Estos días está teniendo lugar el Mobile World Congress en Barcelona y no se me ha movido un pelo. Las grandes marcas anuncian teléfonos móviles con pantallas táctiles enormes, mayor resolución, memoria, potencia y mejores cámaras. Exactamente igual que el año pasado. Quizás las novedades futuras vengan por el lado de los sistemas operativos, pero ya vimos lo revolucionario que ha sido Firefox OS y el Blackphone llega unos cuantos años tarde como concepto.
La cuestión es que estaba el otro día recostado en la cama navegando por Internet con el móvil cuando caí en la cuenta que aquella situación no era muy diferente a lo que años atrás hacía con mi netbook. Miraba las noticias, las actualizaciones de mis colegas en Facebook y algún vídeo chorra en Youtube. Las cosas serias, como en aquel entonces, las hago sentado en el escritorio con el PC. ¿Qué novedad me ha aportado un smartphone con Android? El correo electrónico en el móvil, mensajería instantánea, una cámara de fotos, navegar por Internet y un callejero es algo que ya tenía con mi Blackberry Pearl allá por 2008. Eso sí, en un móvil más inestable y con las funciones de teléfono peor integradas en el resto del aparato. Habrá que seguir esperando un cacharro que suponga un verdadero salto tecnológico.
Decíamos ayer que las medidas políticas que está tomando el actual gobierno no responden a la coyuntura económica, sino que son una etapa más de un proceso histórico que arrancó con el fin de la Guerra Fría y que supone el fin del Estado del Bienestar. Dicho en términos sencillos, sobre las cenizas de la Europa arrasada en la Segunda Guerra Mundial se creó el consenso político de que el Estado debía garantizar a la clase trabajadora toda una serie de derechos ante la amenaza ideológica que suponía el comunismo como sistema competidor. Hoy no existe alternativa política. Desde la perspectiva del capital global, el bienestar de la clase trabajadora es intrascendente porque los mercados están repartidos por el resto del mundo y siempre hay países alternativos a los que trasladar la producción. Al contrario, vemos cómo trabajadores de una misma multinacional compiten a la baja por la asignación de producción a su factoría y cuando se logra es celebrado como un triunfo en la prensa. Sin ir más lejos, véase el caso de los trabajadores de la factoría de Ford en Almussafes (Valencia) que votaron a favor de congelar su sueldo en 2014 y con ello aseguraron producción hasta 2018. El capital es global y las luchas obreras tienen horizontes locales.
Entender todo esto es importante a la hora de poner en contexto las luchas sociales y sus objetivos estratégicos. Yo recuerdo los debates en mi facultad a raíz del nacimiento del Movimiento Antiglobalización con las manifestaciones del 30 de noviembre de 1999 en Seattle. Se rechabazaba al movimiento por interclasista y al propio término de globalización para remitirse a Lenin y su crítica del imperialismo («fase superior del capitalismo»). Lectores de Toffler y de Castells éramos en aquella facultad de Sociología pocos, lo que explica la indefensión intelecual de mis compañeros ante aquellos paleomarxistas. Luego, el movimiento se extinguió con el cambio de agenda política internacional tras el 11-S. Pero esa es otra historia. Lo que hay que recordar es que la génesis del 15-M en España está en aquella primera movilización en mayo de 2006 porque la vivienda estaba cara en pleno cénit de la burbuja inmobiliaria. A pesar de todo, ¿es factible lograr políticamente que todo vuelva a ser como antes de la crisis? Hay que añadir que desde la participación de España en la globalización y la integración en el euro se ha cedido soberanía a los «mercados» y al Banco Central Europeo. Así que no se trata de votar al partido que prometa salvar el Estado del Bienestar y proteger derechos de los trabajadores, sino que el margen de maniobra de los gobiernos es reducido. Una medida equivocada y la Bolsa se hunde, la agencias calificadoras de riesgo rebajan la nota a España y sube la prima de riesgo. Sólo quienes a estas alturas disocian economía y política pueden crear un programa político como el de la plataforma «Podemos», impulsada por el telegénico Pablo Iglesias. Sospecho que tanta ignorancia en Economía es el lastre de una formación marxista que les lleva pensar que toda ella no es ciencia sino ideología. Ya Alberto Noguera se ocupó de destripar el programa económico en su blog con su mala leche habitual y su peculiar visión de la realidad que no necesariamente comparto.
Así que esta es la larga explicación de por qué en este blog no trato la última noticia indignante sobre la crisis o la última iniciativa social, para dedicarme en cambio a hablar de fotografía, arquitectura o canciones que me gustan. No es que me quiera refugiar cínicamente en las experiencias estéticas de espaldas al mundo. Es que creo que se está luchando poco y de forma desencaminada. Si se trata de un problema de correlación de fuerzas habrá que generar en la calle un problema tal que obligue al gobierno a frenar y rectificar. No entro ahora en detalles, que con la ley en la mano podría terminar ante un juez. Pero creo que el barrio burgalés del Gamonal marcó el camino.
Llevo semanas ocupado con la interminable tarea de poner orden y hacer limpieza en mis libros, papeles y trastos. Encontré una carpeta llena de recortes sobre la crisis económica de principios de los noventa, aquella que siguió a la Guerra del Golfo. Las noticias de los periódicos hablaban del paro, de precariedad, del cierre de empresas en España que trasladaban su producción a Europa del Este o Marruecos, de las peticiones de más recortes sociales hechos por altos cargos de empresas e instituciones internacionales y también de cómo las marcas de lujo aumentaban sus beneficios a pesar de la crisis. Acumulé tantos recortes porque era la era pre-Internet y los medios en papel era la única forma de enterarte de lo que pasaba en el mundo.
La carpeta era una cápsula del tiempo con noticias que podían haber tenido fecha de ayer mismo. La cuestión es que no estamos asistiendo a la aplicación de una doctrina del shock, aprovechando la coyuntura de la actual crisis, sino a la aceleración de un proceso histórico de desmantelamiento del Estado del Bienestar y transformación del mercado laboral. que comenzó con el fin de la Guerra Fría y la desaparición del comunismo en la Europa del Este.
Se suele datar el nacimiento del Estado del Bienestar en la Alemania de Bismarck. Pero lo que algún despistado suele atribuir a la benevolencia del Canciller de Hierro sucedió en un contexto de fuerte combatividad de la clase obrera. Eran los tiempos de las grandes factorías donde miles de obreros compartían las mismas penosas condiciones de trabajo. Precisamente Karl Marx escribió El Capital con la preocupación de que la gran revolución obrera iba a estallar antes de que él acabara su obra. Birsmarck decretó las Leyes Anti-socialistas a finales de la década de 1870 para luego crear las pensiones de jubilación y los seguros de enfermedad y desempleo en una evidente estrategia del palo y la zanahoria.
Más allá de los países nórdicos, la generalización del Estado del Bienestar llegó tras la Segunda Guerra Mundial. En países como Francia e Italia la resistencia contra la ocupación nazi la habían protagonizado los comunistas. En una de las películas del cura Don Camilo se descubre que alguien del pueblo había escondido en un granero un carro de combate M-24 robado durante la Segunda Guerra Mundial para hacer la revolución cuando acabara la guerra. La situación de pobreza era tan generalizada en Alemania que el arzobizpo de Colonia, Josef Frings, aprobó robar por necesidad. Así que existía el temor a que la clase obrera europea considerase la Unión Soviética un modelo a seguir, aunque sólo fuera porque no se tenía verdadera consciencia de los horrores soviéticos. Del consenso compartido de que a la clase obrera se le debía proveer de un educación, salud y derechos laborales surgió el modelo bipartidista donde social-demócratas y demócrata-cristianos se alternaron o compartieron gobiernos durante décadas en muchos países europeos. Aquel período se conoce en Francia como los 30 años gloriosos, que coincide con el «milagro económico» alemán. Es la era en que la clase obrera accede al consumo masivo, alejando el espectro de la revolución.
La caída de la Unión Soviética y el desmantelamiento del comunismo llegó cuando el modelo económico de la postguerra había entrado en crisis a partir de 1973. El resto de la historia es conocida. Los gobiernos se mantienen dentro de una cierta ortodoxia económica para atraer inversores que instalen negocios y compren deuda pública bajo la atenta mirada de las agencias calificadoras de deuda que le ponen «nota» a los gobiernos, porque siempre corren el riesgo de que las inversiones vuelen a otro país que ofrezca mejores condiciones y la divisa nacional se resienta en los mercados internacionales. En esa lógica los trabajadores de una misma empresa multinacional compiten entre ellos a la baja para que se les asigne trabajo, ofreciéndose a trabajar más y reducirse el sueldo bajo la persistente amenaza de que la producción será desviada a otra factoría.
En primero de carrera teníamos a un compañero que había estado nueve años en la universidad. Creo que hasta entonces no había sacado ninguna carrera y la nuestra era la segunda o tercera que empezaba. La razón de su apego a la vida universitaria es que él era líder estudiantil. En aquellos años pasó del independentismo al trotskismo. Llegó a encabezar las listas al congreso por el POSI, uno de esos partidos cuyos miembros locales cabían en una furgoneta. Adornaban su condición de líder estudiantil ser bien parecido y tener labia. Más de una chica recién llegada de la secundaria quedó fascinada por él y su melena.
Recuerdo que en segundo de carrera hubo elecciones a un órgano de gobierno de la facultad. Y él anunció que no se iba a presentar porque estaba decepcionado de la política universitaria y no me acuerdo qué otras razones. La gente se sorprendió y se alzaron las voces rogándole que reconsiderara su decisión, cosa que hizo. Aquello me pareció muy cómico. Me pareció una maniobra calculada para escenificar el lanzamiento de su candidatura, aupada por la aclamación de las masas.
Estos días el telegénico Pablo Iglesias ha lanzado «Podemos», una plataforma que pretende hacer una consulta popular para respaldar una candidatura de izquierda en las próximas elecciones europeas. Él llevaba tiempo diciendo en charlas y entrevistas que hubiera apoyado una candidatura encabezada por Ada Colau, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Que hacía falta un nuevo partido de izquierdas en España (¡otro!). Y ahora ha lanzado «Podemos» porque nadie había aceptado el desafío. Él se sacrifica por todos nosotros asumiendo la ingrata tarea de ser candidato a las elecciones europeas. Porque claro, él no quería.
Nichelle Nichols es la actriz que en la serie Star Trek interpretaba a la teniente Uhura, oficial de comunicaciones de la nave Enterprise. Al término de la primera temporada renunció para dedicarse al teatro musical, ya su verdadero objetivo era trabajar en Broadway. Pero cuando ya había presentado su carta de dimisión tuvo una conversación con Martin Luther King, que le pidió que lo reconsiderara. El personaje que interpretaba Nichols era una novedad en la televisión estadounidense de los años 60. Por primera vez una mujer negra no interpretaba a una sirvienta y tenía un papel protagonista. Martin Luther King le pidió que se quedara en la serie porque su papel era un modelo para la comunidad negra estadounidense.
Las fotos han sido obtenidas mediante una cámara protegida por una especie de poste hueco ante la falta de árboles donde esconderlas. Al final, el poste atrajo la atención del animal y así se consiguieron los primeros planos.
Uno de mis propósitos fotográficos para el 2014 es dejar definitivamente de hablar de cámaras, como he hecho hasta ahora, para únicamente tratar la fotografía, fotos interesantes y fotógrafos. Ya he tratado aquí el trabajo de fotógrafos como Victoria Iglesias y Alberto Gamazo, que tuvieron ambos el detalle de dejar un comentario. También he hablado de fotos y galeráis de fotos interesantes. Este año acaso trataré de cerrar algunos de los temas en los que he insistido, como por ejemplo cómo la fotografía vive atrapada en una glorificación de su pasado analógico, con casi todas las marcas sacando modelos de estética retro. Pero de eso trataré en un futuro para cerrar el asunto de las cámaras como dispositivos tecnológicos. Hoy voy a hablar de algo que me permite cerrar mis largas parrafadas sobre cámaras de fotos.
Acostumbrado a la fotografía de viajes y naturaleza, recibí con interés el lanzamiento en 2008 por parte de Panasonic y Olympus de las cámaras sin espejo de objetivos intercambiables. Ambas marcas lanzaron un formato, el Micro Cuatro Tercios, con un sensor más pequeño que el habitual APS-C de las cámaras réflex. Por redondear, podríamos decir que las cámaras sin espejo ofrecían un 75% de la calidad en la mitad del espacio. Era un sacrificio asumible para mí. Tema aparte es su recepción en el mercado. Precisamente el departamento de fotografía de ambas compañías ha tenido problemas financieros a pesar de ofrecer productos interesantes e innovadores. A estas alturas creo que es mi sino interesarme por tecnologías útiles y prácticas a las que el mercado da la espalda (ebook, Blackberry, netbook) por otros productos que triunfan por el «cool factor». Pero varios hitos dan motivo para la esperanza porque creo que estas cámaras han cruzado cierto umbral a partir del cual son tecnologías para quedarse.
-Sony lanzó una cámara sin espejo de formato completo, la Sony A7. Estoy seguro que es la primera de otras muchas que vendrán de otros fabricantes. Que el sensor de la cámara sea del tamaño de un negativo de película química (24x36mm.) significa la máxima calidad posible, por encima de las cámaras réflex digitales con sensor APS-C. Eso será un argumento que atraerá a profesionales que en el cambio sólo perderán calidad en el visor por el que se encuadra, que pasa de óptico a electrónico.
-Olympus lanzó su cámara profesional como cabeza de gama en formato Micro Cuatro Tercios. La marca había ya abandonado hace tiempo el mercado de las réflex digitales, así que era el paso evidente. El lanzamiento de la EM-1 supone dejar la idea de que las cámaras Micro Cuatro Tercios sólo sirven como «segundo cuerpo», complementarias o para el tiempo libre. Como en el caso anterior, esto atraerá clientes profesionales al segmento.
-Panasonic lanzó una cámara en formato Micro Cuatro Tercios compacta y bolsillera, la Panasonic Lumix GM1, con unas prestaciones, según DxOMark, que ya superan a mi cámara réflex Pentax K10D con tecnología de 2006. Para potenciales clientes como yo, significa que pasar a una cámara sin espejo no será un retroceso en calidad óptica para conformarse con la comodidad de menor peso y tamaño. Ahora mismo significa una mejora. Y eso, me está haciendo reconsiderar mis futuros planes de compra.
La Panasonic GM1 comparada con la minúscula Pentax Q7
El pasado día de Navidad, día de su estreno, fui a ver «La vida secreta de Walter Mitty». Hacía tiempo que ninguna película despertaba en mí esa clase de interés que te lleva a ir al estreno. Me gustó, aunque me quedó la sensación de que con los mismos materiales la película pudo haber sido mucho más. Aunque un amigo dice que la opción evidente hubiera sido entrar en el terreno de la película de «auto-ayuda», como disecciona antoninj en un debate de reddit, con lo que el camino tomado por Ben Stiller lo hace en cierta forma más interesante: Al final, en la vida el azar juega su papel.
La fotografía juega un papel fundamental en la película. El protagonista, interpretado por Ben Stiller, trabaja positivando fotos analógicas en la revista Life y su vida se pone patas arriba cuando desaparece el negativo de una foto destinada a ir en portada. Muchas escenas transcurren en la redacción de la revista, donde vemos portadas que fueron creadas a propósito para la película usando los archivos de la revista.
El protagonista cree que el negativo de la foto quedó en manos de su autor por error y parte en busca de él, en un viaje que le lleva por Groeanlandia, Islandia y el Himalaya. Cuando finalmente localiza al fotógrafo, interpretado por Sean Penn, lo encuena con una Nikon F3/T (y un teleobjetivo mucho más moderno para cámaras digitales) intentado fotografiar al esquivo leopardo de las nieves. Es un fotógrafo de la vieja escuela.
Cuando aparece el leopardo de las nieves en el visor, el personaje de Sean Penn no aprieta el disparador. Y deja pasar los segundos. El personaje de Ben Stiller le pregunta cuándo va a hacer la foto. «A veces no la hago. Si disfruto de un momento, para mí, personalmente, no me gusta tener la distracción de la cámara. Simplemente quiero formar paret de él». Y eso es algo que a veces he sentido.
Netflix es un servicio on-line para ver películas en varias plataformas (PC, tablet, videoconsolas..) por el que se paga una cuota mensual. Los usuarios tienen la posibilidad de votar las películas tras verlas, información que Netflix usa para recomendarte películas del mismo género. Sólo que los géneros cinematográficos para Netflix no son los habituales (drama, acción, comedia, terror, etc.) sino mucho más complejos. Alexis C. Madrigal se dio cuenta de ello y descubrió que la página web de Netflix asigna en su URL un código numérico a cada género. Tras desarrollar un programa que generara las sucesiva URLs y recogiera la descripción del género, obtuvo la lista completa: 76.897 géneros cinematográficos diferentes.
Las descripciones de géneros de Netflix siguen una gramática particular: «Región de Origen + Adjetivos + Género + Basado en + Situado + De los años + Temática + Para las edades X a Y años». A este modelo se le unen varios modificadores como «con un personaje femenino protagonista fuerte» o «para románticos sin remedios». Varios ejemplos reales son:
British set in Europe Sci-Fi & Fantasy from the 1960s
Romantic Indian Crime Dramas
Japanese Sports Movies
Violent Suspenseful Action & Adventure from the 1980s
A Alexis C. Madrigal le pareció muy interesante el descubrimiento y programó un «creador aleatorio de géneros» que se puede probar en la cabecera de su artículo. Aquí están varios de mis resultados:
«Showbiz Opposites Attract Satires Set in the Edwardian Era About Friendship»
«Evil Kid Alien Mysteries Based on Books Set in Africa With a Strong Female Lead»
«Reunited Lovers Gangster Period Pieces Based on Contemporary Literature Set in Ancient Times About Horses»
«Political Travel Fairy Tales Set in Europe About Food With a Strong Female Lead»
Tras jugar con los datos, Alexis C. Madrigal contacto con Netflix y pidió hablar con el creador del sistema, que resultó un tal Todd Yellin. El sistema resultó ser en la realidad mucho más complejo e interesante. Netflix le paga a personas para que vean las películas y rellenan una ficha donde tienen que darle una puntuación a conceptos como «romántica» o «termina bien». Así, Netflix a partir de tus votos a las películas que ven puede saber la clase de película que en realidad te gusta aunque tú mismo no seas conscientes. Por ejemplo, películas de acción con mucha violencia pero en la que el chico al final se termina llevando a la chica y los buenos ganan. ¿Servirá esto para que Hollywood tome nota del mínimo común denominador o para que alguien se anime a hacer películos con elementos altamente valorados pero que nadie ha uso nunca juntos? ¡Yo no puedo esperar para ver una comedia romántica musical japonesa con vampiros ambientada en la Edad Media!.
René Lavand es un ilusionista argentino que por culpa de un accidente siendo niño se vio con el uso de la mano izquierda solamente. Lo que fue en principio una dificultad para alguien que se quería dedicar al ilusionismo, lo convirtió en una característica fundamental de su espectáculo. René Lavand hace sus trucos con una sola mano con una parsimonia que parece que casi no le cuestan esfuerzo. Como se llama uno de sus números, ¡no se puede hacer más lento!