Categoría: Res Pública

  • Gregorio Morán sobre la Transición

    Pasados ya los días en que el asunto ocupó todos los medios y celebrado los funerales de Estado, es un buen momento para recuperar la entrevista que Antonio Yelo le hizo a Greogorio Morán en Jot Down. Basta ver la frase de Gregorio Morán que han escogido en Jot Down como título para saber que Adolfo Suárez y otros muchos no salen bien parados. Me pareció interesante lo que cuenta  de Torcuato Fernández-Miranda, un personaje que ha desaparecido de la «historia oficial» de la Transición y fue ese personaje en la sombra que movía lo hilos, digno de una película.

    Gregorio Morán ha escrito libros sobre Adolfo Suárez, la Transición, el PCE…   Íñigo Sáenz de Ugarte dijo de él que «no pilló un despacho, un sueldo vitalicio o una tertulia» y «a cambio de eso, escribe de lo que quiere». Siempre me ha interesado el relato de los que están de vuelta, los arrepentidos o los desencantados. Aunque en las comentarios en Jot Down alguien señala que Gregorio Morán cumple en el diario barcelonés La Vanguardia el típico papel de ex-izquierdista que carga contra los que fueron los suyos desde un periódico de derechas. Pensemos en el ex-stalinista Carlos Semprún Maura y el ex-«guerrillero» Horacio Vázquez-Rial en Libertad Digital. Nadie machaca con tanto entusiasmo a la izquierda como la gente de izquierda.

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  • Mientras tanto, en Rusia

    Mientras tanto, en Rusia

    Nadezhda Tolokonnikova

    El año pasado me dediqué a publicar en mi muro de Facebook noticias sobre el encarcelamiento de las tres activistas del colectivo ruso Pussy Riot. Lo hacía de una forma autoparódica, aprovechando cualquier excusa para colgar fotos de Nadezhda Tolokonnikova, como si mi único motivo para interesarme por el caso fuera ella. Creo, todo hay que decirlo, que la sutil parodia del occidental bienpensante que se interesa por una causa política sólo por motivos superficiales se perdió en su sutileza. La cuestión es que, obnubilado por Nadezhda desde que compareció ante el juez con una camiseta que decía «No pasarán» o no, empecé a seguir el asunto.

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    El grupo saltó a la fama por una filmación en el interior de la catedral moscovita de Cristo El Salvador hecha el 21 de febrero de 2012.. Es un templo suntuoso construido tras la caída del comunismo y que representa el actual maridaje entre el poder político ruso y la iglesia ortodoxa. Precisamente por ello escogieron el lugar para grabar un vídeo musical en el que interpretan la canción «Madre de Dios, líbranos de Putin». El grupo lo calificó como una «plegaria punk». Tras difundirse el vídeo, estalló un enorme escándalo en la pacata y conservadora sociedad rusa. Ir en contra del gobierno y de la iglesia les supuso a las intérpretes de la actuación varias acusaciones, como la muy severa de «odio religioso» que dio con los huesos de tres de ellas en la cárcel. Finalmente, ante la proximidad de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, fueron puestas en libertad. Después de su liberación, llegaron la gira por Occidente, la participación en actos públicos, la exposición ante los medios, las tensiones internas en el grupo, etc. que posiblemente lleven a su disolución o fractura. La cuestión es que el grupo no era una banda punk, sino que nació como un colectivo de arte.

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    Estos días estoy leyendo Word Will Brake Cement: The Passion of Pussy Riot y lo que más me está llamando la atención es el contexto social, político y cultural ruso. He caído en la cuenta por ello lo poco que sabemos de la sociedad rusa. En el libro se nos presenta como un país donde la democracia es una farsa, el sistema judicial no es digno de ese nombre y la policía es terriblemente corrupta y brutal, mientras la sociedad civil es sencillamente apática. Además, los valores dominantes son tremendamente machistas y homófobos. Sin ir más lejos, Rusia Hoy contaba el 8 de marzo Por qué las mujeres rusas suelen rechazar el feminismo». Los miembros del colectivo Pussy Riot eran todos estudiantes de arte, filosofía, humanidades o periodismo que se encontraron con el desconocimiento sobre vanguardias artísticas y ciertas corrientes de pensamiento occidental. Así que compartiendo la pasión por ellas y de forma autodidacta se lanzaron a ocupar ese vacío. Esa parte del relato me generó una cierta nostalgia. Ellos eran unos bichos raros que sufrieron en soledad el colegio, en el instituto o en la universidad la soledad del diferente hasta que encontraron un grupo de semejantes.

    Leer sobre Rusia me lleva a pensar sobre España. Aquí también hay motivos para rebelarse, hacerse activista y hacerse oir. En definitiva, «hacer algo». Pero con tanto ruido, tanta convocatoria y tanta causa ¿qué se puede hacer que merezca la pena? Se acercan las elecciones europeas y voy camino de perder la cuenta de los grupos que pretenden cuestionar el orden de las cosas. Ya sabemos, la «unidad de la izquierda». En Rusia, Pussy Riot se encontró con que estaba todo por contarse y explicarse. Aquí nos pasa lo contrario. Estamos saturados de explicaciones y de profetas. Creo que voy a tener que darle vueltas aquí a todo esto.

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  • ¿Agredir poco o menos que?

    ¿Agredir poco o menos que?

    La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea sacó recientemente un informe sobre las agresiones a mujeres en la Unión Europea. Así descubrimos que en la civilizada Europa del Norte (Holanda, Dinamarca, Suecia y Finlandia) las mujeres con más de 15 años que afirman haber sufrido violencia a manos de sus parejas superan el 45%, con Reino Unido y Francia muy cerca con un 44%.

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    Vía El Diario.es

    Por el contrario, en la Europa meridional y Mediterránea que va desde Portugal a Chipre pasando por Eslovenia y Croacia, el porcentaje es menor. En la noticia que da ElDiario.es sobre el asunto se habla de que las estadísticas reflejan sólo que en unos países hay mayor conciencia del asunto, se habla más de él y se denuncia más. Es decir, que en los países de la Europa meridional las estadísticas son menores porque muchas mujeres que han sufrido una agresión por parte de sus parejas tienen asumido que eso es «normal» o jamás hablarían de ello con un extraño que le está haciendo una encuesta. Aún así he leído en varios lugares a personas señalar que en «España se pega menos» como un motivo para estar satisfechos. Es esa lógica extraña de alegrarse porque la «gasolina es aquí más barata que en Alemania». Pero asumiendo por un momento que ese 22% en España según datos del estudio de la Unión Europea fueran ciertos, ¿podemos estar satisfechos con una de cada cinco mujeres habiendo sido víctimas de violencia machista?

  • Vía de salida

    Decíamos ayer que las medidas políticas que está tomando el actual gobierno no responden a la coyuntura económica, sino que son una etapa más de un proceso histórico que arrancó con el fin de la Guerra Fría y que supone el fin del Estado del Bienestar. Dicho en términos sencillos, sobre las cenizas de la Europa arrasada en la Segunda Guerra Mundial se creó el consenso político de que el Estado debía garantizar a la clase trabajadora toda una serie de derechos ante la amenaza ideológica que suponía el comunismo como sistema competidor. Hoy no existe alternativa política.  Desde la perspectiva del capital global, el bienestar de la clase trabajadora es intrascendente porque los mercados están repartidos por el resto del mundo y siempre hay países alternativos a los que trasladar la producción. Al contrario, vemos cómo trabajadores de una misma multinacional compiten a la baja por la asignación de producción a su factoría y cuando se logra es celebrado como un triunfo en la prensa. Sin ir más lejos, véase el caso de los trabajadores de la factoría de Ford en Almussafes (Valencia) que votaron a favor de congelar su sueldo en 2014 y con ello aseguraron producción hasta 2018. El capital es global y las luchas obreras tienen horizontes locales.

    Entender todo esto es importante a la hora de poner en contexto las luchas sociales y sus objetivos estratégicos. Yo recuerdo los debates en mi facultad a raíz del nacimiento del Movimiento Antiglobalización con las manifestaciones del 30 de noviembre de 1999 en Seattle. Se rechabazaba al movimiento por interclasista y al propio término de globalización para remitirse a Lenin y su crítica del imperialismo («fase superior del capitalismo»). Lectores de Toffler y de Castells éramos en aquella facultad de Sociología pocos, lo que explica la indefensión intelecual de mis compañeros ante aquellos paleomarxistas. Luego, el movimiento se extinguió con el cambio de agenda política internacional tras el 11-S. Pero esa es otra historia. Lo que hay que recordar es que la génesis del 15-M en España está en aquella primera movilización en mayo de 2006 porque la vivienda estaba cara en pleno cénit de la burbuja inmobiliaria. A pesar de todo, ¿es factible lograr políticamente que todo vuelva a ser como antes de la crisis? Hay que añadir que desde la participación de España en la globalización y la integración en el euro se ha cedido soberanía a los «mercados» y al Banco Central Europeo. Así que no se trata de votar al partido que prometa salvar el Estado del Bienestar y proteger derechos de los trabajadores, sino que el margen de maniobra de los gobiernos es reducido. Una medida equivocada y la Bolsa se hunde, la agencias calificadoras de riesgo rebajan la nota a España y sube la prima de riesgo. Sólo quienes a estas alturas disocian economía y política pueden crear un programa político como el de la plataforma «Podemos», impulsada por el telegénico Pablo Iglesias. Sospecho que tanta ignorancia en Economía es el lastre de una formación marxista que les lleva pensar que toda ella no es ciencia sino ideología. Ya Alberto Noguera se ocupó de destripar el programa económico en su blog con su mala leche habitual y su peculiar visión de la realidad que no necesariamente comparto.

    Así que esta es la larga explicación de por qué en este blog no trato la última noticia indignante sobre la crisis o la última iniciativa social, para dedicarme en cambio a hablar de fotografía, arquitectura o canciones que me gustan. No es que me quiera refugiar cínicamente en las experiencias estéticas de espaldas al mundo. Es que creo que se está luchando poco y de forma desencaminada. Si se trata de un problema de correlación de fuerzas habrá que generar en la calle un problema tal que obligue al gobierno a frenar y rectificar. No entro ahora en detalles, que con la ley en la mano podría terminar ante un juez. Pero creo que el barrio burgalés del Gamonal marcó el camino.

  • Correlación de fuerzas

    Llevo semanas ocupado con la interminable tarea de poner orden y hacer limpieza en mis libros, papeles y  trastos. Encontré una carpeta llena de recortes sobre la crisis económica de principios de los noventa, aquella que siguió a la Guerra del Golfo. Las noticias de los periódicos hablaban del paro, de precariedad, del cierre de empresas en España que trasladaban su producción a Europa del Este o Marruecos, de las peticiones de más recortes sociales hechos por altos cargos de empresas e instituciones internacionales y también de cómo las marcas de lujo aumentaban sus beneficios a pesar de la crisis.  Acumulé tantos recortes porque era la era pre-Internet y los medios en papel era la única forma de enterarte de lo que pasaba en el mundo.

    La carpeta era una cápsula del tiempo con noticias que podían haber tenido fecha de ayer mismo. La cuestión es que no estamos asistiendo a la aplicación de una doctrina del shock, aprovechando la coyuntura de la actual crisis, sino a la aceleración de un proceso histórico de desmantelamiento del Estado del Bienestar y transformación del mercado laboral. que comenzó con el fin de la Guerra Fría y la desaparición del comunismo en la Europa del Este.

    Se suele datar el nacimiento del Estado del Bienestar en la Alemania de Bismarck.  Pero lo que algún despistado suele atribuir a la benevolencia del Canciller de Hierro sucedió en un contexto de fuerte combatividad de la clase obrera. Eran los tiempos de las grandes factorías donde miles de obreros compartían las mismas penosas condiciones de trabajo. Precisamente Karl Marx escribió El Capital con la preocupación de que la gran revolución obrera iba a estallar antes de que él acabara su obra. Birsmarck decretó las Leyes Anti-socialistas a finales de la década de 1870 para luego crear las pensiones de jubilación y los seguros de enfermedad y desempleo en una evidente estrategia del palo y la zanahoria.

    Más allá de los países nórdicos, la generalización del Estado del Bienestar  llegó tras la Segunda Guerra Mundial. En países como Francia e Italia la resistencia contra la ocupación nazi la habían protagonizado los comunistas. En una de las películas del cura Don Camilo se descubre que alguien del pueblo había escondido en un granero un carro de combate M-24 robado durante la Segunda Guerra Mundial para hacer la revolución cuando acabara la guerra. La situación de pobreza era tan generalizada en Alemania que el arzobizpo de Colonia, Josef Frings, aprobó robar por necesidad. Así que existía el temor a que la clase obrera europea considerase la Unión Soviética un modelo a seguir, aunque sólo fuera porque no se tenía verdadera consciencia de los horrores soviéticos. Del consenso compartido de que a la clase obrera se le debía proveer de un educación, salud y derechos laborales surgió el modelo bipartidista donde social-demócratas y demócrata-cristianos se alternaron o compartieron gobiernos durante décadas en muchos países europeos. Aquel período se conoce en Francia como los 30 años gloriosos, que coincide con el «milagro económico» alemán. Es la era en que la clase obrera accede al consumo masivo, alejando el espectro de la revolución. 

    La caída de la Unión Soviética y el desmantelamiento del comunismo llegó cuando el modelo económico de la postguerra había entrado en crisis a partir de 1973.  El resto de la historia es conocida. Los gobiernos se mantienen dentro de una cierta ortodoxia económica para atraer inversores que instalen negocios y compren deuda pública bajo la atenta mirada de las agencias calificadoras de deuda que le ponen «nota» a los gobiernos, porque siempre corren el riesgo de que las inversiones vuelen a otro país que ofrezca mejores condiciones y la divisa nacional se resienta en los mercados internacionales. En esa lógica los trabajadores de una misma empresa multinacional compiten entre ellos a la baja para que se les asigne trabajo, ofreciéndose a trabajar más y reducirse el sueldo bajo la persistente amenaza de que la producción será desviada a otra factoría.

    La correlación de fuerzas cambió y las medidas sociales ya no son necesarias para mantener a raya a la clase obrera. Warren Buffett decía en 2006 que existía la guerra de clases, «pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está haciendo la guerra y estamos ganando». Curiosamente cinco años después, en plena crisis, era más tajante al afirmar que «ha habido un guerra de clases en curso durante los últimos veinte años y mi clase ha ganado».

  • Y Pablo Iglesias se sacrificó por todos nosotros

    En primero de carrera teníamos a un compañero que había estado nueve años en la universidad. Creo que hasta entonces no había sacado ninguna carrera y la nuestra era la segunda o tercera que empezaba. La razón de su apego a la vida universitaria es que él era líder estudiantil. En aquellos años pasó del independentismo al trotskismo. Llegó a encabezar las listas al congreso por el POSI, uno de esos partidos cuyos miembros locales cabían en una furgoneta. Adornaban su condición de líder estudiantil ser bien parecido y tener labia. Más de una chica recién llegada de la secundaria quedó fascinada por él y su melena.

    Recuerdo que en segundo de carrera hubo elecciones a un órgano de gobierno de la facultad. Y él anunció que no se iba a presentar porque estaba decepcionado de la política universitaria y no me acuerdo qué otras razones. La gente se sorprendió y se alzaron las voces rogándole que reconsiderara su decisión, cosa que hizo. Aquello me pareció muy cómico. Me pareció una maniobra calculada para escenificar el lanzamiento de su candidatura, aupada por la aclamación de las masas.

    Estos días el telegénico Pablo Iglesias ha lanzado «Podemos», una plataforma que pretende hacer una consulta popular para respaldar una candidatura de izquierda en las próximas elecciones europeas. Él llevaba tiempo diciendo en charlas y entrevistas que hubiera apoyado una candidatura encabezada por Ada Colau, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Que hacía falta un nuevo partido de izquierdas en España (¡otro!). Y ahora ha lanzado «Podemos» porque nadie había aceptado el desafío. Él se sacrifica por todos nosotros asumiendo la ingrata tarea de ser candidato a las elecciones europeas. Porque claro, él no quería.

  • Revolución sin el proletariado

    Cibersomosaguas, «grupo de investigación teórica y aplicada sobre los procesos de estructuración y movilidad social en torno a los espacios y mediaciones tecnológicas» asumió hace pocos años la gestión de la revista académica Teknokultura, Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales. Curiosamente nació en Puerto Rico, donde vivió una primera era entre 2001 y 2008, antes de que la antorcha fuera entregada a Cibersomosaguas.

    El último número de Teknocultura se titula «Cyborgs/Power + Cyborg/Art: Race, Gender, Class», una prueba de que el posthumanismo no ha muerto. Pero de los temas habituales de Teknokultura hablaremos en el futuro. Lo que me llamó la atención fue la reseña hecha por César Rendueles, autor de Sociofobia, del libro Chavs: The Demonization of the Working Class de Owen Jones (Los chavs son el equivalente británico a los canis españoles, un fenómeno que tiene su réplica en toda Europa).

    Víctor Lenore recogió el debate en una réplica a un comentario al libro de Rendueles de Antonio Baños en La Marea. Tenemos una izquieda que quiere transformar la realidad pero que está formada por licenciados universitarios (en paro o subempleados con trabajos precarios) a los que les sepera un abismo de la nueva clase obrera de barriada que luce tatuajes y piercings, se mueve en coches tuneados y que desde luego no aspira a hacer la revolución, sino a tener una televisión de pantalla plana, el último modelo de consola de videojuegos y ropa de marca. Un abismo que refleja una frase que dijo alguien en un programa de televisión, «¿de qué sirve saber la capital de Argentina si luego no te sabes ni hacer la raya del ojo?»

    Víctor Lenore, que titula a su artículo «Por qué la revolución será “choni” (o no será)» afirma que «en vez de menospreciarlos, suena más sensato hacer un esfuerzo por conocerlos y articular luchas conjuntas» frente al lamento de Antonio Baños, que airea sus credenciales de viejo militante de izquierda y muestra su distanciamiento de estas «nuevas culturas del hiperconsumo y del patriarcado» mientras se pregunta «¿cómo se repolitiza a un cani?.

  • Pablo Iglesias Turrión por fin explica su programa político

    Llevo tiempo viendo vídeos de Pablo Iglesias, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid y tertuliano televisivo, que comenzó su carrera mediática en el programa «La Tuerka» de Tele K de Vallecas. Pablo Iglesias es un tipo formado y elocuente, que da mucho juego en televisión, así que ha terminado apareciendo hasta en las tertulias de Interconomía TV. Ahora presenta el programa «Fort Apache» en HispánTV, la televisión en español del régimen de los ayatolás iraníes. La cabecera del programa es impagable, con Pablo Iglesias vestido con una cazadora de cuero y en moto. Pero me desvío. La cuestión es que Pablo Iglesias no para de dar conferencias sobre el papel de los medios de comunicación en esta crisis. Su discurso es bastante interesante. Considera que la crisis supone una oportunidad porque las grietas internas en los partidos dominantes abren espacios para que otras fuerzas políticas rompan el bipartidismo y porque el agotamiento del discurso de los partidos mayoritarios hace que voces como la suya sean invitadas a programas de cadenas generalistas. Explica su estrategia en térmnos de Antonio Gramsci. A pesar de la situación económica de la gente, el status quo se mantiene por la hegemonía cultural que ejercen las clases dominantes. La batalla está, entonces, en luchar por esa hegemonía. Pablo Iglesias explica así que haya optado por vestir corbata, negarse a decir que e su programa realizan «contrainformación» o «información alternativa», ir a los canales de televisión del «enemigo», usar un lenguaje sencillo, etc. El objetivo es normalizar el discurso de izquierdas y habla en unos términos que entienda la gente que no ha abierto en su vida un libro marxista. La lucha está en transformar el consenso de lo que es normal, que no deja de ser una construcción social. Es un discurso bastante interesante y  Pablo Iglesias es un tipo bastante elocuente. Pero llevo tiempo preguntándome más allá de su estrategia comunicativa, qué programa político defiende. Y en este breve monólogo lo explica. Me temo que es una lista de demasiadas cosas que acabarían mal.

  • California marca el camino

    Primero fue la victoria de Bill de Blasio en las primarias demócratas de Nueva York y ahora encuentro a Bill Maher contar cómo el peso demográfico y económico de California, ese «oasis» progre en EE.UU., está arrastrando al resto de Estados Unidos hacia posiciones menos conservadoras.

  • ¿Una nueva izquierda en Estados Unidos?

    Bill de Blasio se ha convertido en el candidato demócrata a la alcaldía de Nueva York. Está casado con la activista y poeta Chirlane McCray. Su familia es eso que se dice «birracial» en Estados Unidos y resultó bastante «fotogénica» frente a las cámaras durante la campaña. Pero lo interesante aquí es que Peter Beinar señala en The Daily Best su victoria como la aparición de una Nueva Izquierda en Estados Unidos.