El sueño tecnológico que responde a una pregunta que nadie había hecho

Siempre que alguien quiere hacer un chiste a lo que poco que se parece el 2013 al que nos prometieron en aquellos reportajes sobre “el mundo del futuro” en la Muy Interesante o en alguna película de ciencia ficción, siempre surge la pregunta “¡¿dónde está mi coche volador!?”. Pues aquí está uno, el Terrafugia TG-X.

Viéndolo volar sólo se me ocurre una pregunta, ¿qué utilidad tiene un avión que pliega las alas y se conduce como un coche por carretera? Siempre será un mal coche y un avión limitado.

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Miniordenadores Android

En el comienzo, los ordenadores de 8 bits eran unos cacharros que enchufabas a la televisión, como las consolas de videojuegos. Fue el PC el que trajo la necesidad de comprar un monitor (los primeros eran monocromos de fósforo verde, ámbar o blanco). Luego llegamos al True Color de 24 bits y durante un tiempo los monitores estuvieron muy por delante de las 625 líneas del sistema PAL. Hasta que llegaron los televisions HD. Así que a alguien se le ha ocurrido encapsular un pequeño ordenador Android que se pueda enchufar en la tele vía el puerto HDMI. Cachivaches como el Rikomagic MK 802 II o el Miniand MK803, que cuenta con 1 GB de memoria RAM y 4 GB. de memoria flash. O el S21H, un mini ordenador Android con 2GB de RAM y 8Gb. de memoria flash. El fabricante de este último prepara un modelo con Ubuntu.

Los netbooks y nosotros que los queríamos tanto

Asus EEE PC

El primer miniportátil que vi en acción lo tenía Rosa Jiménez Cano, a la que alguien se lo había traido de Taiwán. O algo así, porque el pequeñajo Asus EEE PC de pantalla de 7 pulgadas tenía pegatinas con ideogramas chinos. Luego tuve oportunidad de toquetearlos en un Mediamarkt y me pareció de juguete. Así que opté por un Acer Aspire One con pantalla de 8,9 pulgadas y disco duro SSD. El disco duro terminó cayendo fulminado. Como le sucedió al de mi siguiente miniportátil, un Asus S101 de pantalla de 10 pulgadas.

Los miniportátiles abrieron una revolución. Pequeños ordenadores más pequeños que una libreta DIN A4 y que no estorbaban en la mochila. Se hacía a veces exhasperante trabajar con ellos, pero volver a pagar más de mil euros por un portátil se volvió ridículo. Así que no entiendo la obsesión con “matarlos”. Tiene gracia que en Xataka digan que los tabletos ofrezcan “una experiencia de usuario más satisfactoria que con el netbook y con incluso mejores prestaciones”. Salvo por un problema. “Excepto por el teclado”. ¿Excepto por el teclado? ¿Ese pequeño adminículo accesorio y sin importancia? ¡Pero qué cojones creen que se puede hacer con un cacharro que no permite introducir texto de una forma sencilla! Ah, sí. Ver vídeos de gatitos, revisar el correo (no contestarlo), ver películas, leer noticias, leer lo que otros escriben en Twitter y retuitear (pero no escribir nada original)…

El mercado cambió y los periodistas no se han enterado. Empezaron a comercializarse portátiles con pantalla de 15 pulgadas por menos de 400 euros. Así que todo aquel que quería tecnología a bajo precio lo tuvo. Mi padre se llevó uno a casa aprovechando una oferta por 300 euros. Y quienes necesitábamos miniportátiles encontramos un nuevo nicho. Los portátiles con pantalla de 11 pulgadas y 4Gb de memoria, apenas más grandes que los minportátiles y procesador económico. Por alrededor de 350 tienes ordenadores como el Acer Aspire One 775 y el Asus 1225. A ver cuánto nos duran.

Tenemos Ubuntu para móviles. Nos falta el hardware

Allá por diciembre de 2011 traté de convertirme en gurú de lo tecnológico señalando que un camino pendiente de ser cubierto era el de los teléfonos móviles con tecnología abierta. Primero fue el lanzamiento de un Android totalmente libre. Y ahora la gran noticia es Ubuntu para móviles.

Ya tuvo que salir el cascarrabias. No se lo tengan en cuenta. Cosas de haber escrito un libro titulado La Sociedad de Control (que si lo compran en agapea.com les hacen una oferta para que se lo lleven con descuento junto a 50 sombras de Gray). Tenemos el Neo FreeRunner. Y gracias. Falta mucho todavía.