• Masamune se perdió por el camino

    Descubrí el manga a principios de los años 90 con Akira de Kastuhiro Otomo en aquella colección por entregas de Dragon-Glénat. Sólo más tarde descubrí por que Otomo dibujaba las manchas de sangre tan oscuras y por qué en Japón todo el mundo era zurdo. La edición europea estaba coloreada e invertida respecto a la original japonesa. Al poco tiempo me enganché a Ghost in the Shell de Masamune Shirow. Llegué a comprar un par de tomos originales en japoneś. Y desde entonces cuelga en mi pared una reproducción de la siguiente imagen en formato 100x70cm.

    No tengo ningún rubor en confensar, tampoco lo tenía entonces, que sólo entendía elementos de la trama en los resúmenes de lo acontecido que aparecía en cada entrega. Lo achaqué entonces a fallos en la traducción. Pude comprobar con la versión estadounidense y española de alguna historia de Masamune Shirow delante que la traducción al español era pésima. Pero no fui yo el único que se quejaba. En algún fanzine llegué a leer críticas en el que se le achacaba que era un estupendo dibujante de pin-ups y un pésimo guionista. A mí me atraía la temática ciberpunk de sus historias, lo cuidado de la ambientación, la minuciocidad con la que diseñaba vehículos y armas futuristas… Pero no había que negar que dibujaba unas chicas estupendas. Era un virtuosos de la ilustración en color. Pasaron los años y aparecieron uno tras otros libros de ilustraciones, carpetas con póster y calendarios. Diseñó personajes de videojuegos. Se hicieron largometrajes y series de anime de Ghost in the Shell. Salieron más libros de ilustraciones, con imágenes aún más subidas de tono. Pero de la continuación de sus manga nunca más se supo.

    Masamune Shirow es un pseudónimo. No se sabía su nombre y no existían fotos públicas de su cara. Era un personaje misterioso que trabajaba solo, al contrario que las estrellas del manga que lo hacen rodeados de becarios. El misterio también se desvaneció. Se supo su nombre (Ota Masanori). Apareció su foto. Y hoy acabo de descubrir que tiene página web. En el apartado de obras veo que en los últimos diez años sólo ha publicado recopilaciones de dibujos en toda clase de formatos (incluso) aplicaciones para iPhone y se han reeditado algunas de sus obras. Es decir, Masamune Shirow dejó hace años de ser dibujante de manga para ser un mero ilustrador.

  • Flor de Escocia

    Hace ya muchos años, viendo los momentos previos a un partido de rugby entre Escocia e Inglaterra, me llamó la atención la letra del himno que cantaba a pleno pulmón el público escocés y tradujo el comentarista de televisión.

    And stood against him,
    Proud Edward’s Army,
    And sent him homeward,
    To think again.

    Fue algo que olvidé. Y no fue hasta hace poco que leí que Escocia no tenía himno oficial. En las competiciones deportivas oficiales se solía interpretar «God Save The Queen» pero ante las pitadas del público se decidió en 1990 interpretar una versión más solemne de la canción «Flower of Scotland». ¿Flor de Escocia? «Menuda cursilería», pensé. La imaginé como el típico himno que habla de verdes valles y tierras fecundas. Pero al mirar la letra resulta que no. Era ese himno que menciona cómo los escoceses mandaron a casa al ejército del orgulloso Eduardo (el «malo» de Braveheart) para que se lo pensara de nuevo tras la batalla Bannockburn y que aquella vez, hace tantos años, el locutor de La 2 de RTVE tradujo.

    Lo divertido viene cuando hace muy poco compartí el vídeo con unos colegas y uno de ellos se quejó de lo que considera «la falta de tradiciones culturales en España» y «la ausencia de una cultura popular que no esté subvencionada». Y entonces tuve que desvelarle que «Flower of Scotland» es una canción presentada por el grupo folk «The Corries» en ¡1967!. Las tradiciones siempre tienen fecha de creación.

    La canción fue interpretada por primera vez como himno nacional en un partido del trofeo Cinco Naciones. Escocia se enfrentaba a la gran favorita, Inglaterra («the auld enemy»), en el estadio de Murrayfield de Edimburgo el 17 de marzo de 1990. Primero saltó al campo la selección inglesa a la carrera. Mientras sus jugadores calentaban y se hacían fotos aparecieron los escoceses caminando, encabezados por el paso lento y solemne del capitán David Sole que electrizó el ambiente. Sonó «Flower Of Scotland». Los ingleses empezaron anotando y perdieron la oportunidad de alejarse en el marcador. Los escoceses consiguieron remontar y todo el partido fue una batalla de proporciones épicas con los ingleses en la línea escocesa de los 22 metros pero sin conseguir pasar. Podríamos elegir mil metáforas militares para describir aquello.

    Escocia ganó el partido y por tercera vez en su historia ganó un Grand Slam. Desde entonces «Rose Of Scotland» se convirtió en himno oficioso de las selecciones deportivas de Escocia. Cuando la selección de rugby juega en casa suele ser habitual que Ronnie Browne, uno de los miembros originales de «The Corries», la cante al principio del partido a pesar de que está retirado como cantante. Su costumbre de intercalar el grito de «Come on!» al principio de su interpretación se ha hecho famoso.

    Los escoceses, mal hablados e ininteligibles, me caen bien. Aunque sólo porque su acento no estándar les provoque problemas, lo que me recuerda lo que supone en España a veces no hablar el castellano mesetario.

  • The Madrileñer

    La prensa está en crisis. Cada vez menos gente compra un papel con las noticias de ayer cuando perfectamente puede leer gratis en Internet las noticias de hoy. Los expertos en opinión pública y comunicación señalan que los periódicos mantienen todavía el rol de ser el medio que define la agenda informativa. Leer los titulares del día es una actividad que se hace en programas de radio y televisión, pero no al revés. El problema es que no hay relevo generacional. En España el diario Público trató de captar al público joven hablando de ciencia, cómics y software libre con una estrella de la blogsfera progre al frente. Tras un año los dueños cambiaron al director por alguien venido de la prensa tradicional. Al final Público cerró su edición en papel y sobrevive como diario digital mientras buena parte de su antiguo plantel lanzará en Internet El Diario.

    Ante este panorama, el grupo PRISA ha aplicado la máxima de «si no puedes con ellos, únete a ellos» creando un nuevo medio digital. Pero en uno de esos arranques que combinan esnobismo y paletismo no han tomado simplemente como referencia un medio de éxito en Estados Unidos. Literalmente han hecho la edición española del Huffington Post, soltándola con paracaídas en el panorama informativo español. El primer día lucía un diseño de portada desangelado y confuso. Y me ha hecho gracia. Se llama El Huffington Post. ¿Por qué no editar en España otras publicaciones estadounidenses de éxito sin equivalente en España? El New Yorker. La Wired.

    Ricardo J. González, subdirector de Jot Down decía que aspiraba a convertir su publicación en el New Yorker español. Pero Jot Down tiene un estilo muy personal y característico, que lo aleja de la simple copia de un modelo.

    Yo seguiré soñando con una revista hacker en español, que hablara de actualidad internacional, cultura, ciencia y tecnología.

  • El tiempo, el implacable

    Un signo del paso del tiempo es que «envejecer con dignidad» se convierta en un tema de conversación. El otro día me vino la duda de qué había sido de todas aquellas estrellas del cine francés que componían en los años 90 un star-system muchísimo más interesante que el estadounidense.

    Primero busqué a Isabelle Adjani, que siempre recordaré por el reportaje que le hizo la revista PHOTO a propósito del rodaje de «La reina Margot». Me la encontré hecha una Sara Montiel francesa. Luego pensé en Emmanuelle Béart, de la que no había sabido nada en mucho tiempo. Me encontré con otra víctima de la cirugía estética que ahora hace campaña contra ella. Al menos Sophie Marceau lucía bien cuando apareció sin maquillaje y sin retoques de Photoshop en un número especial de la edición francesa de la revista Elle en 2008. De pronto, me sentí uno de esos contertulios que debaten sobre películas en televisión y hablan de que ya no hay mujeres como las que poblaban las pantallas en blanco y negro de su juventud.

    Hace poco murió el dibujante Moebius y hoy la noticia ha sido el fallecimiento de Ray Bradbury. Dice Juanjo que «todos los gigantes culturales a cuya sombre crecí la van palmando poco a poco… y el mundo parece más ajeno y extraño sin ellos». El otro día hablaba de cómo la desaparición de referentes políticos le dejaba a uno perdido e impotente. El secreto de la vida debe ser nunca dejar de encontrar referentes para no vivir con nostalgia del pasado.

  • El péndulo de Foucault

    Fue entonces cuando vi el Péndulo.
    La esfera móvil en el extremo de un largo hilo sujeto de la bóveda del coro, describía sus amplias oscilaciones con isócrona majestad.
    Sabía, aunque cualquiera hubiera podido percibirlo en la magia de aquella plácida respiración, que el período obedecía a la relación entre la raíz cuadrada de la longitud del hilo y ese número pi que, irracional para las mentes sublunares, por divina razó vincula necesariamente la circunferencia con el diámetro de todos los círculos posibles, por lo que el compás de ese vagar de una esfera entre uno y poro era el efecto de una arcana conjura de las más intemporales de las medidas, la unidad del punto de suspensión, la dualidad de una dimensión abstracta, la naturaleza ternaria de pi, el tetrágono secreto de la raíz, la perfección del círculo.

    Así empieza la novela El péndulo de Foucault de Umberto Eco. La leí y la disfruté con 16 años para pasmo de muchos adultos, cosa que me enorgullecía entonces. Aquel comienzo estaba escrito para asustar y obligar al lector despistado a dar la vuelta. Las primeras 70 u 80 primeras páginas eran duras de leer. Aunque estaba segurísimo entonces que se me habían escapado innumerables referencias y subtextos. Pero a mí me fascinó la historia de Jacopo Belbo, el perdedor, junto con otras tantas cosas de la trama que me llevaron a leer el libro varias veces.

    Hace meses descubrí, otra casualidad que nos unía, que Jorge Jiménez había sido otro lector que había disfrutado de la novela. Entonces llegó este artículo de Jotdown y descubrí que fuimos unos cuantos los adolescentes que llegamos a aquel libro a principios de los noventa y lo hicimos nuestro, we happy few.

  • El viaje de tu vida

    Siempre me ha llamado la atención cómo se construyen las expectativas personales, algo que creemos tan íntimo y personal pero que una y otra vez descubrimos están moldeadas por la publicidad, el cine y la ficción televisiva. El otro día vi Eurotrip, una película de 2004. No tengo reparos en reconocer que veo películas malas. Mientras que literatura o la música comercial me irritan mucho, a la hora de pasar el rato y desconectar del mundo me parece mejor opción el cine de entretinimiento que una de esas películas trágicas que pretenden concienciar al espectador sobre algún aspecto de la vida o del mundo. Creo que para eso están los documentales y los reportajes.

    Eurotrip va de tres amigos y la hermana de uno de ellos que terminan embarcados en una aventura que les lleva por Londres, París, Amsterdam, Bratislava, Berlín y Roma. Lo divertido es la perspectiva exagerada que presentan de Europa, una tierra de libertinaje y desenfreno que se presenta promisoria para unos estudiantes que acaban de terminar la secundaria en los remilgados Estados Unidos. Parte de la gracia de la película está en que juega con esa ilusión que todos compartimos en algún momento de nuestra adolescencia de recorrer Europa con la mochila al hombro esperando vivir una gran aventura a cuyo fin seamos personas diferentes. La película parte del mito y se ríe de él, riéndose tanto de los estereotipos europeos como de los torpes e ignorantes estadounidenses a lo protagonistas National Lampoon’s European Vacation. Es una comedia tonta y facilona, pero en cierta forma entrañable porque todos soñamos con un viaje así.

    Ha pasado tiempo desde mi último viaje con mochila por países desconocidos en tren o por carretera. Me quedan pocos países que realmente me apasione conocer. No tengo fecha pero en mi mente tengo muy claros los trayectos de cuatro viajes largos que tengo pendientes por los Balcanes y el Mediterráneo oriental. Son proyectos que mantienen la esperanza y la ilusión. Pero siempre me he preguntado qué pasaría el día que viera un mapa y no encontrara un lugar que me hiciera volar la imaginación. Ese día en que hubiera hecho todos los viajes que siempre soñé. Y un día, leyendo sobre el California Zephyr, el tren que atraviesa Estados Unidos desde Chicago a San Francisco, de pronto seguí con los parques nacionales del oeste del país. Y redescubrí Sión, la tierra prometida.

  • Making women nod

    Nunca encajé en el estereotipo machista de hombre (un tipo físicamente vigoroso, promiscuo sexual y con la capacidad de resolver los problemas a puñetazos) así que me interesó mucho cuando la descubrí la redifinición postfeminista de la masculinidad hecha por hombres. Aquello me enseñó a estar alerta sobre el sexismo venga de donde venga. Con el paso del tiempo fui siendo mucho más consciente de la tremenda superficialidad de muchas feministas y del rancio sexismo de ideas supuestamente avanzadas.

    He redescubierto hace poco a Bill Maher. No me extenderé sobre qué ideas suyas comparto pero me hizo gracia cuando mencionó esos debates televisivos en los que los hombres dicen cosas francamente estúpidas pero políticamente correctas buscando «un gesto de aprobación con la cabeza de las mujeres».

  • Cuando la política es sólo estética

    Llevo demasiado tiempo sintiendo que el activismo político de izquierda ha quedado convertido en una mera cuestión estética. Ha quedado reducido a una forma de estar en el mundo y no de ser o hacer. Identificas a alguien por su postura a favor o en contra de temas abstractos y lejanos, sea Cuba, Palestina o el Sáhara, que no es en el fondo más que una forma de presentarte ante los demás en una conversación. Algo que se materializa en el «Me Gusta» de Facebook y que ha venido en llamarse «Cultura de la Adhesión». España está tan carente de referentes referentes intelectuales que han tenido que ser importados de fuera.

    El 15-M ha quedado en un happening.

    [Y] podríamos hablar de esa sensación de euforia desinflada después del grito mudo. De cómo en los corrillos agrupados alrededor del caballo unos se miraban a otros y decían: “Bueno… ¿y ahora qué?”. Y de cómo el de enfrente le miraba como diciendo… “ah, ¿pero vosotros no teníais una sorpresa preparada?”. Y no. La expectación era tan grande que todo el mundo pensaba que el de al lado tenía un gran plan trazado. Y no.

  • Cínico

    La semana pasada estuve hablando con una persona que ha mandado la solicitud para colaborar como voluntaria en la India en una ONG que tiene un proyecto sobre deporte. ¿Deporte y desarrollo? ¡Claro!, le dije. Hay tanta obesidad en la India que todos esos niños gordos de los barrios de chabolas que se pasan el día sentados en el sofá jugando con sus consolas deberían hacer deporte para perder peso.

    Conocí a alguien que trabajó un tiempo en una ONG que se dedica exclusivamente a ese campo: Deporte en los países subdesarrollados. El mundo de las ONGs dedicadas a la cooperación internacional para el desarrollo y la ayuda humanitaria es como el artículo 34 de Internet. Ese que dice que si eres capaz de imaginar la versión porno de algo sin duda ya existe. La imaginación humana para inventar ONGs es infinita.

    Pudo ser el efecto de la cerveza que me había tomado. O el efecto de haber leido Blanco bueno busca negro pogre, un libro escrito con mucha mala leche por el antropólogo Gustau Nerin. La cuestión es que la otra persona justificó su interés en el tema porque había leído un libro de un occidental que se dedicaba a rescatar de la prostitución a mujeres de la India pero que se había encontrado el problema de que regresaban a manos de sus proxenetas porque las mantienen engachadas a la metanfetamina. Y el deporte, todo el mundo sabe, es una buena forma de mantener a los jóvenes lejos de la droga. Me acordé de aquella frase de Leo Harlem. «Ahí tenéis Maradona. Una persona que si no hubiera sido por el fútbol habría dado en cualquier vicio». De pronto me imaginé a un montón de ex-prostitutas indias sudorosas con el mono haciendo aerobic. Y entonces se me encendió la bombilla. Por qué no aunar ese proyecto que ya contempla la perspectiva de genéro con la última moda: La reducción de la huella de carbono. Así que le propuse la idea de poner a las ex-prostitutas a darle al pedar en unas bicicletas conectadas a alternadores que produzcan corriente eléctrica. Spinning que reduce la huella de carbono.

    Ya está. He terminado convirtiéndome en un cínico.

  • Jot Down y el periodismo posible

    Hace mucho tiempo, en otro blog, conté que echaba de menos en España revistas como The Atlantic o New Yorker. Incluso me llababa la atención la clase de grandes artículos en las ediciones estadounidenses de Vanity Fair y Esquire cuyo estilo, me temo, se quedó por el camino a la hora de sacar las ediciones españolas de ambas revistas.

    Así que he estado pendiente de los intentos de hacer un periodismo diferente en España. Lamenté la desaparición de Soitu y me sentí decepcionado con FronteraD y Periodismo Humano con sus nada originales dosis de buenismo. Tampoco espero mucho de El Diario, que proclama «un periodismo objetivo, pero también honesto», como si fueran incompatibles.

    En este panorama ha sido una sorpresa y una excepción la discreta aparición de Jot Down, con sus entrevistas inteligentes, largas y sosegadas. Y cuando leí a Ricardo J. González, su subdirector, decir «[a]spiramos a ser el New Yorker español» entendí todo. Que dure mucho.