La ultraderecha ya está aquí

Algo pasó en 2016. Un día Alberto Noguera  se puso a hablar de cómo los judíos pretenden destruir Occidente difundiendo los valores progresistas a través de los medios de comunicación. No había visto a nadie fuera de algunos foros en Internet o en privado presentarse frontalmente como antisemita. El asunto tenía que ver con su simpatía por la candidatura de Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Y desde la victoria de Donald J. Trump fue como un toque de arrebato.

Unos decían que ya era de hora de librarse de la “tiranía de lo políticamente correcto”. Otros, reflexionaban si las políticas de identidad habían metido a la izquierda en un callejón sin salida. De esto último hablaré largo y tendido por un tiempo. Pero he ido descubriendo cómo la gente ha perdido el miedo a mostrarse racista, homófoba y machista abiertamente en muros de Facebook por primera vez. No hace muchos meses, fui usuario de primera hora de un foro que se ha convertido en refugio de gente que se refiere a artistas negros como “monos” y elabora argumentos sobre la inferioridad intelectual de negros y sudamericanos.

Todos esos discursos no son novedosos. Se podían encontrar hace años en foros y blogs neonazis. La diferencia, es que ahora han abandonado las catacumbas para adoptar un aire de vanguardia transgresora que está haciendo la revolución cultural. Frente a ellos, la gente que pide prohibir a ciertas personalidades hablar en campus universitarios o censuras los discuros en redes sociales sólo puede sonar conservadora y reaccionaria.

En el (construido socialmente) corazón de la blanquitud

La periodista Ijeoma Oluo entrevistó a Rachel Dolezal, la mujer blanca estadounidense que se presentó al mundo como negra durante años y fue puesta en evidencia por sus padres de origen europeo. De hecho, Dolezal dirigía la oficina local de una ONG  pro derechos de la población negra e iba contando una historia personal de sufrimiento y discriminación “por ser negra”. Después de destaparse el asunto, Dolezal se puso un nombre nigeriano y se presentó a sí misma algo así como blanca que se siente negra.

El reportaje se titula In the Heart of Whiteness.  El retrato que hace Oluo destroza la figura de Dolezal, presentándola como una chica blanca “que no se entera” y que  un día se encaprichó en ser negro como parte de su “privilegio blanco”. Hay cosas en el discurso de Dolezal que dan un poco de pena, sí. Como cuando cuenta que su interés por la negritud surgió en la infancia leyendo reportajes en la revista National Geographic sobre tribus exóticas en África.

Para Oluo es absolutamente ridículo el reclamo que hace Dolezal de presentarse a sí misma al mundo como negra. Le parece que frivoliza la experiencia de las mujeres negras reales. Pero claro, ¿no habíamos asumido desde el punto de vista posmoderno que todo absolutamente era una construcción social? Hay quien equipara a Dolezal a con una mujer trans.

La verdad es que estoy más cerca de Oluo que de Dolezal. Me parece que esta última forma parte de una tendencia creciente de gente que “envidia” la atención recibida por quienes luchan por obtener reconocimiento social. Ya hay quien incluso quiere ser operado para convertirse en discapacitado y quedar confinado a una silla de ruedas. Pero tengo la sensación de que situaciones como esta están llevando a la izquierda posmoderna a un punto de absurdo, feministas veganas luchando por “nuestras compañeras las vacas”, que terminará implotando.

Intelectual crítico al estilo español

Hace no mucho me encontré una referencia al libro La desfachatez intelectual de Ignacio Sánchez Cuenca en el muro de Facebook de alguien. No recuerdo si era una reseña propia o un enlace a la reseña de un tercero. Recuerdo los elogios a la valentía del autor por arremeter contra conocidos opinadores públicos a los que se le acusa de todólogos y vacuos. El asunto recibió muchos comentarios y “Me Gusta”. Pero yo no pude evitar recordar una reseña y entrevista al autor en el diario El Mundo. Se nombraba a Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte, Antonio Muñoz-Molina, Fernando Savater, Javier Marías, Javier Cercas… Y claro. Se me encendió la bombilla. ¿Qué tienen en común todos esos nombres? El Grupo PRISA. O bien sus libros aparecen en alguna editorial de ese grupo empresarial o son directamente columnistas de El País.

Sin un ejemplar de La desfachatez intelectual a mano no puedo averiguar si todos los “damnificados” por el libro están vinculados con el Grupo PRISA. Pero ese tipo de libros en España suelen ser ajustes de cuentas. Recordemos el libro de Gregorio Morán.

El pelotazo de Melania

Resulta que el diario británico Daily Mail publicó que, según un medio esloveno, Meliana Trump, la actual First Lady of the United States (FLOTUS), trabajó en agencias de modelo que ofrecían servicios a hombres adinerados. El Daily Mail se retractó, pero hubo una demanda judicial. En ella, los abogados de la FLOTUS reclaman daños económicos multimillonarios porque una noticia afecta a las oportunidades de negocio que el cargo ofrece a su clienta.

El texto no tiene desperdicio. Dice que la noticia publicada por el Daily Mail afecta a Melania Trump porque se le ofrece una oportunidad única en la vida de lanzar una marca comercial de ropa, accesorios, calzado, joyas, cosméticos, productos para la piel,  productos para el pelo y perfumería que generaría negocios multimillonarios gracias a que será una de las mujeres más fotografiadas del mundo.

Al final, no será el torcer las leyes lo que tumbe al presidente Donald J. Trump. Serán sus chanchullos, que no distinguen la figura pública de la privada. Como su promoción de su complejo privado Mar-a-lago como la “Casa Blanca de invierno”

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El vestido de la Pedroche y el fin de la civilización occidental

Resulta que una año máz Cristina Pedroche salió en el programa de la campanadas de Fin de Año de un canal de televisión español con una vestido que enseñaba más de lo habitual y el asunto se ha convertido en tema de debate para las personas progresistas y bien pensantes. El debate se ha basado en posturas parecidas a los otros debates sobre el velo musulmán y la prostitución. Por un lado, gente diciendo que es denigrante que una mujer haga algo así. Por otro lado, gente diciendo que ella es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Y a partir de ahí un debate sobre si se puede decir que ella es realmente libre y el derecho de los demás a decirle a una mujer lo que tiene que hacer con su cuerpo.

Enlace a enlace terminé leyendo una crítica feminista a la crítica feminista del reagguetón (¿cuánto hay de etnocentrismo y clasismo en la crítica de feministas europea de los “ritmos latinos”? plantea la autora), una crítica feminista al número de la revista National Geographic que aborda los “otros géneros” por invisibilizar a las mujeres y la explicación de Jéssica Fillol de por qué abandonó el blog colectivo Locas del Coño.

Me encontré de nuevo en ese punto en que descubres que cualquier cosa presentada como progresista, feminista y emancipatoria puede ser vista como todo lo contrario en un tipo de debate que sólo puedo comparar con debates teológicos. Con el viejo mundo en crisis y los bárbaros a las puertas, estos debates me recuerdan el concepto de “discusión bizantina”.  Imagino la perplejidad de los historiadores futuros leyendo los textos de esta época al ponerlos en el contexto de la amenaza que supone el islamismo para los principios democráticos y de convivencia ante la pasividad del relativismo posmoderno imperante.

Dice Víctor Lapuente en “El sexo de la izquierda” que la insistencia de la izquierda en presentarse como abanderada de mujeres, personas LGBT y minorías étnicas le hace perder un mensaje universal. Como hemos visto en Estados Unidos recientemente y desde hace tiempo en Europa, ese vacío ideológico es ocupado por la ultraderecha. Y empiezo a pensar, si una posible reacción ultraconservadora será la solución terrible al problema. No la deseable, claro está. Pero al menos una solución.

Apocalipsis Trump

Trump

Me sorprendió la victoria de Donald J. Trump, como todos, pero enseguida quedé harto de todos esos análisis de la intelligentsia occidental sobre por qué la clase obrera en Estados Unidos votó mal. Luego me invadió una sensación infantil de gozo ante la perspectiva de un fin del mundo tan inesperado como delirante. “Happy End of the World”, como anunciaba Pizzicato Five en 1997. ¿Quién siendo niño, no soñó que todo terminara terriblemente mal para formar parte de la Alianza Rebelde o la Resistencia? No creo que haya friki en el mundo que no haya albergado fantasías madmaxistas y survivalistas.

Tanta condescendencia europea hacia eso paletos estadounidenses, que no saben ni siquiera elegir al presidente correcto entre dos opciones, esconde que el verdadero peligro vendrá de Europa en 2017.  Se avecina una tormenta. Veremos el auge de partidos euroescépticos y xenófobos amigos de Putin que pondrán la Unión Europea patas arriba.  Alguno dirá que eso es bueno. Pero yo soy bastante pesimista sobre el futuro de Europa Occidental por razones políticamente incorrectas de decir aquí y ahora.

Creo que buena parte de culpa de todo lo tiene la izquierda. Y es irónico que quién mejor haya diseccionado el triunfo de Trump haya sido “Jonathan Pie”, el irreverente periodista creado por el actor británico Tom Walker. Dice mucho del actual estado de los medios de comunicación que pocos se molestaran en buscar en Internet para descubrir que es un personaje de ficción antes de presentarlo como el monólogo de un periodista británico.

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Izquierda Desunida

Hubo un tiempo, no hace mucho, que buscaba cada semana el último vídeo subido a Youtube de una charla de Pablo Iglesias, el telegénico profesor de Ciencia Política. Le podíamos perdonar que colaborara con un canal de televisión de un régimen bastante impresentable o que dijera las chorradas habituales de apoyo a gobiernos autoritarios en Hispanoamérica. Pero fue toda una novedad oír hablar a un profesor universitario elocuente que pretendía que entrara aire nuevo en las rancias catacumbas de la izquierda española. Más tarde le oímos expresar su programa político y resultó que no tenía ni idea de Economía.

Él no quería, claro. Se vio empujado, por supuesto. Lejos de mí pensar que fue algo a la altura de su ego. Pero tras confesar “Me han pedido que dé el paso” , presentó el proyecto político “Podemos” con él como provisional cabeza de lista a las Elecciones Europeas.  Luego dijo eso de “a mí me parece que Alberto Garzón sería el mejor candidato [para Izquierda Unida]” y me enteré que su pareja, Tania Sánchez Melero, lidera una corriente “renovadora” en Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid. Entonces empecé a tener la impresión de que “Podemos” era una maniobra de abordaje de Izquierda Unida. “El Teleoperador” hizo una comparativa en su blog del manifiesto de “Podemos” y el programa electoral de Izquierda Unida en las elecciones generales de 2011, encontrando muchas similitudes. Pero en esto que el soviet supremo de Izquierda Unida se reunió y repartió los once primeros puestos de su lista. Si “Podemos” quería unirse, que lo hiciera poniéndose a la cola. Y así, “Podemos” va camino de convertirse en un partido con Pablo Iglesias como candidato a las elecciones europeas y ahora es aburridísimo escucharle decir lo mismo por toda España.

Para terminar, añadir el apunte de que “Podemos” sí se puso de acuerdo con otro partido, “Equo”.  Ambos partidos se pusieron de acuerdo para rechazar la propuesta de formar una coalición  hecha por el “Partido X”. Luego el juez Elpidio José Silva pidió una excedencia para formar el Movimiento RED, que no hay que confundir con el Partido de la Red o el Partido de Internet… Apasionante, sí.