La “crisis” del libro tiene un nombre: Editoriales

Yael Farache cuenta en su blog el desarrollo de sus negociaciones con el Grupo Planeta para publicar su libro, La Vida Simple, tras llevar ella tiempo comercializándolo en preventa por Internet. La conclusión a la que llegó es que la editorial no estaba comprando su libro, lo que estaba comprando era la comunidad que ella había construido con sus lectores. Y todo llevado de una forma chapucera y descerebrada. La primera palabra que me vino a la cabeza para describir al Grupo Planeta fue “zombi”.

Es menos rentable jalear a Darth Vader que a la Alianza Rebelde

De un tiempo a esta parte se viene comprobando que la gente no consume noticias para enterarse de lo que pasa, sino para que le confirmen sus prejuicios sobre la realidad. La CNN pierde audiencia y lleva tiempo en declive frente al estilo de Fox News y su mentirosa visión distorsionada de la realidad. Para colmo cada vez menos gente paga por unas hojas de papel con las noticias de ayer. En Alemania cierra el Financial Times Deutschland y el Frankfurter Rundschau es insolvente.

En España se vive algo parecido. Todos los diarios en papel pierden lectores y pierden hojas. El periódico local que se compra en mi casa es una pálida sombra de lo que fue. Pero hay un sector que lo lleva peor que todos. La prensa de derechas agoniza. Durante años bramaron contra el gobierno de Rodríguez Zapatero (¡Fue ETA!¡España se rompe! ¡La crisis es culpa de ZP! ¡Rajoy nos saca de aqui en dos dias!) y permitieron a millones de españoles llegar de muy mala hostia al trabajo. Pero ha pasado un año y Rajoy se ha desvelado como un personaje patético sin más proyecto político que privatizar practicando el capitalismo de amiguetes. Y claro, la inercia de culpar de la situación al anterior gobierno se agotó hace ya tiempo. A la prensa de derecha sólo le quedaba convertirse en ridículo cheerleader de un gobierno desnortado, como La Razón, o tratar de ser la alternativa de derechas a un gobierno de derechas, como Intereconomía TV apoyando al partido de Mario Conde en Galicia.

De la prensa de izquierda y cómo de Público han terminado surgiendo cuatro medios diferentes, mejor hablamos otro día.

Sigo soñando

Alguien me dijo que mi sueño de una revista que hablara de los relatos de fondo de la globalización y de urbanismo, arquitectura, ciencia y tecnologías respetuosas con el medio ambiente sin entrar en “estilos de vida” y gadgets electrónicos era un intento de tener en una sola publicación todas mis lecturas. Sería algo asi como una revista que hablara de las cosas que me interesan de Monocle, Wired, City Journal, The Atlantic, The New Yorker… Así que creo que va a ser más fácil ir señalando aquellas publicaciones que tienen parte de lo que busco que esperar a que algún día en alguna parte aparezca esa clase de publicación. Ahí tenemos Materia, la web de noticias de ciencia, salud, medio ambiente y tecnología que permite republicar sus contendios. Y aquí está el blog Nómada, dedicado a arquitectura, diseño, arte, fotografía y street art.

El humor político como síntoma

Tras un verano empapándome de todos los fragmentos de “Real Time” y monólogos disponibles en YouTube de Bill Maher, humorista al que he subido al panteón del humor político que ocupan para mí Stephen Colbert y Jon Stewart, me encontré de casualidad en la tele con el retorno de “El Intermedio” en La Sexta. No es que hubiera ningún cambio y me pareciera diferente al programa que yo recordaba. Es que me resultaba más evidente que nunca el humor facilón y el acartonamiento del Gran Wyoming.

Cuando uno ve programas estadounidenses descubre de pronto que son la fuente de inspiración oculta de muchas cosas que se hacen en la televisión española y que nos creíamos originales. ¡Qué suerte tienen muchos humoristas españoles de que el Saturday Night Life original sea un gran desconocido para la mayoría! Se podría decir que los programas estadounidenses tienen mucho más recursos y más talento. Al fin y al cabo en España se pasó del “humorista cuentachistes” a la “stand-up comedy” hace menos de una década. Pero es algo más. Por ejemplo, en el Daily Show de Jon Stewart uno encuentra que los guiones no escatiman críticas a izquierda y derecha, lejos del autocomplaciente tono progre de El Intermedio. Pero incluso cuando Jon Stewart se posiciona claramente lo hace con una valentía que difícilmente se ve en la televisión española. Alguien podría decir que los delirios de la política estadounidense proporcionan mejor material a los humoristas. Difícilmente podría haber en España una parodia tan delirante y magistral como la que hizo Jon Stewart de Glenn Beck porque no hay un Glenn Beck en España. O quizás sí. Ahí están esos neofranquistas. Quizás entonces el pálido reflejo que uno encuentra del talento estadounidense en el humor político “progresista” español sea sólo un síntoma de las deficiencias de la izquierda española más que del humor.

La revista que me gustaría leer y nunca veré

La que lié el otro día cuando dije que quería leer una “revista hacker”. Me llovieron unos cuantos palos. Y todo porque “hacker” fue la única palabra que se me ocurrió para definir algo a lo que no soy capaz de ponerle nombre. Esta es la entrada 75ª de este blog, así que voy a aprovechar el hito para soñar despierto y contar la revista que me gustaría leer.

Pienso en una revista mensual de reportajes que huyan de la actualidad para contar las historias de fondo. ¿Qué está pasando en los cinturones industriales de China? ¿Qué ha pasado en Túnez, ahora que no sale en las noticias, tras la Primavera Árabe? ¿Qué pasa con los derechos humanos en Rusia? ¿Cuál es la mirada de Brasil hacia el mundo? ¿Cómo avanzan los procesos de integración regional en África?

La revista tendría su espacio para hablar de ciencia y tecnología. Pero no para hablar de los cachivaches de moda. Sino para hablar de los últimos avances en transporte público, telecomunicaciones o energías renovables, por ejemplo. La revista hablaría también de temas como arquitectura y urbanismo sostenible.

Supongo que una revista así tendría un público reducido y limitado en España. Y moriría en tierra de nadie por no hablar de “estilos de vida”, smartphones y no tener una sección de moda o tendencias. Todo ello imprescindible para captar publicidad. Mientras tanto, sigo soñando.

The Madrileñer

La prensa está en crisis. Cada vez menos gente compra un papel con las noticias de ayer cuando perfectamente puede leer gratis en Internet las noticias de hoy. Los expertos en opinión pública y comunicación señalan que los periódicos mantienen todavía el rol de ser el medio que define la agenda informativa. Leer los titulares del día es una actividad que se hace en programas de radio y televisión, pero no al revés. El problema es que no hay relevo generacional. En España el diario Público trató de captar al público joven hablando de ciencia, cómics y software libre con una estrella de la blogsfera progre al frente. Tras un año los dueños cambiaron al director por alguien venido de la prensa tradicional. Al final Público cerró su edición en papel y sobrevive como diario digital mientras buena parte de su antiguo plantel lanzará en Internet El Diario.

Ante este panorama, el grupo PRISA ha aplicado la máxima de “si no puedes con ellos, únete a ellos” creando un nuevo medio digital. Pero en uno de esos arranques que combinan esnobismo y paletismo no han tomado simplemente como referencia un medio de éxito en Estados Unidos. Literalmente han hecho la edición española del Huffington Post, soltándola con paracaídas en el panorama informativo español. El primer día lucía un diseño de portada desangelado y confuso. Y me ha hecho gracia. Se llama El Huffington Post. ¿Por qué no editar en España otras publicaciones estadounidenses de éxito sin equivalente en España? El New Yorker. La Wired.

Ricardo J. González, subdirector de Jot Down decía que aspiraba a convertir su publicación en el New Yorker español. Pero Jot Down tiene un estilo muy personal y característico, que lo aleja de la simple copia de un modelo.

Yo seguiré soñando con una revista hacker en español, que hablara de actualidad internacional, cultura, ciencia y tecnología.

Jot Down y el periodismo posible

Hace mucho tiempo, en otro blog, conté que echaba de menos en España revistas como The Atlantic o New Yorker. Incluso me llababa la atención la clase de grandes artículos en las ediciones estadounidenses de Vanity Fair y Esquire cuyo estilo, me temo, se quedó por el camino a la hora de sacar las ediciones españolas de ambas revistas.

Así que he estado pendiente de los intentos de hacer un periodismo diferente en España. Lamenté la desaparición de Soitu y me sentí decepcionado con FronteraD y Periodismo Humano con sus nada originales dosis de buenismo. Tampoco espero mucho de El Diario, que proclama “un periodismo objetivo, pero también honesto”, como si fueran incompatibles.

En este panorama ha sido una sorpresa y una excepción la discreta aparición de Jot Down, con sus entrevistas inteligentes, largas y sosegadas. Y cuando leí a Ricardo J. González, su subdirector, decir “[a]spiramos a ser el New Yorker español” entendí todo. Que dure mucho.