La culpa de todo la tienen los milenials

“Stabmaster Arson” ha hecho un hilo en Twitter con una recopilación de titulares que anuncian la crisis de productos y la desaparición de prácticas sociales por culpa de los milenials.  Son titulares que enuncian preguntas del tipo “Have millennials killed…?” o afirman rotundos “Millennials have killed…/are killing…”

Resulta que los milenials han acabado con el mundo de la modacon el comercio al por menor. Y es que los expertos en publicidad encuentran que los grupos de discusión ya no funcionan también por culpa de los milenials. Así no hay forma de preparar campañas.

Y así, el resultado es que hay productos cotidianos en riesgo de desaparecer por su culpa. Los milenials, están acabando con las pastillas de jabón y con los pañueños de papel. También son responsables de haber hundido los cines. Y hay deportes en crisis o camino de la ruina por culpa de los milenials, como el deporte de correr y la industria del golf. Y podrían en un futuro acabar con el fútbol americano.

No hay nada que resista a los milenials. El mundo se pone patas arriba. Están acabando con las relaciones de pareja, por lo que la institución del matrimonio está en crisis también por culpa de los milenials. La obsesión de los milenials con el trabajo ha acabado con las vacaciones pero su desdén por la manera tradicional de hacer las cosas ha acabado con el horario de oficina.  Pero también, esa manera diferente de hacer las cosas ha acabado con el desayuno, el brunch, el almuerzo y hasta las cenas en pareja. Saltándose tantas comidas, claro está, el resultado es que los milenials están acabando con la industria alimentaria.

Pero nada se compara con sus mayores víctimas. Los milenials acabaron con la Unión Europea, acabaron con el sueño americano y acabaron con la democracia.

Abogados del diablo

Hace poco, Alex Jones, un personaje de la alt-right estadounidense, tuvo que pasar por el juzgado por la disputa con su ex-mujer por la custodia de las hijas en común. El abogado de la ex-mujer se limitó a poner vídeos donde Alex Jones aparecía en InfoWar.scom hablando como un telepredicador apocalíptico para argumentar que era un desequilibrado mental. El abogado de Jones le defendió diciendo que su figura pública era un personaje. Que él en realidad no piensa realmente las barbaridades que suelta y que su personalidad extrema es puro teatro para dar espectáculo a la audiencia.

El argumento me parece una salida cobarde de alguien que ha defendido ideas perversas. Jones mantuvo que la matanza de Sandy Hook, en la que veinte niños de seis y siete años fueron tiroteados en un colegio de primaria, nunca existió. Fue la respuesta de los defensores de la libre tenencia de armas ante el temor de nuevas leyes restrictivas respaldadas por una opinión pública conmocionada. Según los impulsores de la teoría conspirativa, allí no murió ningún niño y los padres afligidos que salieron en los medios eran todos actores contratados. La difusión de la teoría de la conspiración generó una campaña de acoso y amenazas de muerte contra los padres. Uno de esos padres, Leonard Pozner, decidió salir a la luz pública para combatir a los acosadores y desde entonces tiene que cambiar de domicilio constantemente.

Jones perdió el juicio y quedó en manos de la madre autorizar las visitas del padre. Me gustaría pensar que algún día Jones pagará todo el daño que ha hecho. Requiere de un tipo siniestro de maldad lanzar mentiras a sabiendas con el propósito de tener un impacto en la opinión pública. Y si hay un medio que destacó en ello en Estados Unidos, antes de la aparición de la alt-right, fue Fox News. El año pasado su presidente tuvo que dimitir tras varias acusaciones de acoso sexual. Cuenta Jon Stewart que su encuentro con él fue lo más parecido al diálogo con la muerte en El Séptimo Sello  de Bergman. Este año el que ha caído es Bill O’Reilly, presentador estrella de Fox News. A la vuelta de las vacaciones no se le renovó el contrato mientras se acumulaban las demandas por acoso sexual, que fueron resueltas fuera de los tribunales. ¿Quién iba a pensar que en un canal famoso por su sensacionalismo y la hipocresía de su línea editorial sus figuras más destacadas eran unos viejos babosos?

La “crisis” del libro tiene un nombre: Editoriales

Yael Farache cuenta en su blog el desarrollo de sus negociaciones con el Grupo Planeta para publicar su libro, La Vida Simple, tras llevar ella tiempo comercializándolo en preventa por Internet. La conclusión a la que llegó es que la editorial no estaba comprando su libro, lo que estaba comprando era la comunidad que ella había construido con sus lectores. Y todo llevado de una forma chapucera y descerebrada. La primera palabra que me vino a la cabeza para describir al Grupo Planeta fue “zombi”.

Es menos rentable jalear a Darth Vader que a la Alianza Rebelde

De un tiempo a esta parte se viene comprobando que la gente no consume noticias para enterarse de lo que pasa, sino para que le confirmen sus prejuicios sobre la realidad. La CNN pierde audiencia y lleva tiempo en declive frente al estilo de Fox News y su mentirosa visión distorsionada de la realidad. Para colmo cada vez menos gente paga por unas hojas de papel con las noticias de ayer. En Alemania cierra el Financial Times Deutschland y el Frankfurter Rundschau es insolvente.

En España se vive algo parecido. Todos los diarios en papel pierden lectores y pierden hojas. El periódico local que se compra en mi casa es una pálida sombra de lo que fue. Pero hay un sector que lo lleva peor que todos. La prensa de derechas agoniza. Durante años bramaron contra el gobierno de Rodríguez Zapatero (¡Fue ETA!¡España se rompe! ¡La crisis es culpa de ZP! ¡Rajoy nos saca de aqui en dos dias!) y permitieron a millones de españoles llegar de muy mala hostia al trabajo. Pero ha pasado un año y Rajoy se ha desvelado como un personaje patético sin más proyecto político que privatizar practicando el capitalismo de amiguetes. Y claro, la inercia de culpar de la situación al anterior gobierno se agotó hace ya tiempo. A la prensa de derecha sólo le quedaba convertirse en ridículo cheerleader de un gobierno desnortado, como La Razón, o tratar de ser la alternativa de derechas a un gobierno de derechas, como Intereconomía TV apoyando al partido de Mario Conde en Galicia.

De la prensa de izquierda y cómo de Público han terminado surgiendo cuatro medios diferentes, mejor hablamos otro día.

Sigo soñando

Alguien me dijo que mi sueño de una revista que hablara de los relatos de fondo de la globalización y de urbanismo, arquitectura, ciencia y tecnologías respetuosas con el medio ambiente sin entrar en “estilos de vida” y gadgets electrónicos era un intento de tener en una sola publicación todas mis lecturas. Sería algo asi como una revista que hablara de las cosas que me interesan de Monocle, Wired, City Journal, The Atlantic, The New Yorker… Así que creo que va a ser más fácil ir señalando aquellas publicaciones que tienen parte de lo que busco que esperar a que algún día en alguna parte aparezca esa clase de publicación. Ahí tenemos Materia, la web de noticias de ciencia, salud, medio ambiente y tecnología que permite republicar sus contendios. Y aquí está el blog Nómada, dedicado a arquitectura, diseño, arte, fotografía y street art.

El humor político como síntoma

Tras un verano empapándome de todos los fragmentos de “Real Time” y monólogos disponibles en YouTube de Bill Maher, humorista al que he subido al panteón del humor político que ocupan para mí Stephen Colbert y Jon Stewart, me encontré de casualidad en la tele con el retorno de “El Intermedio” en La Sexta. No es que hubiera ningún cambio y me pareciera diferente al programa que yo recordaba. Es que me resultaba más evidente que nunca el humor facilón y el acartonamiento del Gran Wyoming.

Cuando uno ve programas estadounidenses descubre de pronto que son la fuente de inspiración oculta de muchas cosas que se hacen en la televisión española y que nos creíamos originales. ¡Qué suerte tienen muchos humoristas españoles de que el Saturday Night Life original sea un gran desconocido para la mayoría! Se podría decir que los programas estadounidenses tienen mucho más recursos y más talento. Al fin y al cabo en España se pasó del “humorista cuentachistes” a la “stand-up comedy” hace menos de una década. Pero es algo más. Por ejemplo, en el Daily Show de Jon Stewart uno encuentra que los guiones no escatiman críticas a izquierda y derecha, lejos del autocomplaciente tono progre de El Intermedio. Pero incluso cuando Jon Stewart se posiciona claramente lo hace con una valentía que difícilmente se ve en la televisión española. Alguien podría decir que los delirios de la política estadounidense proporcionan mejor material a los humoristas. Difícilmente podría haber en España una parodia tan delirante y magistral como la que hizo Jon Stewart de Glenn Beck porque no hay un Glenn Beck en España. O quizás sí. Ahí están esos neofranquistas. Quizás entonces el pálido reflejo que uno encuentra del talento estadounidense en el humor político “progresista” español sea sólo un síntoma de las deficiencias de la izquierda española más que del humor.

La revista que me gustaría leer y nunca veré

La que lié el otro día cuando dije que quería leer una “revista hacker”. Me llovieron unos cuantos palos. Y todo porque “hacker” fue la única palabra que se me ocurrió para definir algo a lo que no soy capaz de ponerle nombre. Esta es la entrada 75ª de este blog, así que voy a aprovechar el hito para soñar despierto y contar la revista que me gustaría leer.

Pienso en una revista mensual de reportajes que huyan de la actualidad para contar las historias de fondo. ¿Qué está pasando en los cinturones industriales de China? ¿Qué ha pasado en Túnez, ahora que no sale en las noticias, tras la Primavera Árabe? ¿Qué pasa con los derechos humanos en Rusia? ¿Cuál es la mirada de Brasil hacia el mundo? ¿Cómo avanzan los procesos de integración regional en África?

La revista tendría su espacio para hablar de ciencia y tecnología. Pero no para hablar de los cachivaches de moda. Sino para hablar de los últimos avances en transporte público, telecomunicaciones o energías renovables, por ejemplo. La revista hablaría también de temas como arquitectura y urbanismo sostenible.

Supongo que una revista así tendría un público reducido y limitado en España. Y moriría en tierra de nadie por no hablar de “estilos de vida”, smartphones y no tener una sección de moda o tendencias. Todo ello imprescindible para captar publicidad. Mientras tanto, sigo soñando.