Llevo demasiado tiempo sintiendo que el activismo político de izquierda ha quedado convertido en una mera cuestión estética. Ha quedado reducido a una forma de estar en el mundo y no de ser o hacer. Identificas a alguien por su postura a favor o en contra de temas abstractos y lejanos, sea Cuba, Palestina o el Sáhara, que no es en el fondo más que una forma de presentarte ante los demás en una conversación. Algo que se materializa en el «Me Gusta» de Facebook y que ha venido en llamarse «Cultura de la Adhesión». España está tan carente de referentes referentes intelectuales que han tenido que ser importados de fuera.
El 15-M ha quedado en un happening.
[Y] podríamos hablar de esa sensación de euforia desinflada después del grito mudo. De cómo en los corrillos agrupados alrededor del caballo unos se miraban a otros y decían: “Bueno… ¿y ahora qué?”. Y de cómo el de enfrente le miraba como diciendo… “ah, ¿pero vosotros no teníais una sorpresa preparada?”. Y no. La expectación era tan grande que todo el mundo pensaba que el de al lado tenía un gran plan trazado. Y no.
Deja un comentario