¿Encontrará Pentax un camino?

Hay una maldición que condena a que el mercado dé la espalda a todas aquellas marcas o tecnologías que tienen mi aprobación. Sean fabricantes de móviles como Nokia y Blackberry, sean dispositivos como los lectores de libro electrónicos. Pentax fue la marca de mi primera cámara digital de objetivos intercambiables. Y al poco tiempo empezaron los problemas. La empresa cambió de dueño dos veces. Primero la compró Hoya, que terminó quedándose con su división de material médico y vendiendo la división de fotografía a Ricoh. Esos vaivenes parecen que influyeron en sus lanzamientos al mercado.

A lo largo del tiempo las marcas de cámaras de fotos han encontrado una identidad. Nikon y Canon son las marcas profesionales que se limitan a producir infinitas iteraciones de sus productos sin mucha imaginación. Por ejemplo, Canon lanzó en 2003 la EOS 300D, la primera réflex digital asequible. Desde entonces lanzó cada cierto tiempo un nuevo modelo que añadía 50 a la cifra del nombre del modelo. A la 300D le siguió la 350D y luego la 400D hasta llegar hace poco a la 750D. Totalmente previsible. Y así, en la gama profesional encontramos que la EOS 5D fue seguida de las variantes Mark II, Mark III y Mark IV. Mejoras sucesivas sin salirse del guión. Pero fuera de eso, cuando Canon trató de entrar en el mercado de cámaras sin espejo lanzó un truño y sólo con la tercera generación parece haber logrado un producto competitivo. Por su parte, Nikon funciona con el mismo esquema previsible. Por ejemplo su cámara básica, la 3000 fue sustituida por la 3100, 3200 , 3000 y 3400.  Y así con el resto. Fuera de eso, alguien en Nikon tuvo la idea de crear una familia de cámaras sin espejo con un sensor mucho más pequeño que el de la competencia y por tanto con menos prestaciones. Ya hay rumores de que se va a cargar esa línea de producto.

En tercer lugar tenemos a Sony, que de ser la marca de referencia en electrónica de consumo pasó a perder dinero con sus portátiles, teléfonos móviles y cámaras fotográficas. Al menos, ha conseguido un plantel del modelos de cámaras de fotos que la colocan como la tercera marca profesional.  Luego tenemos las marcas que apostaron por las cámaras sin espejo: Panasonic, Olympus y Fuji. Estas dos últimas se han construido un nicho de mercado como cámaras hipster con su estética retro.

Y por último tenemos a Pentax, que siempre fabricó cámaras con muy buena calidad relación-precio para un público de incondicionales sin complejos. Es decir, los que comprábamos Pentax sabíamos que por el mismo precio nos llevábamos más prestaciones a casa que con un Nikon o Canon. Pero como en esas dos marcas, alguien en algún algún momento decidió que  Pentax tenía que hacer algo diferente a los demás. Pero algo que nunca nadie hubiera hecho. Quizás debieron preguntarse en Pentax por qué a nadie había lanzado nada parecido a ellos. Primero lanzó la Q, la cámara que respondía a la necesidad que nadie había tenido. Pentax inventó la cámara compacta con objetivos intercambiables y la lanzó a un precio equiparable a otras cámaras de muchas más prestaciones.

Luego, Pentax contrató a un diseñador industrial famoso para crear la primera cámara sin espejo con sensor de réflex digital. La K-01 fue un hito tecnológico que quedó oscurecido por la apariencia de la cámara.

Puede ser que la K-01 ganara algún premio de diseño pero no debieron venderse muchas. Los responsables de Pentax dejaron claro que no iba a ser la primera de una nueva gama y que su apuesta por las cámaras sin espejo de objetivos intercambiables iba a ser la familia Q, que tuvo dos modelos más: La Q10 y la Q7. Con esta última intentaron solventar algunas pegas de la familia, el precio y el tamaño del sensor. Pero al aumentar el sensor, la distancia focal equivalente de los objetivos ya existentes para la Q y la Q10 cambiaba. Cuatro años después del lanzamiento de la Q7, no hemos vuelto a saber de la familia y entre la gama de cámaras ofrecidas por Ricoh USA ya no aparece.

Vimos que el démerito de no haber sabido tener éxito con las cámaras sin espejo también lo comparten Nikon y Canon. Pero alguien decidió que Pentax no debía ser previsible y aburrida, lanzando mejoras sucesivas en una gama estable de modelos, como esas dos marcas.  A la K-10D y K-100D, como modelos avanzado y básico para aficionados  les siguió la K-20D y la  K-200D. A partir de ahí vinieron la K-m, la K-7, la K-x, la K-5 y la K-r. Pentax sigue el sistema Canon de asignar una, dos y tres cifras a los modelos de mayor a menor prestaciones. Así que la K-7 y la K-5 eran modelos por encima de la K-10D. ¿Pero la K-x y la K-r? Habría que consultarlo para saberlo. Alguien cayó en la  cuenta y decidió solventar el lío llamando al siguiente modelo K-30, que fue sustituida por la K-50 y la K-70. La nueva cámara básica fue la K-500 y como modelos superiores llegaron la K-5 II, la K-3 y la K-3 II. Íbamos bien pero por el camino alguien volvió a liarla. Salió un modelo básico llamado K-S1 de colorines y lleno de lucecitas.

El invento extraño de la K-S1, como todos los inventos extraños de Pentax, no debió tener mucho éxito. Le siguió en el mercado la K-S2, una cámara mucho más sobria a pesar de las variantes con colorines. Por el camino llegaron también su cámara de medio formato y su cámara de formato completo, la K1. Esta última parece un requisito de toda marca que aspire a ser tomada en serio, aunque nunca he tenido claro en qué influye su existencia para el fotógrafo aficionado. Su existencia como proyecto se sabía desde hacía años y que Pentax lanzara al mercado era síntoma de estabilidad y esperanzas de futuro, después de los vaivenes empresariales.

La sorpresa, para mí, ha saltado con el último lanzamiento. La nueva Pentax KP se inspira externamente en la K1 y juega a la estética retro con su versión metalizada. Iker Morán dijo que le recuerdo a otra cámara retro, la Nikon Df.

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¿Cabe la posibilidad de que Pentax decida empezar jugar al estilo retro para crear un nueva línea en paralelo a su habitual gama de cámaras robustas? Pentax tiene una baza de la que carecen Sony y Panasonic: un legado de cámaras históricas e icónicas como la Pentax MX y la Pentax K-1000. Ya hizo un homenaje a la primera con su compacta MX-1. A lo mejor no sería original seguir el camino de Olympus del autohomenaje ni tampoco lo sería ofrecer cámaras sin espejo con estética de réflex retro como Fuji. Pero sería mucho mejor que seguir abriendo caminos a ninguna parte. Espero que, por lo menos, lleguen años de estabilidad para Pentax y sus responsables se dejen de inventos raros.

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John Wick o el virtuosismo en el cine de acción

Se quejaba hace poco Evan Puschak (Nerdwriter) de la “epidemia” de películas simplemente “pasables” que afecta a Hollywood.

Como ejemplo del estado de cosas y a modo excepción, Puschak recogía una reseña de John Wick en la que alaba que es “una película que sabe lo que es”. Esto es, los creadores de John Wick fueron conscientes de que su objetivo era producir una película de acción destinada al entretenimiento y se tomaron en serio esa empresa. Eso es algo que se echa en falta en esta era de abuso de efectos especiales por ordenador y trabajo de cable.

John Wick fue estrenada en 2014 y fue codirigida por Chad Stahelski, un experto en artes marciales que había trabajado como especialista, junto con David Leitch, poseedor de una larga trayectoria como director de especialistas en películas de acción. La película fue protagonizada por Keenu Reeves, cómo no.  John Wick tiene una estética muy particular, presenta un universo original y bebe del género heroic bloodshed del cine hongkonés.  Las escenas de acción son un festival de virtuosismo de gun fu en el que destaca el trabajo de Keanu Reeves, al que hemos podido ver entrenando el uso de armas y artes marciales preparando para la secuela. Y ese compromiso con el resultado y ese esfuerzo extra para ofrecer algo diferente me parecen una muestra de coherencia y honestidad en el trabajo que merece ser aplaudida.

Blade Runner ya está aquí

El otro día Israel “Greenshines” tuvo la genial ocurrencia de grabar para su cuenta de Instagram el vuelo nocturno de un dirigible sobre Tokio mientras en su habitación sonaba de fondo una voz femenina de un canal japonés y el tema “Memories of Green” de la banda sonora de Blade Runner.

En Instagram tenemos la cuenta Blade Runner Reality, que muestra cómo el presente es posible encontrar el futuro cyberpunk imaginado en los años 80. Este año tendremos secuela de Blade Runner con la inefable participación de Harrison Ford, que de esa forma habrá perpetrado volver a interpretar tres papeles que le hicieron famoso en los años 80.

Escuchando mal música mala

Soy de la generación para la que tener un equipo de música era una aspiración. Hablo no de las mini cadenas, sino de los equipos que incluían amplificador y ecualizador como elementos separados que se apilaban en muebles dedicados. Yo tuve una minicadena Pioneer con reproductor de CD y doble pletina de casette. Me la compré durante la adolescencia. Y quedó atrás cuando me fui de casa después de la universidad. A partir de aquel entonces toda la música la escuché a través de los altavoces del portátil, de dos altavoces Creative Labs conectado al portátil, de un reproductor MP3 o del móvil. Para colmo, mucha de aquella música estaba descargada de Internet con un ratio de muestreo bajo. Es decir, jamás volví a escuchar música en condiciones óptimas.

Resulta que el fenómeno es generalizado. El oyente medio de música lo hace en condiciones subóptimas. Pero no importa. La calidad de las grabaciones ha caído en picado. Las casas discográficas han entrado en una guerra de decibelios para que su música suena más alta, sacrificando rango dinámico por el camino. Así que todas esas quejas de que ya no hay música como la de antes tiene una base de razón.

El vestido de la Pedroche y el fin de la civilización occidental

Resulta que una año máz Cristina Pedroche salió en el programa de la campanadas de Fin de Año de un canal de televisión español con una vestido que enseñaba más de lo habitual y el asunto se ha convertido en tema de debate para las personas progresistas y bien pensantes. El debate se ha basado en posturas parecidas a los otros debates sobre el velo musulmán y la prostitución. Por un lado, gente diciendo que es denigrante que una mujer haga algo así. Por otro lado, gente diciendo que ella es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Y a partir de ahí un debate sobre si se puede decir que ella es realmente libre y el derecho de los demás a decirle a una mujer lo que tiene que hacer con su cuerpo.

Enlace a enlace terminé leyendo una crítica feminista a la crítica feminista del reagguetón (¿cuánto hay de etnocentrismo y clasismo en la crítica de feministas europea de los “ritmos latinos”? plantea la autora), una crítica feminista al número de la revista National Geographic que aborda los “otros géneros” por invisibilizar a las mujeres y la explicación de Jéssica Fillol de por qué abandonó el blog colectivo Locas del Coño.

Me encontré de nuevo en ese punto en que descubres que cualquier cosa presentada como progresista, feminista y emancipatoria puede ser vista como todo lo contrario en un tipo de debate que sólo puedo comparar con debates teológicos. Con el viejo mundo en crisis y los bárbaros a las puertas, estos debates me recuerdan el concepto de “discusión bizantina”.  Imagino la perplejidad de los historiadores futuros leyendo los textos de esta época al ponerlos en el contexto de la amenaza que supone el islamismo para los principios democráticos y de convivencia ante la pasividad del relativismo posmoderno imperante.

Dice Víctor Lapuente en “El sexo de la izquierda” que la insistencia de la izquierda en presentarse como abanderada de mujeres, personas LGBT y minorías étnicas le hace perder un mensaje universal. Como hemos visto en Estados Unidos recientemente y desde hace tiempo en Europa, ese vacío ideológico es ocupado por la ultraderecha. Y empiezo a pensar, si una posible reacción ultraconservadora será la solución terrible al problema. No la deseable, claro está. Pero al menos una solución.

Apocalipsis Trump

Trump

Me sorprendió la victoria de Donald J. Trump, como todos, pero enseguida quedé harto de todos esos análisis de la intelligentsia occidental sobre por qué la clase obrera en Estados Unidos votó mal. Luego me invadió una sensación infantil de gozo ante la perspectiva de un fin del mundo tan inesperado como delirante. “Happy End of the World”, como anunciaba Pizzicato Five en 1997. ¿Quién siendo niño, no soñó que todo terminara terriblemente mal para formar parte de la Alianza Rebelde o la Resistencia? No creo que haya friki en el mundo que no haya albergado fantasías madmaxistas y survivalistas.

Tanta condescendencia europea hacia eso paletos estadounidenses, que no saben ni siquiera elegir al presidente correcto entre dos opciones, esconde que el verdadero peligro vendrá de Europa en 2017.  Se avecina una tormenta. Veremos el auge de partidos euroescépticos y xenófobos amigos de Putin que pondrán la Unión Europea patas arriba.  Alguno dirá que eso es bueno. Pero yo soy bastante pesimista sobre el futuro de Europa Occidental por razones políticamente incorrectas de decir aquí y ahora.

Creo que buena parte de culpa de todo lo tiene la izquierda. Y es irónico que quién mejor haya diseccionado el triunfo de Trump haya sido “Jonathan Pie”, el irreverente periodista creado por el actor británico Tom Walker. Dice mucho del actual estado de los medios de comunicación que pocos se molestaran en buscar en Internet para descubrir que es un personaje de ficción antes de presentarlo como el monólogo de un periodista británico.

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Las oportunidades fallidas de Dana Carvey

Creo que las primeras noticias sobre Dana Carvey en España las tuvimos  con la película El Mundo de Wayne (Wayne’s World, 1992).  Eran los tiempos en que Internet era algo desconocido para la gente corriente y la televisión estadounidense era un mundo sólo accesible para quién tuviera antena satélite o hubiera vivido allí. Así que la mayoría de los adolescentes que vimos la película no tuvimos ni idea de que la película desarrollaba unos personajes creados para el programa de televisión Satuday Night Live, donde Carvey se había labrado una reputación como imitador.

Aquella ignorancia sobre la televisión estadounidense, por cierto, servía para que muchos humoristas españoles copiaran ideas de Satuday Night Live. El éxito comercial de El Mundo de Wayne llevó a la producción de más películas, muchas de las cuales pasaron por España sin pena ni gloria porque eran comedias de medio pelo que, sin el tirón del programa de televisión, no tuvieron recorrido comercial.

Dana Carvey abandonó Saturday Night Live para tener en 1996 su propio programa: The Dana Carvey Show. El programa fue cancelado antes del fin de la primera temporada. Queda en su haber el lanzar la carrera de Stephen Colbert y Steve Carrell. Y cabe destacar que el guionista jefe fue Louis C. K.  El tipo de humor del programa no encajó en la franja horaria en el que se emitió. El propio Stephen Colbert contaba en una entrevista con Howard Stern cómo después de la emisión del primer programa, en el que Carvey aparecía como un Bill Clinton con muchos pezones dando de mamar a cachorros, pidió disculpas a la plantilla por haber “arruinado su carrera”. Sólo se emitieron ocho de los diez programas previstos.

Al año siguiente del programa que no llegó muy lejos, un error médico en una operación coronaria casi le mata. Recibió 8 millones de dólares como daños y perjuicios. Ese mismo año, Mike Myers, coprotagonista de El Mundo de Wayne, lanzaba Austin Powers, que sería un enorme éxito y tendría dos secuelas. La oportunidad para Carvey en Hollywood llegó con The Master of Disguise, a la que le cabe el dudoso honor de estar en la lista de Wikipedia de películas que han sido consideradas la “peor película jamás hecha”.  Después de aquel fiasco, Hollywood no volvió a contar con Carvey como actor. Sólo hizo un pequeño papel en Jack y su Gemela (Jack and Jill, 2011), ¡qué también aparece en la lista de las películas consideradas la “peor jamás hecha!”.

En alguna parte leí que Dana Carvey decidió renunciar al cine y a la televisión para estar con su familia, después de haber sido un padre ausente. Se puede interpretar como una justificación de una carrera hacia el estrellato frustrada. Pero no pretendo hacer leña del árbol caído sino preguntarme qué pasa por la cabeza de alguien que fue realmente popular en el mundo del entretinimiento y que se quedó a las puertas del estrellato por fallar sus dos grandes proyectos. Si quedarse a mitad de camino en la vida es duro, quedarse a mitad de camino de la fama y millones tiene que serlo aún más para un artista.

La carrera de Carvey ha tenido una nueva etapa. Grabó un especial para Netflix (Straitgh White Male, 60) y pasó por la mayoría de late night shows de la televisión estadounidense. Ahí fue dónde lo redescubrí y lo que me animó a ver su especial. Entonces encontré el problema. Es un gran imitador pero, como muchos, carga el peso de su espectáculo en sus imitaciones, metiendo muchas veces a los personajes con calzador en el monólogo. Y así, a pesar de todo, es autor de momentos de comedia que son oro puro en su genialidad y trascienden el humor como este: