¿El ereader grande para leer documentos PDF definitivo?

En su momento Amazon lanzó al mercado un Kindle grande, el modelo DX,  allá por 2009. Nunca renovó el diseño. El segmento de mercado quedó en manos de marcas minoritarias que introdujeron la novedad de presentar ereaders de 9,7 pulgadas con sistema operativo Android 4.0. Seguí con interés la evaluación de los distintos modelos, que todos coincidían carecían de la agilidad de los ereaders más pequeños y modernos.

La cosa podría cambiar con el nuevo Onyx Note con pantalla de 10,3 pulgadas. Juan Luis Chulilla, autor del blog Tinta-e, ha presentado el anterior vídeo donde Salvador Vicente habla del comportamiento del aparato.

 

 

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Siempre con los perdedores

El otro día comprobé que la Blackberry Passport había desaparecido en la FNAC de la Plaza de Callao en Madrid para quedar arrinconada debajo del expositor, a la altura de los pies, donde es difícil que alguien mire. Aparecía con un precio de “oferta” de 500 euros, cuando ya es posible encontrarla por 100 euros menos en Amazon.es

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No voy a contar aquí como esa marca pasó de ser el estándar en los entornos empresariales a convertirse en un fabricante nicho para personas con necesidades muy especiales y frikis incondicionales. La Passport será por mucho tiempo el teléfono ideal para quienes consumimos mucha información en Internet y necesitamos tomar notas constantemente. Ni quiero detenerme en el triste futuro de la empresa, que parece encaminada a comercializar versiones modificadas de teléfonos Alcatel. El meollo del asunto para mí es cómo siempre desarrollo apego por marcas y aparatos que terminan dejados de lado por el gran público. Los netbooks, los libros electrónicos, Pentax y Blackberry cubrían necesidades concretas mías. Alguien una vez me llamó gafe y  cuando me compré una cámara Olympus me predijo el fin de la empresa.

Podríamos quedarnos en la anécdota y pensar que tengo mala suerte. O bien pensar que soy la antipersona media. Si el mercado se  hubiera regido por mis gustos nunca habrían existido ni las tablets ni los smartwatches. Tampoco los  tatuajes se habrían puesto de moda. Pero eso es otra historia. Me parece significativo ser parte de la ultraminoría hasta en lo tecnológico.

Estancandos digitales

Estos días está teniendo lugar el Mobile World Congress en Barcelona y no se me ha movido un pelo. Las grandes marcas anuncian teléfonos móviles con pantallas táctiles enormes, mayor resolución,  memoria, potencia y mejores cámaras. Exactamente igual que el año pasado. Quizás las novedades futuras vengan por el lado de los sistemas operativos, pero ya vimos lo revolucionario que ha sido Firefox OS y el Blackphone llega unos cuantos años tarde como concepto.

La cuestión es que estaba el otro día recostado en la cama navegando por Internet con el móvil cuando caí en la cuenta que aquella situación no era muy diferente a lo que años atrás hacía con mi netbook. Miraba las noticias, las actualizaciones de mis colegas en Facebook y algún vídeo chorra en Youtube. Las cosas serias, como en aquel entonces, las hago sentado en el escritorio con el PC. ¿Qué novedad me ha aportado un smartphone con Android? El correo electrónico en el móvil, mensajería instantánea, una cámara de fotos, navegar por Internet y un callejero es algo que ya tenía con mi Blackberry Pearl allá por 2008. Eso sí, en un móvil más inestable y con las funciones de teléfono peor integradas en el resto del aparato. Habrá que seguir esperando un cacharro que suponga un verdadero salto tecnológico.

Los libros electrónicos se estancaron porque nadie fue valiente para hacer algo mejor

Juan Luis Chulilla Cano retomó su blog Tinta-e para explicarnos por qué había dejado de escribir sobre libros electrónicos.

Los ereaders han tenido suerte con sobrevivir. Han encontrado un nicho estable con los lectores compulsivos, pero han perdido de manera aparentemente definitiva otros nichos abonados, como los estudiantes y los investigadores. Y ambos resultados responden a la misma característica: los ereaders no evolucionan funcionalmente desde 2010, cuando algunos modelos alcanzaron la madurez funcional necesaria para leer, y ahí se quedaron.

Otra tecnología cuyo nacimiento, como los netbooks, celebré y que los oscuros designios del mercado, que se mueve con estímulos del tipo “burro grande ande o no ande”, condenó.

El minimalismo va a llegar

En una reciente salida nocturna alguien mostró orgulloso su móvil LG de gama baja. Un móvil con teclado de toda la vida que contrastaba con su cámara réflex digital Nikon que no era precisamente de aficionadillo. La persona que nos enseñó su móvil barato presumía de estar desconectado de los mensajes de Wassap y el agobio general por estar conectado 24/7. Ya leí en su momento en la edición británica de Wired que “The Nokia 3210 was the greatest phone ever made” y la empresa francesa Lëkki ha hecho negocio vendiendo móviles viejos (perdón, vintage) con carcasa de colorines. Así que no podía faltar el artículo “Por qué cambié mi iPhone por un Nokia de 20 euros”. Así que si alguien quiere hacerme un regalo, le sugiero el Nokia 103.

El software libre es una cuestión de independencia y no sólo de dinero

El ayuntamiento de Munich inició hace años una transición de los productos Microsoft a software libre. Nick Heath cuenta la historia del proceso, que se convirtió en una batalla de gran importancia para Microsoft. Steve Ballmer llegó a suspender unas vacaciones y cruzar el Atlántico sólo para defender el contrato. Los argumentos de Microsoft eran exclusivamente económicos, ofreciendo una importante rebaja. El ahorro es uno de los grandes argumentos para la implantación del software libre en la administración pública. Sin ir más lejos, la Genrdarmería Nacional francesa está haciendo una transición al software libre. Comenzó instalando en los ordenadores las versiones para Windows de OpenOffice, Firefox y Thunderbird antes de cambiarle el sistema operativo a los ordenadores. Con el cambio la Gendarmería francesa habría ahorrado un 40% en el coste total de propiedad. Sin embargo, lo interesante del caso de Munich es que para los responsales de los sistemas informáticos del ayuntamiento no sólo es una cuestión de costes, sino una cuestión de independencia y libertad.

 

 

Algo pasa con los libros electrónicos

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Supuestamente los libros electrónicos venían a liberarnos de los costes de impresión, distribución e intermediación de libreros, transportistas y otros.  Pero de un tiempo a esta parte me me he dado cuenta que me he encontrado diferencias ridículas de precio entre el libro en papel y la versión electrónica. Art Brodsky cuenta en Wired los cambios en el sector tras la introducción del libro electrónico que han perjudicado a librerías, bibliotecas y autores. Mientras Scribd pretende crear un servicio de tarifa plana, el “Netflix” de los libros.