La desigualdad no es pobreza

Un tema para debatir largo y tendido es la definición de derecha e izquierda política en el siglo XXI. Dentro de ese debate me llamó la atención siempre las definiciones hechas por gente de izquierda sobre qué es la izquierda. Me parecieron confusas, contradictorias e infantiles. “Ser de izquierdas es estar a favor de la igualdad, ¿no?”. Y cosas así. Así que me ha resultado muy interesante esta intervención de Martin Krauze que he conocido gracias a Luis Alberto Iglesias:

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Siempre llegas a Omar Jayyam

En alguna parte leí a alguien que decía que cada tanto una generación en Occidente descubre y se maravilla con un poeta persa. Como si la sensibilidad de cada era estuviera más predispuesta para entender y apreciar a un poeta persa diferente. Carlos Javier González Serrano ha hecho una introducción a Omar Jayyam, poeta “materialista, pesimista y escéptico” quen o paro de encontrarme.

Viendo el documental “Tiempo de Leyenda” sobre la grabación de aquel disco de Camarón que cambió el flamenco para siempre me encontré que una de aquellas canciones era una adaptación de un poema de Jayyam.

Yo descubrí a Jayyam como personaje de la novela Samarkanda de Amin Malouf. Jayyam fue traducido al español por Jorge Guillermo Borges, padre de Jorge Luis Borges. Jayyam es también aquel “sabio” al que citaron en el trailer español de la última temporada de Lost que tanta repercusión tuvo en EE.UU. porque los propios autores de la serie reconocieron que era el mejor que se había hecho. Me encanta ir descubriendo esas conexiones que te llevan al principio de las cosas.

Lo que se llevó la crisis

Yo quería mucho a mi abuela materna. Su pérdida es la experiencia más dolorosa de mi vida. Pero creo recordar que nunca hablé con ella de política. Nunca le pregunté su opinión sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo o qué pensaba de la inmigración irregular de negros africanos. A lo mejor me hubiera producido rechazo sus respuestas. A lo mejor no. La política estuvo totalmente ausente de nuestra relación familiar y me alegro que así fuera.

El mundo solía estar lleno de sitios donde existía la regla implícita de que no se debía hablar de política. “Prohibido hablar de fútbol y política” recuerdo haber oído decir más de una vez. Las posturas sobre asuntos políticos suelen ser terriblemente viscerales y evitando esos temas se podía mantener una convivencia aceptable en ciertos lugares. Todo eso pasó a la historia gracias a Internet. Antes podías compartir facetas de tu vida y jamás enterarte qué opinaban los demás de ciertos temas. Como con mi abuela. Pero ahora todo el mundo se encarga de proclamar su opinión sobre cualquier cosa a los cuatro vientos en su blog, en su Twitter, en su muro de Facebook y en cadenas de correo electrónico. Aunque a ti no te hubiera interesado jamás las opiniones políticas de algunos de tus antiguos compañeros de facultad, del autor de tu blog favorito sobre papiroflexia o de los amigos de tus amigos. Pero ahí están. En todas partes a todas horas. La gran democratización de la opinión pública. Y la realidad es que la mayoría de la gente no tiene ni puta idea de lo que habla. Repite argumentos de segunda mano sobre temas que no entienden o no se han molestado en contrastar. Reproducen bulos que no les provocan la más mínima suspicacia porque apelan a sus prejuicios. Y están todos muy cabreados. Todos escriben con signos de admiración y lanzan muchas preguntas retóricas.

El camino recorrido me suena familiar. En primer lugar está la deslegimitización del parlamentarismo. Se habla de la partitocracia, del PPSOE y de los políticos. Toda la culpa es de los políticos que no están sino al servicicio de ellos mismos. Se dice que la democracia representativa es un fraude, una mentira y un estorbo aunque siempre me quedo esperando que me digan qué otras formas políticas son mejores. Luego está la deshumanización y la criminalización de esos mismos políticos. Si son culpables de la ruina, la miseria y el hambre de tanta gente, entonces son tan destructores como el peor de los terroristas. Así que cualquier acción contra ellos es sólo una justa retribución. Un acto de autodefensa. Sólo queda esperar que alguien un día le parta la cara a alguien para correr a aplaudir y justificar. Más violento es un banquero que alguien que tira un ladrillo. Es la relativización moral que sólo lleva a las zonas oscuras de la historia.

La rebelión de las máquinas

En la mañana del 1 de agosto los ordenadores de Knight Capital Group empezaron a lanzar operaciones bursátiles de forma desquiciada. La empresa perdió 400 millones de dólares en sólo 45 minutos y al final del día su valor en bolsa había caído un catastrófico 63%. La explicación oficial es que ese día la empresa estrenaba un nuevo software. La instalación, ya vemos, salió mal.

Ya lo conté por aquí hace tiempo. Muchas empresas que negocian en bolsa usan algoritmos para lanzar operaciones en cuestión de una fracción de segundo eliminando a los humanos de la toma de decisiones. Pero a veces se produce una reacción encadenada de algoritmos que entran en un círculo vicioso y provocan descalabros como el sucedido al Dow Jones el 6 de mayo de 2010. Perdió 988 puntos en apenas unos minutos.

Roger Senserrich no deja de admirar “lo cyberpunk de todo este tema” pero remite a la alarma dada por Felix Salmon. Este tipo de operaciones son cada vez más abundantes en los mercados bursátiles, como muestra el gráfico animado. Tenemos así ya nuestro propio escenario de pesadilla postapocalíptico. Los shocks del petróleo de 1973 y 1979 junto con la Segunda Guerra Fría provocada por Ronald Reagan nos llevó a Mad Max. El 11-S y la sensación de que el mundo no volvería a ser el mismo porque el peligro nos acechaba en nuestras propias ciudades nos llevó a la avalancha de películas de zombies, Jericho y Falling Skies. La generación de la crisis de las subprime y la prima de riesgo ya tiene su propia fantasía postapocalíptica. Skynet no será un ordenador militar, sino el sistema automatizado de una firma bursátil.