Autor: Lobo Estepario

  • Viajar por un mundo plano

    Quizás Europa haya dejado de tener en España esa resonancia mítica que tuvo en su momento. Las líneas aéreas low-cost popularizaron en tiempos con el barril de crudo más barato que ahora las escapadas de fin de semana a Londres o París y los viajes para visitar a ese conocido que estaba pasando una temporada trabajando en Irlanda o cursando un semestre como estudiante Erasmus en Italia.

    Pero hace diez años, antes del euro y de las aerolíneas low-cost, Europa era una tierra mítica a la que los españolitos de a pie llegábamos con ojos asombrados y un billete Interrail. E inevitablemente topábamos con el ejército de mochileros anglosajones que todos los veranos desembarca en Europa. La historia solía ser normalmente la misma: Tras cruzar el ecuador de la carrera o tras licenciarse, pero siempre antes de incorporarse a la vida adulta, estadounidenses, canadienses y australianos empleaban meses para recorrer Europa de una punta a otra en una nueva edición del Grand Tour.

    Sé recitar de memoria la lista de países que he visitado, y ya son unos cuantos. Pero lo que no sabría decir es en qué momento empecé a sentir esa sensación de estar una y otra vez en el mismo sitio al entrar por la puerta de los albergues juveniles (“hostels”). Sea en Bruselas, Cracovia o Estambul uno se encuentra siempre el mismo panorama: El inglés no ya usado como lingua franca sino como idioma oficial. Un salón con un enorme aparato de televisión sintonizado en la MTV y una pila de DVD de películas con los éxitos comerciales del último año. Como fauna un grupo de estadounidenses, australianos y canadienses hablando de lo barato que es bucear en los arrecifes de coral en Tailandia, los maravillosos paisajes que se contemplan en la ruta de los Annapurna y qué duro es el síndrome del mal de altura en Bolivia. A la conversación se une un puñado de escandinavos, alemanes y holandeses que hablan en perfecto acento de Nueva Inglaterra, producto del tiempo pasado en un college. Y sin importar el país o la ciudad la conversación deriva en dónde beber alcohol barato y poder ver por satélite en pantalla grande los partidos de la Premier League o la NFL.

    La única alternativa parece mejorar tu inglés y abrazar ese mundo anglosajón sabiendo que siempre serás ciudadano de una provincia periférica del Imperio. Pero hay algo más que la resistencia a viajar por el mundo para que sin importar donde vaya siempre encuentre ese microcosmos anglosajón. Es una cierta intuición de que si el idioma no es más que en el fondo una tecnología de comunicación el monopolio cultural no puede ser nada bueno.

  • Otra vez África

    El otro día hablé de África y al poco tiempo me encontré una noticia en Menéame que ahonda en las ideas que yo esbocé. Sobra decir el tono de los comentarios allí.

    Magatte Wade es una empresaria de Senegal de la que BBC habló recientemente.

    En una entrevista, donde menciona los problemas burocráticos y las trabas para montar una empresa en África, contaba de las ONGs:

    Con frecuencia, éstas pagan a jóvenes incompetentes, pero idealistas, de países desarrollados para decir a nuestra gente lo que tiene que hacer. Consiste más en hacer que los donantes y jóvenes idealistas se sientan bien con ellos mismos que en beneficiar a nuestros países y a nuestra población.

    Y añadía:

    En un momento dado calculé que había alrededor de 500.000 cooperantes en África. Si tuviéramos 500.000 empresarios, cada uno con los 100.000 dólares de capital que, probablemente, absorban anualmente cada uno de los cooperantes, estaríamos mucho mejor.

    En el mismo artículo se entrevista a Michael Strong, directivo de una ONG dedicada a impulsar el «emprendedurismo y capitalismo consciente» y vinculado a la iniciativa de «charter cities» en Centroamérica, un concepto que conocí aquí al lado y que ya veo que se enfrenta a resistencias locales.

  • El mercado de la fotografía

    Sospecho que si dedicara tanto tiempo a leer sobre técnica fotográfica como el que dedico a leer sobre tecnología fotográfica sería desde luego mucho mejor fotógrafo. Y mejor no hablamos de si dedicara ese tiempo a hacer fotos… Creo que el asunto tiene que ver con un prejuicio en el que caen todos los aficionados novatos a la fotografía: Si tuviera una cámara mejor haría mejores fotos. Así pasamos tanto tiempo leyendo sobre cámaras y objetivos con esa idea de «si mañana me tocara la lotería…». La realidad es que el mundo de la fotografía anda bastante revuelto en uno de esos momentos de transición tecnológica.

    La fotografía dio el salto al mundo digital con dos líneas de producto totalmente diferenciadas. Las réflex digitales y las compactas. El salto tecnológico en las cámaras réflex se pareció a la aparición de los primeros coches con motor de explosión. El Benz Victoria no se diferenciaba mucho de un coche de caballos al que le han acoplado un motor. De esa misma manera, las réflex se hicieron digitales llenando con circuitería el espacio que antes ocupaba el carrete.

    Nikon F100
    Nikon F100

    Nikon D700
    Nikon D700

    Así, si uno compara una Nikon F100 analógica de 1999 con una Nikon D700 digital de 2010 tendría que darles la vuelta para encontrarse con la pantalla digital que ocupa la parte de atrás de la segunda y encontrar una diferencia notable de diseño. Las compactas, las «cámara de bolsillo», en cambio evolucionarion de las diferentes variantes del «cacho de plástico con ojos» a unos pocos tipos estandarizados: Las «bolsilleras», «viajeras», «bridge», «avanzadas» y «sumergibles a pruebas de golpes».

    La diferencia fundamental entre unas y otras es que las réflex digitales cuentan con un sensor de mucho mayor tamaño y que sus ópticas son intercambiables. El mercado de las primeras ha estado coronado por Nikon y Canon, uno de esas rivalidades que provoca debates eternos en Internet. Por debajo, varias marcas han competido, usando como baza una buena relación calidad/precio o tecnologías innovadoras, como es el caso de Pentax o Olympus. Sony a última hora tras comprar Minolta. Kodak, Fuji, Panasonic y Samsung hicieron por su parte alguna incursión en el mercado de las réflex digitales con más o menos fortuna.

    En agosto de 2008 Panasonic y Olympus lanzaron un nuevo tipo de cámara. Disponía de ópticas intercambiables como una réflex pero internamente prescindía de los mecanismos de espejo y prismas, que eran un legado de la era analógica, para dar el salto a un sistema completamente electrónico. El nuevo formato, Micro Cuatro Tercios, tiene un sensor más pequeño que las cámaras réflex así que ofrece algo menos de calidad en mucho menos peso y volumen. Olympus y Pansonic se han dedicado a lanzar desde entonces un montón de cámaras iterando los mismos diseños (Panasonic G1, G2, G3, G10, GH1, GH2, G1, GF2, GF3, GX1; Olympus EP-1, EP-2, EP-, EPL-1, ELP-2, EPL-3 EP-M1).

    Las cámaras sin espejo se convirtieron en ese producto que obligaba a todas las marcas a posicionarse. Al principio los responsables de comunicación del resto de marcas dijeron orgullosos que sus clientes jamás renunciarían a la calidad que proporcionaba una réflex para adoptar una estándar de calidad inferor. Eso era verdad para los fotógrafos profesionales, pero para los aficionados que cargamos la cámara para hacer fotografía de viajes y/o naturaleza el ahorro de peso y espacio es una bendición. Luego los fabricantes dijeron que estaban observando la evolución del mercado y por último todos han tenido que actuar.

    Samsung, que había en el pasado comercializado cámaras Pentax bajo su propia marca, lanzó su estándar de cámara sin espejo que no parece esté teniendo gran impacto. Ricoch, que fabricaba compactas de calidad y diseño minimalista, sacó un sistema modular. El usuario conserva un módulo principal con la pantalla e inserta otro con el sensor y la óptica. Por un lado tiene la ventaja de que el sistema permite conserva la tecnología que menos cambia, la pantalla, para actualizar aquel en el que hay más evolución, el sensor. Pero eso significa también que en cada módulo nuevo se está pagando un sensor y una óptica. El resultado es un sistema caro que tampoco ha tenido mucho éxito comercial.

    Pentax y Nikon lanzaron sus sistemas de cámaras sin espejo. Pero ambos optaron extrañamente por ponerle un sensor pequeño, más propio de una compacta, creando algo que nunca nadie había pedido: Una compacta cara de ópticas intercambiables. El sistema de Nikon parece ser el de más éxito de los dos por una cuestión de marca.

    Sony entró más tarde, al igual que hizo en el mercado de las réflex, pero usando todo el peso de su marca y su capacidad comercial. Y además incluyó en su gama una cámara sin espejo de gama alta, algo que faltaba en los escaparates de los otros fabricantes orientados al mercado aficionado.

    Fuji X100
    Fuji X100 (foto: Quesabesde.com)

    Los dos últimos en tomar posición han sido Fuji y Canon. Fuji comercializó hace años cámaras réflex Nikon de gama alta con su propia marca pero descubrió recientemente un gran filón con la X100, una cámara con sensor de cámara réflex y óptica fija en un cuerpo pequeño de estilo retro. Es una tema del que merece la pena hablar otro día porque me interesa mucho la nostalgia como producto y el diseño como valor añadido. Resulta curioso cómo a estas alturas de la evolución de la fotografía digital los diseños «retro» son capaces de tocar la fibra sensible de los consumidores.

    Tras la X100, Fuji introdujo una cámara de diseño externo parecida pero con un sensor de compacta avanzada, la X10. Y por último ha lanzado su propio sistema sin espejo con un modelo, la X-Pro 1, que se coloca en prestaciones por delante de cualquier otra cámara del sector.

    Canon, por su parte, fue de las marcas que se mostraron más reacias a los sistemas sin espejo y recientemente ha jugado sus cartas. Ha tomado el diseño de la serie G, sus compactas de gama alta, para introducirle un sensor grande pero sin llegar al de una cámara réflex para situarse por encima de las cámaras sin espejo en calidad con su Canon G1 X.

    Al final, lo que ha estado sucediendo es que cada fabricante ha sacado un estándar sin espejo no necesariamente compatible hacia atrás con su propio formato réflex. En este tipo de situaciones con muchos estándares algunas compañías terminarán pegándosela porque el mercado no aguanta tanto estándares. El primer caso de apuros es Pentax. Fue comprada por Hoya, conocida por ser fabricante de filtros. Al poco tiempo Hoya anunció que se quedaba con la parte de sistemas ópticos para medicina de Pentax y vendió la línea de negocio de fotografía a Ricoh. La empresa resultante tiene ahora dos líneas de negocio, el modular de Ricoh y el sin espejo de Pentax, que no parecen despegar y podrían verse acompañados en un futuro por un sistema sin espejo nuevo de Pentax. Olympus que ha sido una marca innovadora resultó haber estado haciendo ingeniería contable y despidió a su CEO occidental que descubrió la mierda bajo la alfombra. Como en el caso de Pentax la división de equipos de laboratorio médico es la que da beneficios y la división de fotografía es el agujero negro. La empresa se ha desplomado en la bolsa y se habla de un comprador. Se habló de Panasonic, socio en el formato Micro Cuatro Tercios, para luego hablar de Samsung, cuya aventura en el sector no despega. Por el camino quedaron abadonados los usuarios del formato réflex de Olympus que desde que apareció el Micro Cuatro Tercios no ha tenido nuevos desarrollos.

    El único consejo posible es «wait and see».

  • Superar el Romanticismo

    Jóvenes artistas, hedonistas y vitales que viven intensamente cada minuto como si no hubiera un mañana, sin reparar en las normas y convenciones de una sociedad en rápida mutación pero lastrada por una moral hipócrita y bienpensante. Alcohol, consumo de drogas, sexo prohibido…

    Leía sobre la Factory de Andy Warhol y pensé que ese estilo de vida podría describir perfectamente los valores de ciertos ambientes actuales. Entonces caí en la cuenta de que hablamos de algo que estaba teniendo lugar hace cincuenta años.

    Pero ni siquiera Warhol pudo pretender ser original. Baudelaire, Artaud, Rimbaud… pretendían ya en su momento lo mismo. Dos siglos después tenemos desde a postadolescentes universitarios hasta estrellas del rock dando el coñazo con las mismas poses pretendidamente transgresoras. ¿No es hora de pasar página?

  • Desertores

    Aportaba Bianka Hajdu en un comentario el dato de que «la tasa de empleo en EE.UU. descendió del 65% al 58% desde 1995 hasta ahora mientras el PIB, los beneficios y las inversiones crecieron en el mismo período. Y se preguntaba «¿quién sabe qué hace toda esa gente fuera de ese 58%? Habrá muchas historias tristes pero también sabemos que las cosas nuevas pasan en los márgenes…»

    En marzo de 2010 Reihan Salam comentaba para la revista Time las cifras de abandono escolar en la secundaria y la tasa de egresados de universidades en Estados Unidos. Las estadísticas dicen que entre las personas que no terminan la educación secundaria ha descendido el número de quienes entran en el mercado laboral. Salam se preguntaba, como Bianka, qué hace todo esa gente. «What if the millions of so-called dropouts are onto something?». Quizás en tiempos de crisis estemos ante nuevas formas de empleo, organización y convivencia. En alguna parte leí cómo el compartir piso entre treintañeros se había convertido en algo novedoso en Estados Unidos. No se trataba sólo de ahorrar en alquiler. Sino una forma de compartir gastos y compartir proyectos.

    Salam vislumbra «a new underground economy, a largely untaxed archipelago of communes, co-ops, and kibbutzim that passively resist the power of the granny state while building their own little utopias».

  • Sólo el mercado salvará África

    Sir Stelios Haji-Ioannou, fundador de EasyJet, se ha asociado con Rubicon Diversified Investments (RUBI) para el lanzamiento de Fastjet, una nueva línea área de bajo coste en África.

    África Occidental tiene fama de ser un lugar peligroso para la aviación civil por la falta de infraestructuras y el nivel de mantenimiento de la flota. Pero Fastjet, más que añadir estándares europeos de servicio, sería precursora en África de la fórmula de las aerolíneas de bajo coste. Costes reducidos en el transporte ayudarán al turismo, los negocios y el comercio. Y seguirían la línea de otros servicios básicos con un impacto enorme en las economías locales como la telefonía móvil que podría tenerlo también en el activismo y la política.

  • Vingt-Quatre Heures

    «Salvar el mundo es tan… burgués».

    Smooth Originals. El cine francés de los años 60 que Hollywood copió.

  • ¡Mata al mensajero!

    Hace poco, el humorista Louis C. K. gastó 250.000 dólares en montar una página web para comercializar la grabación de uno de sus shows a 5 dólares y sin DRM. Hasta el momento cobraba una miseria por los DVD que las cadenas de televisión editaban de sus especáculos. Con su propia página web sólo en los primeros días ganó cerca de un millón de dólares.

    Lucía Extebarría, una de esas escritoras que marcó una época y ahora anda en horas bajas por cosas de la industria editorial, anunció hace poco que dejaría de escribir novelas por culpa de la «piratería». Obviando el chiste fácil al tratarse de una autora a la que se le han descubierto plagios, nos encontramos con otro caso de cavernícola tecnológico que se ha quedado fuera de juego con el cambio de modelo de negocio. Las reglas están cambiando.