Los seculares poderes del Atlántico tronando

Ha fallecido el escritor irlandés Seamus Heaney y Asunción Álvarez ha traducido en su blog el poema “North“, que comienza así:

Regresé a una playa larga,
la curva amartillada de una bahía,
y hallé sólo los seculares
poderes del Atlántico tronando.

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Lo opuesto a la nostalgia del futuro

Uno de los temas recurrentes en este blog es la “nostalgia del futuro”, la sensación de que hubo un tiempo en que el futuro era un tema que nos fascinaba. Las revistas de divulgación dedicaban monográficos al “mundo del mañana”, la carrera espacial avanzaba alimentada por la Guerra Fría y Japón era el país de referencia. Pero la fascinación por el futuro no fue sólo cosa de los años 80, ni tampoco siempre loable.

En 1908 el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti redactó “El Manifiesto Futurista” que ensalzaba la tecnología, la velocidad, la violencia y el machismo con un discurso que anticipaba el fascismo. El movimiento Futurista atravesó todas las manfiestaciones artísticas, desde la arquitectura a la poesía.

Crali_-_Incuneandosi_nell_abitato_-_In_tuffo_sulla_citt_c3_a0_-_6083Tullio Crali, “In tuffo sulla città” (1939)

3. La pintura y el arte ha magnificado hasta hoy la inmovilidad del pensamiento, el éxtasis y el sueño, nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, la carrera, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo. 9. Queremos glorificar la guerra – única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer. 10. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias.

Una soledad de dimensiones cósmicas

Elvira Huelbes entrevistó en CuartoPoder a Christopher Maurer, profesor universitario en Boston y co-comisario de la exposición sobre Poeta en Nueva York en la Biblioteca Públcia de Nueva York. Y me he quedado con la frase “En Poeta en Nueva York se describe una soledad de dimensiones cósmicas”.

“…un viento sur que lleva colmillos, girasoles, alfabetos y una pila de Volta con avispas ahogadas.”

Siempre llegas a Omar Jayyam

En alguna parte leí a alguien que decía que cada tanto una generación en Occidente descubre y se maravilla con un poeta persa. Como si la sensibilidad de cada era estuviera más predispuesta para entender y apreciar a un poeta persa diferente. Carlos Javier González Serrano ha hecho una introducción a Omar Jayyam, poeta “materialista, pesimista y escéptico” quen o paro de encontrarme.

Viendo el documental “Tiempo de Leyenda” sobre la grabación de aquel disco de Camarón que cambió el flamenco para siempre me encontré que una de aquellas canciones era una adaptación de un poema de Jayyam.

Yo descubrí a Jayyam como personaje de la novela Samarkanda de Amin Malouf. Jayyam fue traducido al español por Jorge Guillermo Borges, padre de Jorge Luis Borges. Jayyam es también aquel “sabio” al que citaron en el trailer español de la última temporada de Lost que tanta repercusión tuvo en EE.UU. porque los propios autores de la serie reconocieron que era el mejor que se había hecho. Me encanta ir descubriendo esas conexiones que te llevan al principio de las cosas.

Acción de Gracias

Doy gracias a la luna por ser la luna, a los peces por ser los peces, a la piedra imán por ser el imán.

Doy gracias por aquel Alonso Quijano que, a fuer de crédulo lector, logró ser Don Quijote.

Doy gracias por la torre de Babel, que nos ha dado la diversidad de las lenguas.

Doy gracias por la vasta bondad que inunda como el aire la tierra y por la belleza que acecha.

Doy gracias por aquel viejo asesino, que en una habitación desmantelada de la calle Cabrera, me dio una naranja y me dijo: “No me gusta que la gente salga de mi casa con las manos vacías”. Serían las doce de la noche y no nos vimos más.

Doy gracias por el mar, que no has deparado la Odisea.

Doy gracias por un árbol en Santa Fe y por un árbol en Wisconsin.

Doy gracias a De Quincey por haber sido, a despecho del opio o por virtud del opio, De Quincey.

Doy gracias por los labios que no he besado, por las ciudades que no he visto.

Doy gracias por las mujeres que me han dejado o que yo he dejado, lo mismo da.

Doy gracias por el sueño en el que me pierdo, como en aquel abismo en que los astros no conocían su camino.

Doy gracias por aquella señora anciana que, con la voz muy tenue, dijo a quienes rodeaban su agonía rodeaban su agonía “Dejenmé morir tranquila” y después la mala palabra, que por única vez le oímos decir.

Doy gracias por las dos rectas espadas que Mansilla y Borges cambiaron, en la víspera de una de sus batallas.

Doy gracias por la muerte de mi conciencia y por la muerte de mi carne.

Sólo un hombre a quien no le queda otra cosa que el universo pudo haber escrito estas líneas.

Un colega me descubrió este poema de Borges hace poco. Llevo días de balances y miradas hacia atrás. Y con el tiempo, puedo dar gracias hasta por historias que terminaron mal. Si cerrara mi vida ahora, cuando no me queda otra cosa que el universo, serían prueba de que he vivido.

El tesoro que nadie quiere

Hace ya un montón de años leí una mención de un columnista del diario El Mundo sobre una poetisa rusa que había recitado sus versos en un acto en Madrid. Busqué información sobre ella en Internet y sólo encontré información sobre su colaboración con la sede moscovita del Instituto Cervantes. Ahora sé que Natasha Vanjanen es poetisa, hispanista y traductora.

De aquella columna periodística que la mencionaba tomé nota de un poema suyo que terminaría guardando en las páginas del diario que escribí durante un viaje por Europa en el verano de 1999. En aquellos 47 días alcancé el Círculo Polar Ártico en la antesala de la Laponia finlandesa y contemplé desde sus pies las cumbres nevadas de los Alpes suizos. Viví con tanta intensidad aquellas semanas que me sentía incapaz de explicarme ante los demás. Nunca había estado tanto tiempo solo y lejos de casa. Pero cuando volví a casa me encontré que nadie estaba interesado en lo que yo había vivido y aprendido.

Así que allí estaban las palabras de Natasha Vanjanen, que llevé a partir de entonces en mi cabeza en cada viaje junto con el deseo de no volver.

¡Jasón, no regreses jamás!
¿Para qué quieren las gentes tus hazañas?
Desean oro, pero sólo
en piezas acuñadas con perfil cincelado
por algún artista que sepa conferir
hermosa crueldad a cualquier rostro.
Y no tienen por qué quererte,
porque seas un héroe, Jasón.
No regreses.

El cuerpo me pide viajar de verdad. Viajar.