• En una reciente salida nocturna alguien mostró orgulloso su móvil LG de gama baja. Un móvil con teclado de toda la vida que contrastaba con su cámara réflex digital Nikon que no era precisamente de aficionadillo. La persona que nos enseñó su móvil barato presumía de estar desconectado de los mensajes de Wassap y el agobio general por estar conectado 24/7. Ya leí en su momento en la edición británica de Wired que «The Nokia 3210 was the greatest phone ever made» y la empresa francesa Lëkki ha hecho negocio vendiendo móviles viejos (perdón, vintage) con carcasa de colorines. Así que no podía faltar el artículo «Por qué cambié mi iPhone por un Nokia de 20 euros». Así que si alguien quiere hacerme un regalo, le sugiero el Nokia 103.

  • Quizás Europa haya dejado de tener en España esa resonancia mítica que tuvo en su momento. Las líneas aéreas low-cost popularizaron en tiempos con el barril de crudo más barato que ahora las escapadas de fin de semana a Londres o París y los viajes para visitar a ese conocido que estaba pasando una temporada trabajando en Irlanda o cursando un semestre como estudiante Erasmus en Italia.

    Pero hace diez años, antes del euro y de las aerolíneas low-cost, Europa era una tierra mítica a la que los españolitos de a pie llegábamos con ojos asombrados y un billete Interrail. E inevitablemente topábamos con el ejército de mochileros anglosajones que todos los veranos desembarca en Europa. La historia solía ser normalmente la misma: Tras cruzar el ecuador de la carrera o tras licenciarse, pero siempre antes de incorporarse a la vida adulta, estadounidenses, canadienses y australianos empleaban meses para recorrer Europa de una punta a otra en una nueva edición del Grand Tour.

    Sé recitar de memoria la lista de países europeos que he visitado, y ya son unos cuantos. Pero lo que no sabría decir es en qué momento empecé a sentir esa sensación de estar una y otra vez en el mismo sitio al entrar por la puerta de los albergues juveniles (“hostels”). Sea en Bruselas, Cracovia o Estambul uno se encuentra siempre el mismo panorama: El inglés no ya usado como lingua franca sino como idioma oficial. Como fauna un grupo de estadounidenses, australianos y canadienses hablando de lo barato que es bucear en los arrecifes de coral en Tailandia, los maravillosos paisajes que se contemplan en la ruta de los Annapurna y qué duro es el síndrome del mal de altura en Bolivia. A la conversación se une un puñado de escandinavos, alemanes y holandeses que hablan en perfecto acento de Nueva Inglaterra, producto del tiempo pasado en un college. Y sin importar el país o la ciudad la conversación deriva en dónde beber alcohol barato y poder ver por satélite en pantalla grande los partidos de la Premier League o la NFL.

    La única alternativa parece mejorar tu inglés y abrazar ese mundo anglosajón sabiendo que siempre serás ciudadano de una provincia periférica del Imperio. Pero hay algo más que la resistencia a viajar por el mundo para que sin importar donde vaya siempre encuentre ese microcosmos anglosajón. Es una cierta intuición de que si el idioma no es más que en el fondo una tecnología de comunicación el monopolio cultural no puede ser nada bueno.

  • «Tiranos ¡temblad!» es una frase que se repite en el himno nacional uruguayo y también es el título del «resumen semanal de acontecimientos uruguayos» que Agustín Ferrando ofrece en Youtube. El suyo es un noticiero que prescinde de la actualidad que recogen los medios para recopilar la cotidianeidad que los uruguayos vuelcan en la red: Un cumpleaños, un animal haciendo algo gracioso, una fiesta de barrio.

    Nunca una recopilación de fragmentos de vídeo recogió mejor el espíritu de un país. «Tiranos ¡temblad!» se ha convertido así en un fenómeno del que han dado cuenta desde USA TODAY en Estados Unidos a 20 Minutos en España. Su autor lo explicó en una edición de las charlas TED en Montevideo.

  • Avishai Cohen tiene nuevo disco, Almah, en el que hace un nuevo giro para arroparse con instrumentos de cuerda y viento. Suena estupendamente.

  • El ayuntamiento de Munich inició hace años una transición de los productos Microsoft a software libre. Nick Heath cuenta la historia del proceso, que se convirtió en una batalla de gran importancia para Microsoft. Steve Ballmer llegó a suspender unas vacaciones y cruzar el Atlántico sólo para defender el contrato. Los argumentos de Microsoft eran exclusivamente económicos, ofreciendo una importante rebaja. El ahorro es uno de los grandes argumentos para la implantación del software libre en la administración pública. Sin ir más lejos, la Genrdarmería Nacional francesa está haciendo una transición al software libre. Comenzó instalando en los ordenadores las versiones para Windows de OpenOffice, Firefox y Thunderbird antes de cambiarle el sistema operativo a los ordenadores. Con el cambio la Gendarmería francesa habría ahorrado un 40% en el coste total de propiedad. Sin embargo, lo interesante del caso de Munich es que para los responsales de los sistemas informáticos del ayuntamiento no sólo es una cuestión de costes, sino una cuestión de independencia y libertad.

     

     

  • Neil Gaiman ha abierto un perfil en Tumblr. O al menos hay que creer que es él. Me ha hecho gracia una frase en la cabecera:

    The official Neil Gaiman Tumblr, but honestly no better than the unofficial Neil Gaiman Tumblrs out there.

    Vivimos una era donde el acceso a la información vía Internet es tal, en la que aficionados a un tema pueden terminar recopilando más y mejor información que los propios autores.

  • Saturday Night Live ha creado un canal en Youtube subiendo más de 4.600 vídeos en dos semanas. Recuerdo que leí en Internet una historia del programa por entregas en español pero no sabría buscarla ahora. Lo que sí recuerdo es que descubrí con aquella serie de artículos es que humoristas españoles que me hicieron reir en mi adolescencia se limitaron a copiar sin reparos aprovechando que el programa era desconocido en España.

    De los vídeos que he visto en esta semana, me quedo con este donde Nicholas Cage demuestra que al menos sabe reirse de sí mismo:

  • Pérez-Reverte por Victoria Iglesias

    Arturo Pérez-Reverte presentará dentro de muy poco una nueva novela, con un argumento propio de las últimas novelas de William Gibson:

    Un encargo editorial pone a Alejandra Varela, especialista en arte urbano, tras la pista de Sniper, un reconocido artista del grafiti, promotor de acciones callejeras al límite de la legalidad —algunas de ellas con resultados fatales— del que casi nadie ha visto jamás el rostro ni conoce el paradero. La búsqueda conducirá a la protagonista de Madrid a Lisboa, y de ahí a Verona y Nápoles en su intento por descifrar cuál es el objetivo al que apunta la mira mortal del cazador solitario.

    Con las maniobras mediáticas en torno a la presentación he visto varios retratos de Arturo Pérez-Reverte hechos por Victoria Iglesias.

    Suyas fueron también unas fotos de los comienzos del escritor. Creo que no es difícil atisbar la transformación de aquel reportero tímido en el personaje de sus columnas de opinión. Tiene su gracia que mucha gente que lo conoció ya como escritor consagrado confunda al personaje y a la persona.

    Victoria Iglesias tiene en su blog otros muchas retrastos de personajes de la cultura y el arte bastante interesantes. Desde Lou Reed a José Hierro.

  • Llevo tiempo viendo vídeos de Pablo Iglesias, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid y tertuliano televisivo, que comenzó su carrera mediática en el programa «La Tuerka» de Tele K de Vallecas. Pablo Iglesias es un tipo formado y elocuente, que da mucho juego en televisión, así que ha terminado apareciendo hasta en las tertulias de Interconomía TV. Ahora presenta el programa «Fort Apache» en HispánTV, la televisión en español del régimen de los ayatolás iraníes. La cabecera del programa es impagable, con Pablo Iglesias vestido con una cazadora de cuero y en moto. Pero me desvío. La cuestión es que Pablo Iglesias no para de dar conferencias sobre el papel de los medios de comunicación en esta crisis. Su discurso es bastante interesante. Considera que la crisis supone una oportunidad porque las grietas internas en los partidos dominantes abren espacios para que otras fuerzas políticas rompan el bipartidismo y porque el agotamiento del discurso de los partidos mayoritarios hace que voces como la suya sean invitadas a programas de cadenas generalistas. Explica su estrategia en térmnos de Antonio Gramsci. A pesar de la situación económica de la gente, el status quo se mantiene por la hegemonía cultural que ejercen las clases dominantes. La batalla está, entonces, en luchar por esa hegemonía. Pablo Iglesias explica así que haya optado por vestir corbata, negarse a decir que e su programa realizan «contrainformación» o «información alternativa», ir a los canales de televisión del «enemigo», usar un lenguaje sencillo, etc. El objetivo es normalizar el discurso de izquierdas y habla en unos términos que entienda la gente que no ha abierto en su vida un libro marxista. La lucha está en transformar el consenso de lo que es normal, que no deja de ser una construcción social. Es un discurso bastante interesante y  Pablo Iglesias es un tipo bastante elocuente. Pero llevo tiempo preguntándome más allá de su estrategia comunicativa, qué programa político defiende. Y en este breve monólogo lo explica. Me temo que es una lista de demasiadas cosas que acabarían mal.

  • Alguien dijo que Barrio Sésamo era quien mejor sabía captar la cultura pop del momento. Esta parodia lo borda.