Saludad a vuestros nuevos amos

El 6 de mayo de 2010 el índice Dow Jones sufrió una caída de 998 puntos en apenas unos minutos. La mayor caída en términos absolutos registrada en un solo día. No había pasado nada especial aquel día. No se había publicado ninguna noticia económica alarmante, ni tampoco hubo ningún desastre de la naturaleza. Al parecer un empleado del Citi Bank se equivocó tecleando una orden. Pero nadie ordenó ninguna operación como respuesta. El desastre vino solo. Un torrente de operaciones se ejecutaron de forma automática porque muchas empresas tenían programas que lanzan operaciones cuando se dan ciertas condiciones. Wall Street se hundió solo mientras los operadores miraban las pantallas atónitos.

La noticia sirvió para sacar a a luz que en Wall Street muchas compañías emplean operaciones automáticas que se ejecutan de forman autónoma. Alguien se ha molestado en comprobar que cuando la carrera de la actriz de Hollyowood Anne Hathaway va bien, suben las acciones de la empresa Berkshire Hathaway posiblemente porque haya programas preparados para lanzar órdenes de compra cuando aumentan las noticias con la palabra «Hathaway». Así que aquel día de mayo de 2010 unas y otras operaciones saltaron como reacción a las otras en un bucle que se retroalimentó. Algo parecido a lo que sucedió con un libro sobre moscas, The Making of a Fly de Peter Lawrence, en Amazon.com

Dos librerías que venden libros de segunda mano a través de Amazon.com entraron en una carrera de precios delirante que llevó a que el libro costara millones de dólares. Cada una de ellas determinaba los precios automáticamente en función del precio ofrecido por otras librerías. Según en la página web de Amazon.com de cada librería se ajustaba de forma automática el precio del libro, la otra reaccionaba a la variación modificando el suyo. El 18 de abril de 2011 el libro alcanzó el precio de 23.698.655,93 dólares.

En la serie de películas Terminator era una Inteligencia Artificial llamada Skynet la que lanzaba una guerra de las máquinas contra la Humanidad. En el mundo real será una inocente instrucción «if… then…» la que acabe con el mundo en una cascada de operaciones financieras automáticas.

El merchandising oficial de la Revolución™

Recuerdo la gracia que me hizo ver que en la máquina recreativa Revolution X, protagonizada por Aerosmith en 1994, mientras no había nadie jugando y se ejecutaba la demo se anunciaban la camiseta y la gorra oficiales de la Revolución X que podías recibir por correo. En un mundo distópico donde un gobierno dictatorial llamado «New Order Nation», que representa a los intereses de las grandes corporaciones y le ha declarado la guerra a toda forma de cultura juvenil (música, TV, revistas y videojuegos), debes rebelarte contra el poder establecido. Pero no te olvides de pasar por caja y comprar el merchandising oficial.

Sonaba ridículo. La típica chorrada de los años 80 y 90, cuando éramos mucho más ingenuos. Ah, no. Espera.

Todo menos los libros

Cuando descubrí Internet allá por 1994 mis primeras búsquedas de información fueron sobre hackers, literatura ciberpunk y manga. Ahora muchas de aquellas cosas resultan añejas y propias de una época, como el concepto de «cibercultura» o mis lecturas de Derrick de Kerckhove y Mark Dery.

De aquellos tiempos recuerdo una entrevista a William Gibson de 1995 que milagrosamente ha sobrevivido en Internet en su formato original. Recordaba Gibson:

I was watching CNN during the riots of Los Angeles a couple of years ago and they were showing video footage of a mob looting a Radio Shack. Running out of the Radio Shack was hi-fis, video cameras and everything they could pick up. But the Radio Shack was right next to a Macintosh dealership which had powerbooks in the window. And it was untouched. So here these incredible valuable portable very, very powerful computers was sitting untouched behind an unbroken shop-window while the poor people steal Sony Walkmans.

Tras los recientes disturbios en Inglaterra, donde se produjeron saqueos en establecimientos comerciales, los portavoces de las cadenas de librerías Waterstone’s y W H Smith informaron que no tenían constancia de que alguno de sus establecimientos hubiera sufrido daños.