundo de Wayne, lanzaba Austin Powers, que sería un enorme éxito y tendría dos secuelas. La oportunidad para Carvey en Hollywood llegó con The Master of Disguise, a la que le cabe el dudoso honor de estar en la lista de Wikipedia de películas que han sido consideradas la “peor película jamás hecha”.  Después de aquel fiasco, Hollywood no volvió a contar con Carvey como actor. Sólo hizo un pequeño papel en Jack y su Gemela (Jack and Jill, 2011), ¡qué también aparece en la lista de las películas consideradas la “peor jamás hecha!”.

En alguna parte leí que Dana Carvey decidió renunciar al cine y a la televisión para estar con su familia, después de haber sido un padre ausente. Se puede interpretar como una justificación de una carrera hacia el estrellato frustrada. Pero no pretendo hacer leña del árbol caído sino preguntarme qué pasa por la cabeza de alguien que fue realmente popular en el mundo del entretinimiento y que se quedó a las puertas del estrellato por fallar sus dos grandes proyectos. Si quedarse a mitad de camino en la vida es duro, quedarse a mitad de camino de la fama y millones tiene que serlo aún más para un artista.

La carrera de Carvey ha tenido una nueva etapa. Grabó un especial para Netflix (Straitgh White Male, 60) y pasó por la mayoría de late night shows de la televisión estadounidense. Ahí fue dónde lo redescubrí y lo que me animó a ver su especial. Entonces encontré el problema. Es un gran imitador pero, como muchos, carga el peso de su espectáculo en sus imitaciones, metiendo muchas veces a los personajes con calzador en el monólogo. Y así, a pesar de todo, es autor de momentos de comedia que son oro puro en su genialidad y trascienden el humor como este:

De Qué Sabes De a Photolari

El 1 de octubre me desperté con la sorpresa de que el sitio web sobre fotografía Qué Sabes De había cerrado. Se trataba de una de mis lecturas obligatorias cada día. Y es que uno de mis placeres culpables era, desde hacía mucho tiempo, estar más pendiente de las noticias sobre material de fotografía que de la propia fotografía en sí. No tengo reparo en reconocerlo. Yo soy de esas personas que no terminan de sacarle partido a la cámara que tienen pero babean por el último modelo de cámara de estilo retro.

En su despedida, el director de Qué Sabes De dejaba la posibilidad abierta de un retorno y culpable a ciertos socios del cierre prematuro de una publicación que arrastraba problemas. Y es que, ahora vengo a enterarme, la popularización de los móviles con cámara de muchos megapíxeles ha provocado una caída brutal de la venta de cámaras de fotos. El negocio de las cámaras de objetivos intercambiables y compactas avanzadas sigue, con la novedad de las cámaras sin espejo y compactas de sensor grande. Pero el negocio de las compactas bolsilleras simplemente ha desaparecido. Y en general, se venden menos cámaras, arrastrando al sector de publicaciones que vivían de contar las novedades del mundo fotográfico.

A mí Qué Sabes De me gustaba porque daban la impresión de no estar “vendidos” a ninguna marca. Había otras publicaciones con análisis más técnicos, con sus gráficas y parámetros esotéricos. Pero yo me fiaba de ellos. Y me gustaba su tono desenfadado. Al menos ahora nos queda Photolari, con Iker Morán  y Álvaro Méndez en el mismo tono desenfadado. Ojalá les vaya muy bien.

“El asalto a la cultura” de Stewart Home

el-asalto-a-la-kulturaAcabo de releerme El asalto a la cultura de Stewart Home, que trata de corrientes artísticas y culturales desde el movimiento COBRA a la revista Class War. El libro fue publicado originalmente en 1988, así que abarca desde poco después de la Segunda Guerra Mundial a finales de los años 80, con lo que se puede decir que propiamente recoge movimientos de vanguardia del período de la Guerra Fría. Se trata de grupos todos llegado a criticar el mundo del arte y la cultura como manifestaciones burguesas y mercantilizadas para proponer la ruptura de las categorías tradicionales. La inspiración del dadaísmo y el surrealismo es clara. Pero ahora, con la perspectiva del tiempo, podemos decir que fracasaron en su propósito. La sociedad capitalista y de consumo siguió su camino y las obras de muchos de aquellos artistas rompedores terminaron entrando en el mercado del arte.

Hay algo que llama la atención en el libro. Lo efímeros de muchos de aquellos grupos, que a pesar de todo lograron cierta relevancia. El mundo de las vanguardias se movía por un número limitado de ciudades de Europa Occidental y las costas de Estados Unidos, así que podemos sospechar que se trata de un mundo pequeño donde es fácil trazar conexiones personales. Un caso particular es el de la Internacional Situacionista, donde encontramos expulsiones y disidencias propias de adolescentes enfurruñados. ¿Qué quedó de todo aquel ruido y furia?

La relectura del libro me lleva a echar un libro equivalente dedicado a las corrientes surgidos a partir de 1991. La propia Wikipedia recoge una lista larga de manifiestos artísticos aparecidos después de la popularización de Internet. Seguro que alguien en alguna parte se ha encargado de poner orden y redactar una historia de los movimientos relevantes.

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InterRail y el ocaso del viaje en tren

Acudí a un campamento de verano internacional con 22 años, hice amigos y el siguiente verano hice mi primer viaje con un billete InterRail. Desde entonces me enganché a los viajes en tren, recorriendo Europa de punta a punta mirando el paisaje por la ventana. Para alguien de más de metro ochenta, la posibilidad de salir al pasillo a estirar las piernas es una ventaja a tener en cuenta. Y por supuesto, estaba el sentido de la aventura en la era que te comunicabas con casa llamando desde teléfonos públicos y no existían los móviles con Internet.

Recientemente alguien se sacó de la manga la propuesta de regalarle un billete de InterRail a cada europeo al cumplir los 18 años. Se trata de una medida pensada para combatir el euroescepticismo y combatir la creciente xenofobia. Pero resulta que, siguiendo las novedades de los viajes en tren en Europa en Seat61.com desde hace tiempo, he comprobado que se suceden el cierre de líneas de larga distancia. Supongo que ante la competencia de los aerolíneas low-cost. Así que esa posible popularización de los billetes de InterRail, con millones de beneficiarios cada año (¿alguien ha pensado en que podría suceder si todos los posibiles beneficiarios decidieran viajar en verano?), podría coincidir precisamente con el ocaso de las líneas de larga distancia.

Lleavaba tiempo leyendo en Seat61.com el cierre de líneas y supongo que tendría sentido ponerse en cierta forma nostálgico porque los viajes en InterRail marcaron mucho mis veintitantos. Pero supongo que son un vestigio obsoleto del pasado, como aquellas postales que mandaba a casa. Así que a lo mejor estoy confundiendo la nostalgia del “romanticismo” del viaje en tren con la nostalgia del tiempo que ya no volverá. A eso se le llama hacerse viejo.

Vértigo

Hace tiempo una amiga estuvo de viaje de negocios en Estados Unidos. A la vuelta en España, en un arrebato de entusiasmo me dijo algo así como “si todo sale bien, nos vamos todos para allá”. Se refería a una de las diez ciudades más grandes del país pero en absoluto una de las que cualquier español tiene en mente si le piden que piense en las ciudades estadounidenses más grandes, famosas o importantes. Así que me puse a hacer averiguaciones en Internet.

En poco días me había informado sobre el mercado inmobiliario y el de coches de segunda mano. Averigüé sobre sitios a donde viajar en tren desde allí y sobre los parques nacionales a los que se podía llegar dentro del mismo estado para hacer senderismo. Leí sobre museos que visitar y sobre lugares a donde salir por la noche. Mi amiga se quedó convencida de que se me había ido la pinza soñando despierto y empezó a recular, negando que ella hubiera mencionado la posibilidad de irse a vivir allí.

Todo aquello quedó en nada, evidentemente. Aunque pasé por tener que contestar a si estaba dispuesto a irme tan lejos. Lo estaba. Mi llegada por primera vez a una Gran Ciudad me descubrió lo solo que se puede llegar a estar rodeado de mucha gente y que las grandes expectativas quedan aplastadas con el primer contacto con la realidad. Asi que hubiera sido ingenuo creer que aquella oportunidad fallida de irme a Estados Unidos hubiera sido el comienzo de una vida maravillosa. Pero me imagino una disyunción histórica en la que en un mundo paralelo me fui para allá y empecé una nueva vida. En algún plano espacio-temporal hay otro yo viviendo en Estados Unidos. Y, como antes de salir de mi terruño por primera vez para vivir en una Gran Ciudad, me invadió el miedo de vivir  una gran oportunidad y fracasar. De alguna manera, me alegré que todo el asunto quedara en nada.

Siempre con los perdedores

El otro día comprobé que la Blackberry Passport había desaparecido en la FNAC de la Plaza de Callao en Madrid para quedar arrinconada debajo del expositor, a la altura de los pies, donde es difícil que alguien mire. Aparecía con un precio de “oferta” de 500 euros, cuando ya es posible encontrarla por 100 euros menos en Amazon.es

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No voy a contar aquí como esa marca pasó de ser el estándar en los entornos empresariales a convertirse en un fabricante nicho para personas con necesidades muy especiales y frikis incondicionales. La Passport será por mucho tiempo el teléfono ideal para quienes consumimos mucha información en Internet y necesitamos tomar notas constantemente. Ni quiero detenerme en el triste futuro de la empresa, que parece encaminada a comercializar versiones modificadas de teléfonos Alcatel. El meollo del asunto para mí es cómo siempre desarrollo apego por marcas y aparatos que terminan dejados de lado por el gran público. Los netbooks, los libros electrónicos, Pentax y Blackberry cubrían necesidades concretas mías. Alguien una vez me llamó gafe y  cuando me compré una cámara Olympus me predijo el fin de la empresa.

Podríamos quedarnos en la anécdota y pensar que tengo mala suerte. O bien pensar que soy la antipersona media. Si el mercado se  hubiera regido por mis gustos nunca habrían existido ni las tablets ni los smartwatches. Tampoco los  tatuajes se habrían puesto de moda. Pero eso es otra historia. Me parece significativo ser parte de la ultraminoría hasta en lo tecnológico.