Yo era oyente de «Diálogos» en Radio3. Descubrí un montón de música gracias a Ramón Trecet. Recuerdo que escuchaba su programa tumbado en la cama en mi cuarto después de comer antes de salir para clase. Odiaba lo que estudiaba, la mayoría de las cosas en mi vida no funcionaban y aquella música era la puerta a otro mundo. Trecet hablaba de música y en realidad lo hacía de la vida y el mundo, como hace cuando habla de deporte. Es difícil explicar el efecto que causaba. A veces comentaba correos electrónicos que le llegaban y tengo referencias de otros oyentes que lo conocieron antes que yo por lo que sé que sus visión de las cosas nos inspiraba. Supongo que todos los que escuchábamos aquellas músicas minoritarias (Hedningarna, Philip Glass o Alkistis Protopsaltis) éramos los típicos empollones frikis solitarios cortados por el mismo patrón. Compartíamos cierta ética y cierto sentido de la épica.
Me he acordado de “buscad la belleza ahí fuera, porque es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo” en estos días de reformas legislativas para criminalizar las protestas en plena crisis del Estado del Bienestar. Así que disculpen que no sea más político.
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