• Whatsapp tiene truco

    Conté no hace mucho que alguien me mostró su sorpresa por haberle mandado un SMS. Ya nadie los usa, me informó. Resulta que el «Doble Check es dios».

    Josep Berruezo se ha molestado en leer la licencia de usuario final de Whatsapp y en indagar un poco en su teléfono descubriendo que la aplicación es un colosal agujero de la privacidad del usuario.

  • España está a punto de estallar

    En algún lugar de la estepa mesetaria, más allá de bloques fantasmagóricos de vivienda sin terminar de construir y praderas cortadas por calles que se extienden por delante de solares vacíos, se levanta un complejo ultrasecreto del CSIC donde se investigan pandemias letales y enfermedades raras. En sus sótanos se suceden las jaulas de animales a los que se les ha inoculado las enfermedades en investigación.

    Un día de 2012 alguien apagará la luz al terminar la jornada y no volverá. Los recortes en educación y ciencia dejarán sin presupuesto al centro. Sus investigadores ya se habrán encargado meses antes del anuncio definitivo del cierre de buscar un puesto de trabajo en el extranjero. Los animales quedarán olvidados en las jaulas del sótano.

    Pasarán los días y nadie notará la ausencia de los vigilantes de seguridad en la garita de la entrada o la falta de iluminación en el recinto por las noches. A las pocas semanas unos chiquillos de un pueblo vecino saltarán la valla para explorar el exterior del edificio. Oirán ruidos y saldrán corriendo. En los sótanos los animales más fuertes habrán sobrevivido comiéndose a sus compañeros de jaula. Tiempo después alguien saltará la valla para ver qué puede arrancar y llevarse para venderlo en la chatarra. Volverá acompañado y entrará al interior del edificio. Laboratorios y oficinas desmanteladas. Entonces bajarán al sótano…

  • My friends are gone and my hair is grey

    Debe ser la primera vez que me apetece insertar un vídeo de una canción y caigo en la cuenta de que ya había insertado otra versión de la misma canción. Pero es que siempre me ha caído bien Tom Jones y ha conseguido darle una aire de melancolía muy particular a la canción.

  • La revista que me gustaría leer y nunca veré

    La que lié el otro día cuando dije que quería leer una «revista hacker». Me llovieron unos cuantos palos. Y todo porque «hacker» fue la única palabra que se me ocurrió para definir algo a lo que no soy capaz de ponerle nombre. Esta es la entrada 75ª de este blog, así que voy a aprovechar el hito para soñar despierto y contar la revista que me gustaría leer.

    Pienso en una revista mensual de reportajes que huyan de la actualidad para contar las historias de fondo. ¿Qué está pasando en los cinturones industriales de China? ¿Qué ha pasado en Túnez, ahora que no sale en las noticias, tras la Primavera Árabe? ¿Qué pasa con los derechos humanos en Rusia? ¿Cuál es la mirada de Brasil hacia el mundo? ¿Cómo avanzan los procesos de integración regional en África?

    La revista tendría su espacio para hablar de ciencia y tecnología. Pero no para hablar de los cachivaches de moda. Sino para hablar de los últimos avances en transporte público, telecomunicaciones o energías renovables, por ejemplo. La revista hablaría también de temas como arquitectura y urbanismo sostenible.

    Supongo que una revista así tendría un público reducido y limitado en España. Y moriría en tierra de nadie por no hablar de «estilos de vida», smartphones y no tener una sección de moda o tendencias. Todo ello imprescindible para captar publicidad. Mientras tanto, sigo soñando.

  • Billete de ida y vuelta

    Yo era un oyente del programa «Diálogos 3» presentado en Radio 3 por Ramón Trecet. Soy uno de tantos postadolescentes cuya educación emocional y estética se vio enriquecida por aquel programa. Dice al respecto Hipólito González:

    Ramón Trecet me descubrió otras músicas, muy alejadas de las que programan en las radios comerciales, que me encantaron y me engancharon desde el primer momento. Desde luego, no todo lo que programaba me gustaba, ni todo me gustaba igual, pero me abrió la puerta a un mundo nuevo, y me enseñó que había otras posibilidades, otras músicas, otras tradiciones y otras sensibilidades, y que valía la pena conocerlas y disfrutarlas.

    Uno de los artistas que me descubrió Ramón Trecet, allá por el año 1997, fue Nusrat Fateh Ali Khan, al que el sello Real World de Peter Gabriel había introducido al mercado occidental con la producción del guitarrista canadiense Michael Brook. En su segundo disco con Real World la música de Nusrat Fateh Ali Khan se alejaba del sonido «cacharrero» de la música tradicional pakistaní con arreglos muy occidentalizados.

    Cuando volví de las vacaciones de 1997 me encontré con la noticia de la muerte de Nusrat Fateh Ali Khan. ¡Pocos meses después de haber descubierto su música! El sello Real World publicó después de su muerte varios discos más, que recogían grabaciones donde Nusrat Fateh Ali Khan era acompañado por el conjunto con el que habitualmente cantaba en Pakistán. Recuerdo que uno de aquellos discos me decepcionó cuando lo compré. El sonido era mucho más «sucio» y «bruto» que las grabaciones con las que yo lo descubrí. Pero pasó el tiempo y empecé a disfrutar cada vez más su interpretación de los temas tradicionales de la música tradicional sufí de Pakistán, el qawali. Internet se convirtió en la puerta a su música según fui encontrando grabaciones en Youtube de sus actuaciones y conciertos. Así encontré mi interpretación favorita de «Allah Hoo».

    Decía Ramón Trecet que Nusrat Fateh Ali Khan era el mejor cantaor de flamenco fuera de España. Y un día llegó como una revelación. Me extasiaba con una música tan lejana y había ignorado toda la vida el flamenco, tan cercano geográficamente a mí y tan cercano estéticamente. Así, en 2005 descubrí el lanzamiento del disco «A mis soledades vengo» donde el purista José Menese cantaba poemas del Siglo de Oro español: Luis de Góngora, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Quevedo, Tirso de Molina y otros. Uno de los temas del disco incluye un poema atribuido a Fray Luis de León, famoso por aquello de «decíamos ayer», y que por lo visto compuso en su paso por una cárcel de la Inquisición:

    Aquí la envidia y mentira
    me tuvieron encerrado.
    ¡Dichoso el humilde estado
    del sabio que se retira
    de aqueste mundo malvado,
    y, con pobre mesa y casa,
    en el campo deleitoso,
    con sólo Dios se compasa
    y a solas su vida pasa,
    ni envidiado, ni envidioso!

  • Un centro de gravedad permanente

    Una conocida mencionó a Franco Battiato. Se sumó a la conversación alguien dispuesto a hacerse el gracioso ridiculizando a Battiato. Patinazo. A ella le gustaba. Surgieron nombres de canciones. Luego tuve ocasión de buscar en Internet, ver vídeos y repasar letras de canciones.

    Me produce vértigo recordar elementos que formaron parte de mi infancia y adolescencia. No sé si por la nostalgia de un tiempo pasado irrecuperable o por recordar la inocencia de aquella etapa en que uno creía que todo era posible. A lo mejor, por ambas cosas. Por envejecer y por perder la inocencia.

    Así que prefiero ver a Battiato tal cual es ahora, antes de recuperar un vídeo de aquella época.

  • Acción de Gracias

    Doy gracias a la luna por ser la luna, a los peces por ser los peces, a la piedra imán por ser el imán.

    Doy gracias por aquel Alonso Quijano que, a fuer de crédulo lector, logró ser Don Quijote.

    Doy gracias por la torre de Babel, que nos ha dado la diversidad de las lenguas.

    Doy gracias por la vasta bondad que inunda como el aire la tierra y por la belleza que acecha.

    Doy gracias por aquel viejo asesino, que en una habitación desmantelada de la calle Cabrera, me dio una naranja y me dijo: «No me gusta que la gente salga de mi casa con las manos vacías». Serían las doce de la noche y no nos vimos más.

    Doy gracias por el mar, que no has deparado la Odisea.

    Doy gracias por un árbol en Santa Fe y por un árbol en Wisconsin.

    Doy gracias a De Quincey por haber sido, a despecho del opio o por virtud del opio, De Quincey.

    Doy gracias por los labios que no he besado, por las ciudades que no he visto.

    Doy gracias por las mujeres que me han dejado o que yo he dejado, lo mismo da.

    Doy gracias por el sueño en el que me pierdo, como en aquel abismo en que los astros no conocían su camino.

    Doy gracias por aquella señora anciana que, con la voz muy tenue, dijo a quienes rodeaban su agonía rodeaban su agonía «Dejenmé morir tranquila» y después la mala palabra, que por única vez le oímos decir.

    Doy gracias por las dos rectas espadas que Mansilla y Borges cambiaron, en la víspera de una de sus batallas.

    Doy gracias por la muerte de mi conciencia y por la muerte de mi carne.

    Sólo un hombre a quien no le queda otra cosa que el universo pudo haber escrito estas líneas.

    Un colega me descubrió este poema de Borges hace poco. Llevo días de balances y miradas hacia atrás. Y con el tiempo, puedo dar gracias hasta por historias que terminaron mal. Si cerrara mi vida ahora, cuando no me queda otra cosa que el universo, serían prueba de que he vivido.

  • Llámame troglodita

    Una vez le regalé una cuaderno grande y grueso a una amiga para que lo empleara de diario. Se sintió abrumada por la idea de tener que escribir en él todos los días. Le dije que para mí, a pesar del nombre, un diario es un cuaderno en el que escribes cuando te apetece para poner tus pensamientos en orden, registrar lo que vives o simplemente desahogarte. Es un instrumento que usas cuando te apeteces y lo necesitas.

    He mantenido una relación siempre contradictoria con la tecnología. Por un lado visito a diario varios sitios de Internet sobre tecnología y me sé el nombre y características de productos que no compraría aunque tuviera dinero de sobra, pendiente siempre de las últimas novedades. Por otro lado de forma periódica me embarga la sensación de pertenecer a una sociedad de consumo que pretende convertirnos en hamster corriendo en una rueda sin fin.

    Llevo meses recibiendo la recomendación de que abra una cuenta en Twitter, algo que por lo visto ampliará mis horizontes profesionales, dará repercusión hasta límites insospechado a mis ideas, cura el mal aliento y previene el pie de atleta. He vivido situaciones chocantes. Como aquel amigo con quien no quedé porque me dio los detalles de última hora del encuentro en un email, cuando yo tengo un Nokia 1616 que compré de oferta por 9 euros. O aquella otra persona que se sorprendió por el SMS que le mandé. «Ya nadie los usa hoy».

    Me siento cada vez más tentado de mantenerme alejado de casi todo y volver a una vida lenta. Un refusenik de la tecnología.

  • Masamune se perdió por el camino

    Descubrí el manga a principios de los años 90 con Akira de Kastuhiro Otomo en aquella colección por entregas de Dragon-Glénat. Sólo más tarde descubrí por que Otomo dibujaba las manchas de sangre tan oscuras y por qué en Japón todo el mundo era zurdo. La edición europea estaba coloreada e invertida respecto a la original japonesa. Al poco tiempo me enganché a Ghost in the Shell de Masamune Shirow. Llegué a comprar un par de tomos originales en japoneś. Y desde entonces cuelga en mi pared una reproducción de la siguiente imagen en formato 100x70cm.

    No tengo ningún rubor en confensar, tampoco lo tenía entonces, que sólo entendía elementos de la trama en los resúmenes de lo acontecido que aparecía en cada entrega. Lo achaqué entonces a fallos en la traducción. Pude comprobar con la versión estadounidense y española de alguna historia de Masamune Shirow delante que la traducción al español era pésima. Pero no fui yo el único que se quejaba. En algún fanzine llegué a leer críticas en el que se le achacaba que era un estupendo dibujante de pin-ups y un pésimo guionista. A mí me atraía la temática ciberpunk de sus historias, lo cuidado de la ambientación, la minuciocidad con la que diseñaba vehículos y armas futuristas… Pero no había que negar que dibujaba unas chicas estupendas. Era un virtuosos de la ilustración en color. Pasaron los años y aparecieron uno tras otros libros de ilustraciones, carpetas con póster y calendarios. Diseñó personajes de videojuegos. Se hicieron largometrajes y series de anime de Ghost in the Shell. Salieron más libros de ilustraciones, con imágenes aún más subidas de tono. Pero de la continuación de sus manga nunca más se supo.

    Masamune Shirow es un pseudónimo. No se sabía su nombre y no existían fotos públicas de su cara. Era un personaje misterioso que trabajaba solo, al contrario que las estrellas del manga que lo hacen rodeados de becarios. El misterio también se desvaneció. Se supo su nombre (Ota Masanori). Apareció su foto. Y hoy acabo de descubrir que tiene página web. En el apartado de obras veo que en los últimos diez años sólo ha publicado recopilaciones de dibujos en toda clase de formatos (incluso) aplicaciones para iPhone y se han reeditado algunas de sus obras. Es decir, Masamune Shirow dejó hace años de ser dibujante de manga para ser un mero ilustrador.

  • Flor de Escocia

    Hace ya muchos años, viendo los momentos previos a un partido de rugby entre Escocia e Inglaterra, me llamó la atención la letra del himno que cantaba a pleno pulmón el público escocés y tradujo el comentarista de televisión.

    And stood against him,
    Proud Edward’s Army,
    And sent him homeward,
    To think again.

    Fue algo que olvidé. Y no fue hasta hace poco que leí que Escocia no tenía himno oficial. En las competiciones deportivas oficiales se solía interpretar «God Save The Queen» pero ante las pitadas del público se decidió en 1990 interpretar una versión más solemne de la canción «Flower of Scotland». ¿Flor de Escocia? «Menuda cursilería», pensé. La imaginé como el típico himno que habla de verdes valles y tierras fecundas. Pero al mirar la letra resulta que no. Era ese himno que menciona cómo los escoceses mandaron a casa al ejército del orgulloso Eduardo (el «malo» de Braveheart) para que se lo pensara de nuevo tras la batalla Bannockburn y que aquella vez, hace tantos años, el locutor de La 2 de RTVE tradujo.

    Lo divertido viene cuando hace muy poco compartí el vídeo con unos colegas y uno de ellos se quejó de lo que considera «la falta de tradiciones culturales en España» y «la ausencia de una cultura popular que no esté subvencionada». Y entonces tuve que desvelarle que «Flower of Scotland» es una canción presentada por el grupo folk «The Corries» en ¡1967!. Las tradiciones siempre tienen fecha de creación.

    La canción fue interpretada por primera vez como himno nacional en un partido del trofeo Cinco Naciones. Escocia se enfrentaba a la gran favorita, Inglaterra («the auld enemy»), en el estadio de Murrayfield de Edimburgo el 17 de marzo de 1990. Primero saltó al campo la selección inglesa a la carrera. Mientras sus jugadores calentaban y se hacían fotos aparecieron los escoceses caminando, encabezados por el paso lento y solemne del capitán David Sole que electrizó el ambiente. Sonó «Flower Of Scotland». Los ingleses empezaron anotando y perdieron la oportunidad de alejarse en el marcador. Los escoceses consiguieron remontar y todo el partido fue una batalla de proporciones épicas con los ingleses en la línea escocesa de los 22 metros pero sin conseguir pasar. Podríamos elegir mil metáforas militares para describir aquello.

    Escocia ganó el partido y por tercera vez en su historia ganó un Grand Slam. Desde entonces «Rose Of Scotland» se convirtió en himno oficioso de las selecciones deportivas de Escocia. Cuando la selección de rugby juega en casa suele ser habitual que Ronnie Browne, uno de los miembros originales de «The Corries», la cante al principio del partido a pesar de que está retirado como cantante. Su costumbre de intercalar el grito de «Come on!» al principio de su interpretación se ha hecho famoso.

    Los escoceses, mal hablados e ininteligibles, me caen bien. Aunque sólo porque su acento no estándar les provoque problemas, lo que me recuerda lo que supone en España a veces no hablar el castellano mesetario.