Simas de odio

Hace no mucho descubrí qué había sido de una chica que conocí en el año 2006, cuando tener un blog era algo relevante. Coincidí en Madrid varias veces con ella en los encuentros de una red de blogs en la que participábamos ambos. Y en uno de sus viajes a Madrid, conocí a su novio. A mí me terminaron purgaron de la red de blogs y le perdí la pista. Diez años después, me enteré que se casó con su novio y resultó ser un maltratador. Se divorció de él tras un proceso doloroso que le marcó profundamente y por el camino se convirtió en una feminista lo suficientemente conocida para tener hordas de trolls acosándole continuamente.

Internet está llena de gente odiosa. Tanto como para merecer la pena dedicar tiempo a rebatir sus ideas o exponer sus miserias. Pero el grado de inquina e insistencia de los ataques de los trolls que ella ha sufrido demuestran la existencia de una sima de odio profundo que anida en muchos hombres. No deja de sorprenderme lo atacados que se sienten algunos por las mujeres que cuestionan el orden establecido y esa necesidad que sienten de hacerles la vida imposible. ¡Gorda! ¡Puta! ¡Fea! ¡Malfollada! Evidentemente canalizan la frustración de una vida sexual y afectiva llena de carencias, tratando de sentir así algún tipo de poder sobre una mujer.

Descubrir ese mundo de hombres que odian tanto me resultó inquietante. Hay un mundo ahí fuera de gente muy siniestra dispuesta a hacer daño a otros del que no tenía ni la más remota idea de su existencia. Y porque demuestra el nivel de resistencia que algunos hombres ponen a tener que revisar sus valores y su comportamiento.

Anuncios

Y Pablo Iglesias acabó con Podemos


Nadie puede acusar a Pablo Iglesias de haber ascendido de tertuliano televisivo a líder político manteniendo una agenda política oculta. En eso fue siempre sincero y directo. Él siempre expresó su intención de convertir a España en una república bananera. Y lo dejó bien claro para quien se molestó en escuchar sus conferencias en universidades españolas y fiestas políticas antes de fundar Podemos. También puso sobre la mesa su estrategia. Se trababa de montar un catch all party que apelara al votante cabreado y asqueado con la política española. Por tanto, había que renunciar al lenguaje y a los símbolos de izquierda para poder captar votos entre las señoras mayores que van a misa y los obreros que se ofenden cuando insultan a la nación española. Incluso renunció al discurso antimilitar y al A.C.A.B., argumentando que ahí había una masa enorme de funcionarios cuyo voto había que conquistar.

Tampoco ocultó su estrategia mediática. Se trataba de acudir a cada tertulia televisiva con la preparación de quien va a disputar una pelea por el título de los pesos pesados. Se encerraba con sus colaboradores, que le preparaban dosieres con los temas y luego actuaban de sparrings para entrenar respuestas. “La cuestión no es si un diputado de mi partido ha sido detenido tras violar a un niño refugiado sirio en su coche oficial, donde guardaba tres linces ibéricos muertos en el maletero, o no. Aquí de lo que tenemos que hablar es de que hay millones de españoles que no llegan a fin de mes por culpa de las políticas neoliberales del PP y PSOE…” Enfrente tenía a periodistas acostumbrados a que las tertulias televisivas fueran el partido de fútbol de solteros contra casados. Y, claro está, Pablo Iglesias brillaba dando voz al español cabreado.

La idea de Podemos era aprovechar la ventana de oportunidad que había creado la crisis. Pero esa ventana, no lo sabíamos, tenía fecha de caducidad más temprana de lo prevista. Los indicadores macroeconómicos empezaron a recuperarse y, al tiempo, los centros comerciales volvieron a estar llenos, si nos atenemos a lo complicado que se ha vuelto encontrar últimamente aparcamiento en el Carrefour y el Ikea. Pero sobre todo, el problema es que el hechizo se rompió tan pronto Podemos pisó escaño y moqueta.

El partido del chico cabreado que prometía poner todo patas arribas dejó de ser una promesa abierta a la imaginación para ser una realidad.  Y la frescura de los novatos en política se convirtió en majaderías de quien da más importancia al gesto que al trabajo hecho. Para colmo, Podemos resultó ser una partido de lo más convencional, con su aparato al servicio del líder para aplastar a los disidentes. Una cosa, en definitiva, muy aburrida. Entonces, ya no hizo falta seguir fingiendo. Resulta que dejaron de ser transversales y fagocitaron a Izquierda Unida para ocupar su lugar en el panorama político español: el eterno tercer partido, siempre en la oposición.

Apocalispis fotográfico

En el intervalo de los últimos tres meses , tres compañías han anunciado que van a reorganizar su negocio fotográfico. Panasonic va a reducir su división fotográfica y colocarla dentro de la división de electrónica de consumo. Ricoh, dueña de Pentax, pretende replantearse su estrategia en el negocio fotográfico. Y Nikon, tras un récord de pérdidas, anunció la cancelación de una nueva gama de compactas avanzadas, el despido de personal y una reorganización de la empresa.

¿Es posible imaginar que desaparezcan los negocios fotográficos de Panosonic, Ricoh, Pentax y Nikon? Mientras las marcas no paran de sacar modelos todos los años, dando una imagen de una negocio imparable y creciente, las cifras económicas son menguante. El negocio fotográfico quedó tocado cuando los móviles empezaron a incorporar cámaras de varios megapíxeles con flash, capaces de cumplir las necesidades mínimas del consumidor medio. Las compactas avanzadas, las cámaras sin espejo y las réflex quedaron convertidas en productos nicho para esa minoría de aficionados a la fotografía y profesionales.

Si todos esos malos vaticinios se cumplen, sólo quedarían cuatro marcas generalistas: Canon (el estándar para profesionales), Sony (aspirante a marca profesional) y las dos marcas que se han labrado una imagen de objeto de deseo por su estética retro: Olympus y Fuji. Al final, esa tendencia que tantas veces comenté aquí de apelar a la nostalgia fotográfica puede que haya sido la solución a la crisis del sector.

 

La ultraderecha ya está aquí

Algo pasó en 2016. Un día Alberto Noguera  se puso a hablar de cómo los judíos pretenden destruir Occidente difundiendo los valores progresistas a través de los medios de comunicación. No había visto a nadie fuera de algunos foros en Internet o en privado presentarse frontalmente como antisemita. El asunto tenía que ver con su simpatía por la candidatura de Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Y desde la victoria de Donald J. Trump fue como un toque de arrebato.

Unos decían que ya era de hora de librarse de la “tiranía de lo políticamente correcto”. Otros, reflexionaban si las políticas de identidad habían metido a la izquierda en un callejón sin salida. De esto último hablaré largo y tendido por un tiempo. Pero he ido descubriendo cómo la gente ha perdido el miedo a mostrarse racista, homófoba y machista abiertamente en muros de Facebook por primera vez. No hace muchos meses, fui usuario de primera hora de un foro que se ha convertido en refugio de gente que se refiere a artistas negros como “monos” y elabora argumentos sobre la inferioridad intelectual de negros y sudamericanos.

Todos esos discursos no son novedosos. Se podían encontrar hace años en foros y blogs neonazis. La diferencia, es que ahora han abandonado las catacumbas para adoptar un aire de vanguardia transgresora que está haciendo la revolución cultural. Frente a ellos, la gente que pide prohibir a ciertas personalidades hablar en campus universitarios o censuras los discuros en redes sociales sólo puede sonar conservadora y reaccionaria.

En el (construido socialmente) corazón de la blanquitud

La periodista Ijeoma Oluo entrevistó a Rachel Dolezal, la mujer blanca estadounidense que se presentó al mundo como negra durante años y fue puesta en evidencia por sus padres de origen europeo. De hecho, Dolezal dirigía la oficina local de una ONG  pro derechos de la población negra e iba contando una historia personal de sufrimiento y discriminación “por ser negra”. Después de destaparse el asunto, Dolezal se puso un nombre nigeriano y se presentó a sí misma algo así como blanca que se siente negra.

El reportaje se titula In the Heart of Whiteness.  El retrato que hace Oluo destroza la figura de Dolezal, presentándola como una chica blanca “que no se entera” y que  un día se encaprichó en ser negro como parte de su “privilegio blanco”. Hay cosas en el discurso de Dolezal que dan un poco de pena, sí. Como cuando cuenta que su interés por la negritud surgió en la infancia leyendo reportajes en la revista National Geographic sobre tribus exóticas en África.

Para Oluo es absolutamente ridículo el reclamo que hace Dolezal de presentarse a sí misma al mundo como negra. Le parece que frivoliza la experiencia de las mujeres negras reales. Pero claro, ¿no habíamos asumido desde el punto de vista posmoderno que todo absolutamente era una construcción social? Hay quien equipara a Dolezal a con una mujer trans.

La verdad es que estoy más cerca de Oluo que de Dolezal. Me parece que esta última forma parte de una tendencia creciente de gente que “envidia” la atención recibida por quienes luchan por obtener reconocimiento social. Ya hay quien incluso quiere ser operado para convertirse en discapacitado y quedar confinado a una silla de ruedas. Pero tengo la sensación de que situaciones como esta están llevando a la izquierda posmoderna a un punto de absurdo, feministas veganas luchando por “nuestras compañeras las vacas”, que terminará implotando.

Scott Pilgrim vs. The World

El otro día volví a ver, tras unos cuantos años, Scott Pilgrim vs. The World. Me quedé con la duda de si la primera vez que vi la película me fijé en los mismo detalles de la trama y me pasaron por la cabeza las mismas cosas.

Recuerdo que en un blog anterior llegué a dedicar una entrada al personaje que interpreta Mary Elizabeth Winstead. Y sin embargo, esta vez miré todo con distancia emocional mientras imaginaba la impresión  que me hubiera causado la película en otro momento. La trama de la película presenta a un nini que conoce en una fiesta a Ramona, una chica alternativa, misteriosa y atractiva. Sin que entendamos los mecanismos de la atracción, ella accede  a salir con él y comienzan una relación. Pero entonces Scott Pilgrim descubre que ha de derrotar en combate mortal a todos sus antiguas parejas. La película adopta entonces una estética de videojuego y la historia avanza como tal, con Scott Pilgrim ganando puntos e incluso una vida extra.

Aquí llega el punto en el que miré la película con distancia comparado con la primera vez. Cuando irrumpe cada ex-pareja de Ramona, conocemos su historia en común. Y ahí me pareció un personaje frívolo y superficial que se había embarcado en relaciones por puro aburrimiento, sin faltar la típica historia lésbica pasajera “porque estaba explorando”. Entonces llegué el déjá vu. Y me recordé a mí mismo, como el empollón friki que caía fascinado por las chicas alternativas y conflictuadas que eran mi justo opuesto.  Esa clase de chica que explicaba su vida sentimental pasada con la misma frivolidad y el mismo desdén con el que Ramona hablaba de la suya.

Se me ocurrió entonces que la trama posiblemente fuera una enorme metáfora de las experiencias del autor del cómic original. Y como en mi vida real, descubríamos que el personaje de Ramona seguía atada a uno de sus ex-novios. En la película sucede porque tiene un chip implantado en la nuca. Me hizo gracia la ocurrencia. No la recordaba de la primera vez. Me pareció una metáfora que sustituye la clase de excusas que ponen los pagafantas para explicar la situación. Y ahí llegó la epifanía. El pensar que si prescindíamos  de los elementos fantásticos de la película y de sus mecanismos narrativos de videojuego, nos quedábamos con una historia bastante anodina. Ramona ya no me pareció un personaje atractivo. Porque prescindiendo del artificio de la historia y trayéndola a la realidad, era la clase de chica de la que hoy en día saldría corriendo. Y entonces sí. Oí el sonido. “Logro desbloqueado”.

Desazón

Creé mi primer blog con el título “El Lobo Estepario” en 2004. Todavía la URL existe pero hace muchos años que no lo visito.  Por qué elegí ese título lo explica un fragmento de la novela de Herman Hesse que copié en “Acerca de”. En 2004 había llegado a la gran ciudad, para vivir por primera vez fuera de casa de mis padres. Vivía rodeado de Erasmus viviendo la gran aventura española. Y yo no podía sentirme más ajeno a su vida y más solo en la gran ciudad. Y a pesar de todo, posiblemente me pasase como a Nani Moretti en “Caro Diario”: que yo incluso en un mundo mejor que este seguiría siendo parte de una minoría. El mundo vivía una gran fiesta en la que ya no quería ser parte.

Trece años después sigo pensando que “El Lobo Estepario” es un buen título para un blog personal. Y sigo pensando que me representa. Pero mi sensación es diferente. Me cuesta explicarlo porque tendría primero que poner por escrito muchos torrentes de pensamiento para luego poder ordenar la ideas. Lo resumiría en la sensación de asistir al ocaso de un mundo. Al comienzo de una larga decadencia. Desde los antivacunas a las “no go zones” de Europa. La modernidad, la racionalidad y el progreso retroceden. No sé darle un nombre ni darle una explicación coherente. Sólo queda observar como testigo impotente y darle orden en mi cabeza.