El otro día José Alcántara escribió sobre Carrier IQ, el software instalado en móviles que recopila información del usuario sin lo que sepa. La conversación en los comentarios derivó hacia el «hardware libre», si es que se puede hablar de algo así. Aunque ahí están los portátiles Yeelong con BIOS y drivers libres del fabricante chino Lemote conocidos por ser usados por Richard Stallman.
Mientras que en los PC el debate sobre el software libre está bastante maduro, la telefonía móvil se ha convertido en la próxima frontera de la privacidad. La tecnología en sí misma impide el anonimato porque el terminal está en contacto con estaciones repetidoras por lo que las empresas de telefonía pueden trazar la ubicación de un usuario. Pero la conversión del teléfono móvil en un miniordenador tiene que llevar a la incorporación de sistemas operativos libres. Curiosamente la lista de móviles con Linux en Linux For Devices acaba en 2009 y sus últimas noticias en la página de entrada se refieren a tabletos y Android.
¿Hay suficiente demanda de usuarios conscientes? Sospecho que pasará como con los miniportátiles. Se convertirán en un producto minoritario, pero al fin y al cabo el mercado encontrará su camino con productos como el Hercules eCAFÉ. El proyecto OpenMoko (vaya nombre) trabaja en la modernización del móvil Neo FreeRunner, lanzado en 2008, tratando de producir su propia placa base que aprovecha la carcasa, pantalla y batería.
Lo interesante es que vamos hacia una polarización de Internet y el mercado tecnológico. Por un lado un vasto número de usuarios indiferente a la privacidad, el anonimato y encantados de la vida de que empresas privadas amasen una cantidad ingente de datos personales porque sus servicios están rodeados de un halo de modernidad cool. Y por otro lado todo un mundo de hardware y software libre. De aquí a cinco años van a pasar cosas interesantes.

El primer PC que entró en casa fue una compra colectiva. Mi padre, mi hermana y yo pusimos dinero para comprar aquel tótem tecnológico: Un Philips 286 con disco duro de 20 megas. Muchos años más tarde, en la universidad, iba cargando libretas en las que tomaba notas de los libros que consultaba. Echaba de menos un portátil pero aunque sus precios iban en declive eran una clase de ordenador que habían llegado a costar un millón de pesetas. Entonces llegó Asus con su portátil EEE de 7 pulgadas y puso el mercado patas arriba. Por fin se ofrecía en el mercado un portátil barato, ligero, pequeño y con un disco duro no mecánico que permitía darle tumbos. El concepto fue imitado por toda clase de fabricantes. Las bibliotecas universitarias se llenaron de portátiles y llevarse el portátil de vacaciones para ver películas en el avión o en el destino se convirtió en lo más normal del mundo.