En la era de los ordenadores de 8 bits todo consistía en avanzar de un lado de la pantalla al otro siempre a la derecha.
Categoría: Tecnología
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Viviremos entre cyborgs
Cada año que pasa aquellas cosas que leíamos en la literatura ciberpunk se hacen realidad. Sólo que no nos sorprenden. Los cambios son graduales y las cosas aparecen de una forma que nos resultan cotidianas.
Claire Lomas, paralizada tras un accidente de hípica, empleó su exoesqueleto para prender la llama de los Juegos Paralímpicos en Trafalgar Square.
Emma, una niña de dos años diagnosticada de Artrogriposis, se vale por sí misma gracias a un exoesqueleto de plástico ligero fabricado en una impresora 3D.
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Ni a Asus ni a Acer les interesan ya los miniportátiles
Intel se ha encontrado con problemas para colocar en el mercado sus microprocesadores Atom, específicos para miniportátiles. La razón es que ambos fabricantes, grandes vendedores de miniportátiles ya no están interesados. Recuerdo bromear con mi madre cuando al ver en una tienda un modelo de eMachines por 180 euros le dije que me convendría comprarlo para guardarlo en casa por si algún día los fabricantes dejaban de producir miniportátiles. Hubiera acertado. Pero hay alternativas. Acer ofrece por menos de 350 euros un miniportátil con pantalla de 11,6″ y 4Gb. de RAM que mantiene el tamaño compacto y supera las limitaciones de rendimiento que los usuarios intensivos sufríamos. Queda una esperanza.
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La rebelión de las máquinas
En la mañana del 1 de agosto los ordenadores de Knight Capital Group empezaron a lanzar operaciones bursátiles de forma desquiciada. La empresa perdió 400 millones de dólares en sólo 45 minutos y al final del día su valor en bolsa había caído un catastrófico 63%. La explicación oficial es que ese día la empresa estrenaba un nuevo software. La instalación, ya vemos, salió mal.
Ya lo conté por aquí hace tiempo. Muchas empresas que negocian en bolsa usan algoritmos para lanzar operaciones en cuestión de una fracción de segundo eliminando a los humanos de la toma de decisiones. Pero a veces se produce una reacción encadenada de algoritmos que entran en un círculo vicioso y provocan descalabros como el sucedido al Dow Jones el 6 de mayo de 2010. Perdió 988 puntos en apenas unos minutos.

Roger Senserrich no deja de admirar «lo cyberpunk de todo este tema» pero remite a la alarma dada por Felix Salmon. Este tipo de operaciones son cada vez más abundantes en los mercados bursátiles, como muestra el gráfico animado. Tenemos así ya nuestro propio escenario de pesadilla postapocalíptico. Los shocks del petróleo de 1973 y 1979 junto con la Segunda Guerra Fría provocada por Ronald Reagan nos llevó a Mad Max. El 11-S y la sensación de que el mundo no volvería a ser el mismo porque el peligro nos acechaba en nuestras propias ciudades nos llevó a la avalancha de películas de zombies, Jericho y Falling Skies. La generación de la crisis de las subprime y la prima de riesgo ya tiene su propia fantasía postapocalíptica. Skynet no será un ordenador militar, sino el sistema automatizado de una firma bursátil.
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Whatsapp tiene truco
Conté no hace mucho que alguien me mostró su sorpresa por haberle mandado un SMS. Ya nadie los usa, me informó. Resulta que el «Doble Check es dios».
Josep Berruezo se ha molestado en leer la licencia de usuario final de Whatsapp y en indagar un poco en su teléfono descubriendo que la aplicación es un colosal agujero de la privacidad del usuario.
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Llámame troglodita
Una vez le regalé una cuaderno grande y grueso a una amiga para que lo empleara de diario. Se sintió abrumada por la idea de tener que escribir en él todos los días. Le dije que para mí, a pesar del nombre, un diario es un cuaderno en el que escribes cuando te apetece para poner tus pensamientos en orden, registrar lo que vives o simplemente desahogarte. Es un instrumento que usas cuando te apeteces y lo necesitas.
He mantenido una relación siempre contradictoria con la tecnología. Por un lado visito a diario varios sitios de Internet sobre tecnología y me sé el nombre y características de productos que no compraría aunque tuviera dinero de sobra, pendiente siempre de las últimas novedades. Por otro lado de forma periódica me embarga la sensación de pertenecer a una sociedad de consumo que pretende convertirnos en hamster corriendo en una rueda sin fin.
Llevo meses recibiendo la recomendación de que abra una cuenta en Twitter, algo que por lo visto ampliará mis horizontes profesionales, dará repercusión hasta límites insospechado a mis ideas, cura el mal aliento y previene el pie de atleta. He vivido situaciones chocantes. Como aquel amigo con quien no quedé porque me dio los detalles de última hora del encuentro en un email, cuando yo tengo un Nokia 1616 que compré de oferta por 9 euros. O aquella otra persona que se sorprendió por el SMS que le mandé. «Ya nadie los usa hoy».
Me siento cada vez más tentado de mantenerme alejado de casi todo y volver a una vida lenta. Un refusenik de la tecnología.
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Ordenadores pa’l pueblo
El País anuncia hoy el lanzamiento del Rapsberry Pi, el ordenador de 25 dólares que estará disponible por fin el 20 de febrero.
¿Alguien se acuerda de que fue el proyecto One Laptop Per Child el que puso la imaginación de todos a volar con ordenadores low-cost que llevaron a los miniportátiles? Yo sigo siendo optimista. Creo que siempre habrá un mercado suficiente para productos diferentes que den más control a sus usuarios. Incluso en tiempos de tabletización, Asus presentó hace poco su última gama de miniportátiles. Y espero que algún día los móviles se convertirán en la próxima frontera a a cruzar.
Quizás sea hora de desempolvar «En el principio fue la línea de comandos».
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Arqueología futura
Conservo arriconado mi Pentium a 120 MHz. y 16 megas de RAM con Windows 95 (300.000 pesetas, comprado en diciembre de 1995). También mi AMD K7 que costó con su pantalla de 17 pulgadas unas 180.000 pesetas en el verano de 2001. También mi cámara réflex analógica autofocus Pentax MZ-50 (45.000 pesetas, comprada en el otoño de 2002).
El Pentium y la Pentax aún funcionan, pero quedaron arrinconados tras la llegada de los cacharros que los sustituyeron. Al menos la Olympus Camedia C150 de 2 megapíxeles y el Sony Dicsman tuvieron una segunda vida en manos de mi hermana cuando me hice con la Casio Exilim Pro 505 (360 euros, comprada en otoño de 2005) y el Creative Muvo C100 (50 euros, comprado en otoño de 2005).
Dice Derrick de Kerckhove en «La piel de la Cultura» (págs. 30-31):
Por otro lado, cuando las tecnologías de consumo finalmente se introducen en nuestras vidas, pueden generar una especie de fetichismo obsesivo en sus usuarios, algo que McLuhan llamó una vez la narcosis de Narciso. En verdad, parecemos desear que nuestras máquinas personales, ya sean un automóvil o un ordenador, estén dotadas de poderes que vayan más allá del uso que nosotros hacemos de ellas. […] Donde otros observadores de los fenómenos culturales habían apelado a las fuerzas de la mercadotecnia, McLuhan vio en este fenómeno un patrón puramente psicológico de identificación narcisista con el poder de nuestros juguetes. Considero esto como una prueba de que estamos realmente convirtiéndonos en cyborgs, y que, así como cada tecnología extiende una de nuestras facultades y transciende nuestras limitaciones físicas, tendemos a adquirir las mejores extensiones de nuestro propio cuerpo. Cuando compramos nuestro equipo de vídeo doméstico, queremos que tenga las mejoras funciones de edición posibles, no porque vayamos a usarlas jamás, sino porque nos sentiríamos minusválidos e inadecuados sin ellas.
Yo me he movido siempre entre la fascinación tecnofetichista de consultar todos los días páginas web de tecnología y la desazón de sentirme un roedor moviendo una rueda que no puede parar. Pienso en las cantidades de dinero que gastamos y que en pocos años terminan acumulando polvo o en la basura. El monitor CRT de 17 pulgadas que compré con el ordenador AMD K7 terminó la semana pasada en un «punto limpio» a pesar de funcionar perfectamente. Era un trasto enorme que ya no iba a encontrar en su sitio en una era de pantallas planas.
¿Realmente amortizamos la tecnología que consumimos de forma personal? Desde que aparecieron los miniportátiles he comprado dos siempre por debajo de los 300 euros aprovechando ofertas. Y de la misma forma que hace ya mucho tiempo que sólo compro ropa y calzado en las rebajas de verano e invierno, no compro tecnología que no esté de rebajas y que sea cara. Creo que no merece la pena gastar grandes cantidades en algo que va estar condenado irremediablemente a acumular polvo. He decidido ir desprendiéndome de mi fascinación tecnológica.
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Portátiles con Linux
El mercado ha cambiado mucho desde que Asus lanzó su EEE PC con pantalla de 7 pulgadas en 2007 al actual momento en que los fabricantes quieren potenciar la venta de tabletos y ultraportátiles de gama alta. Por el camino hemos perdido algo. Ahora hay menos opciones en sistemas operativos y tipos de discos duros. Han desaparecido los miniportátiles con alguna variante de Linux preinstalada y discos duros de estado sólido (SSD). Toca buscar alternativas.
En España tenemos al Hercules eCAFÉ con arquitectura ARM con 512Mb. de RAM y disco duro SSD de 8Gb.
Las opciones fuera se abren. Vía el blog «Parada del 2» he descubierto la empresa estadounidense Ohava que ofrece por 350 dólares su OpenBook con Ubutu preinstalado en un portátil de arquitectura Intel Atom, pantalla de 11,6 pulgadas, 2 Gb. de RAM, batería de 6 celdas y disco duro SATA de 320Gb.
En los comentarios donde lo cuenta Makintus nos pone en la pista del importador holandés de los portátiles chinos Lemote, con BIOS y drivers de software libre pero sobre todo conocidos por ser «el portátil de Richard Stallman».
Resulta curioso que algo que fue mayoritario en sus inicios se haya convertido en un estrecho nicho de mercado para sibaritas tecnológicos.
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El futuro de los móviles ha de ser libre
El otro día José Alcántara escribió sobre Carrier IQ, el software instalado en móviles que recopila información del usuario sin lo que sepa. La conversación en los comentarios derivó hacia el «hardware libre», si es que se puede hablar de algo así. Aunque ahí están los portátiles Yeelong con BIOS y drivers libres del fabricante chino Lemote conocidos por ser usados por Richard Stallman.
Mientras que en los PC el debate sobre el software libre está bastante maduro, la telefonía móvil se ha convertido en la próxima frontera de la privacidad. La tecnología en sí misma impide el anonimato porque el terminal está en contacto con estaciones repetidoras por lo que las empresas de telefonía pueden trazar la ubicación de un usuario. Pero la conversión del teléfono móvil en un miniordenador tiene que llevar a la incorporación de sistemas operativos libres. Curiosamente la lista de móviles con Linux en Linux For Devices acaba en 2009 y sus últimas noticias en la página de entrada se refieren a tabletos y Android.
¿Hay suficiente demanda de usuarios conscientes? Sospecho que pasará como con los miniportátiles. Se convertirán en un producto minoritario, pero al fin y al cabo el mercado encontrará su camino con productos como el Hercules eCAFÉ. El proyecto OpenMoko (vaya nombre) trabaja en la modernización del móvil Neo FreeRunner, lanzado en 2008, tratando de producir su propia placa base que aprovecha la carcasa, pantalla y batería.
Lo interesante es que vamos hacia una polarización de Internet y el mercado tecnológico. Por un lado un vasto número de usuarios indiferente a la privacidad, el anonimato y encantados de la vida de que empresas privadas amasen una cantidad ingente de datos personales porque sus servicios están rodeados de un halo de modernidad cool. Y por otro lado todo un mundo de hardware y software libre. De aquí a cinco años van a pasar cosas interesantes.
