Billete de ida y vuelta

Yo era un oyente del programa “Diálogos 3” presentado en Radio 3 por Ramón Trecet. Soy uno de tantos postadolescentes cuya educación emocional y estética se vio enriquecida por aquel programa. Dice al respecto Hipólito González:

Ramón Trecet me descubrió otras músicas, muy alejadas de las que programan en las radios comerciales, que me encantaron y me engancharon desde el primer momento. Desde luego, no todo lo que programaba me gustaba, ni todo me gustaba igual, pero me abrió la puerta a un mundo nuevo, y me enseñó que había otras posibilidades, otras músicas, otras tradiciones y otras sensibilidades, y que valía la pena conocerlas y disfrutarlas.

Uno de los artistas que me descubrió Ramón Trecet, allá por el año 1997, fue Nusrat Fateh Ali Khan, al que el sello Real World de Peter Gabriel había introducido al mercado occidental con la producción del guitarrista canadiense Michael Brook. En su segundo disco con Real World la música de Nusrat Fateh Ali Khan se alejaba del sonido “cacharrero” de la música tradicional pakistaní con arreglos muy occidentalizados.

Cuando volví de las vacaciones de 1997 me encontré con la noticia de la muerte de Nusrat Fateh Ali Khan. ¡Pocos meses después de haber descubierto su música! El sello Real World publicó después de su muerte varios discos más, que recogían grabaciones donde Nusrat Fateh Ali Khan era acompañado por el conjunto con el que habitualmente cantaba en Pakistán. Recuerdo que uno de aquellos discos me decepcionó cuando lo compré. El sonido era mucho más “sucio” y “bruto” que las grabaciones con las que yo lo descubrí. Pero pasó el tiempo y empecé a disfrutar cada vez más su interpretación de los temas tradicionales de la música tradicional sufí de Pakistán, el qawali. Internet se convirtió en la puerta a su música según fui encontrando grabaciones en Youtube de sus actuaciones y conciertos. Así encontré mi interpretación favorita de “Allah Hoo”.

Decía Ramón Trecet que Nusrat Fateh Ali Khan era el mejor cantaor de flamenco fuera de España. Y un día llegó como una revelación. Me extasiaba con una música tan lejana y había ignorado toda la vida el flamenco, tan cercano geográficamente a mí y tan cercano estéticamente. Así, en 2005 descubrí el lanzamiento del disco “A mis soledades vengo” donde el purista José Menese cantaba poemas del Siglo de Oro español: Luis de Góngora, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Quevedo, Tirso de Molina y otros. Uno de los temas del disco incluye un poema atribuido a Fray Luis de León, famoso por aquello de “decíamos ayer”, y que por lo visto compuso en su paso por una cárcel de la Inquisición:

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
¡Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y, con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso,
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa,
ni envidiado, ni envidioso!

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2 comentarios en “Billete de ida y vuelta

  1. Pingback: La banalización musical de dios | El Lobo Estepario

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