• Mañana es el Día de Reyes, así que os voy a proporcionar una lista de regalos por si os toca la Lotería del Niño y os sentís generosos.

    Bueno, la cuestión es que estaba repasando la lista que tengo por ahí que siempre mantengo de cacharros, chismes y trastos que me gustaría comprar y caí en la cuenta que bien parece una lista de preparación para el apocalipsis zombie. Así que merece la pena preguntarse en qué momento se coló en mi cabeza la predilección por el tacti-cool.

    Recuerdo moverme por el campus de mi universidad con mi forro polar Diamir de fibra Polartec® 300 y mi mochila McKinley. Por aquel entonces leí Bobos en el paraíso donde David Brooks contaba sobre la aparición de una nueva generación (bourgeois bohemian) que rechazaba el consumo ostentoso de sus padres pero había adoptado un estilo de vida igualmente caro donde se valoraba lo auténtico, lo práctico, el contacto con la naturaleza, etc. Es decir, esta nueva generación no se iba de vacaciones al Caribe, sino de trekking a los Andes; antes que un sedán Mercedes-Benz señorial, conduce un todocaminos; no gasta dinero en champagne y caviar pero paga gustosa el sobreprecio de la agricultura orgánica, ecológica y de Comercio Justo. En varios de estos elementos Brooks señalaba la atracción por la estética montañera que sentían personas que posiblemente nunca salían de la ciudad. Y así describía el flujo en un centro comercial en Seattle de visitantes pertrechados con chaquetas técnicas de Goretex® bien lejos de la montaña, igual que sus vehículos 4×4 nunca abandonan el asfalto. El auge de los valores de esta generación es una de las razones que los fabricantes de automóviles pasaran de fabricar todoterrenos a fabricar todocaminos.

    Así que empezaremos con la sustituta de mi sólida Pentax K10D, lanzada por Pentax a finales de 2006. En este tiempo la compañía ha sufrido dos veces un cambio de dueño y su estrategia en el sector de las cámara sin espejo parece bastante errática. Pero en el terreno de las réflex digitales sigue dando en el clavo con sus modelos avanzados. Este año Pentax ha lanzado como su cabeza de gama la K3. Creo que cabe destacar que en The Camera Store TV la han elegido una de las tres mejores cámaras del año en uno de esos vídeos simpáticos que sacan cada Navidad. Yo optaría por la K3 acompañada por el objetivo Pentax 18-135 (equivalente a 28-200 en una cámara de carrete de 35mm.) con resistencia al agua. Por cierto, creo que basta este vídeo de un soldado en Afganistán mostrando la resistencia de sus cámaras Pentax para conocer de qué estamos hablando.

    Como la Pentax K3 con el objetivo 18-135WR es bastante cara, pasaré algo mucho más económico: Pantalones en camuflajes avanzados. Sé que es una contradicción cuando es recomendable ser fácilmente localizable. Pero me voy al monte a hacer rutas de senderismo con pantalones de camuflaje. Ya me ha pasado de que alguien que venía caminando detrás mío mirando el camino sintiera que por unos segundos mis piernas «desaparecían» en el entorno. Lo compenso con una mochila en un color bastante llamativo.  Los pantalones militares son duros y prácticos, con un montón de bolsillos. En mi lista están los pantalones en camuflaje Pencott Badlands y en camuflaje A-TACS AU.

    Siguiendo con el aire libre y la montaña, me encantan los cuchillos. Tengo en casa desde un cuchillo de combate Glock a un kukri que mandé a pedir a Nepal. Mi autoregalo de Reyes esta vez ha sido una herramienta Leatherman Wingman. En mi lista están dos clásicos: El cuchillo de supervivencia Ontario y una reproducción de la daga Fairbarn-Sykes.

    Sobre decir que mi móvil Android es sumergible y resistente al polvo. Pero no me fío un pelo del sistema de cierre hermético de la carcasa. Descubrí lo atroz del diseño después de comprarlo. Así que a pesar de que no tengo un año con él he estado mirando por curiosidad las alternativas. Los comentarios de los usuarios del nuevo teléfono todoterreno que comercializa Decathlon son bastante contradictorios y el Samsung Xcover 2 aparece y desaparece en las tiendas de Internet. La verdad en este campo es que mi teléfono ideal sería el cruce de una Blackberry de última generación con un teléfono Casio (¡cómo resistirse a un teléfono bautizado «Commando»). Y por seguir con las comunicaciones, en el último apagón sufrido en casa descubrí con horror que mi radio multibanda con carga a manivela Etón FR 250 ya no funciona. Así que añadiré a la lista una Etón FR360, que ahora viene con cargador solar y conexión USB.

    Supongo que para cualquier sociólogo del consumo, mi preferencia por la cultura  prepper antes que la preppy, es un evidente reflejo de la construcción social de la masculinidad. Y así, mientras los hombres podemos burlarnos de la atención y el dinero que las mujeres están  dispuetas a emplear en la moda, como resultado de los valores de la misma sociedad machista un tipo como yo termina fascinado por todos los cacharros electrónicos a prueba de golpes e inmersiones en la agua que son la promesa de una vida llena de aventuras en plena naturaleza para el Walter Mitty que todos llevamos dentro.

  • A estas alturas no me molesta confesarlo. No soy especialmente cinéfilo. Aunque he contado con el beneficio de la duda que aporta ser una persona medianamente culta. Los demás lo dan por hecho cuando te oyen hablar de música o literatura. Otro día contaré por qué mi distanciamiento del cine intelectual (historias desgarradoras que acaban mal o el cine de crítica social), lo que quizás tiene que ver con mi vínculo con las ciencias sociales y la realidad tal cual es.

    Quiero ver películas para pasar un buen rato y quedarme satisfecho porque los buenos ganan, el empollón friki se lleva a la chica y queda margen para la esperanza en el mundo. Así que veo mucho cine sin pretenciones. Y me pasa a menudo que termino disfrutando más y haciendo lecturas personales más profundas de películas que nadie toma en serio frente a otras avaladas por la crítica o el boca a boca. Me pasó, por ejemplo, con «Milla 8» frente «El hijo de la novia». Y me pasó recientemente con dos películas de Hollywood ambientadas en Sillicon Valley.

    En primer lugar tenemos «Los becarios». Vince Vaughn  y Owen Wilson repiten el tándem que formaron en «De boda en boda». Esta vez interpretan a dos tipos a los que la crisis les pasa por encima y se lanzan al mercado laboral en un mundo que ha cambiado. Echándole bastante morro, y porque la «ignorancia es atrevida», se inscriben en un programa de Google que forma equipos que compiten por ser admitidos como becarios. Los protagonistas terminan con los marginados que nadie ha aceptado en su equipo. Tras la desconfianza inicial que provocan al demostrar que no tienen la más mínima idea de Internet y programación, terminan aportando al equipo su experiencia en la vida y un enfoque diferente a los problemas. Al final, la película presenta la importancia del trabajo en equipo y el valor de la amistad frente al «todo vale» para ganar. Habla de la importancia de la diversidad en los equipos para contar siempre con aportaciones interesantes y de la importancia de la inteligencia emocional, además de la necesidad de alcanzar un equilibrio entre metas y disfrute del presente. En definitiva es una película ligera y amable, ensamblada sobre los estereotipos del empollón friki con pocas habilidades sociales.

    Y luego, tenemos otra película con pretenciones de profundidad y fidelidad a la realidad: jOBS, protagonizada por Ashton Kutcher. La película arranca con la fase de la juventud de Steve Jobs en que experimenta con las drogas, viaja a la India y decide dejar la universidad para quedarse de oyente, antes de trabajar en Atari y comercializar un ordenador personal diseñado por su amigo Steve Wozniak. A partir de ahí, vemos el ascenso de la empresa que montan ambos, Apple. Wozniak pone el talento y Jobs las dotes comerciales. El retrato de Jobs no resulta nada amable. Se aprovecha de Wozniak cuando trabaja en Atari, se desentiende de su novia cuando ella le anuncia que está embarazada, vende los primeros ordenadores Apple haciendo promesas difíciles de cumplir y cuando la empresa crece resulta abrasivo con los empleados. El problema está en la dificultad de transmitir al espectador que Jobs es un genio. Es un tema que hubiera sido fácil de explicar en un documental, explicando el camino seguido por otros y lo rompedor que suponía el camino seguido por Jobs. Pero en esta película el asunto queda simplificado y el espectador sólo ve a un Jobs vehemente y furibundo que descarga su ira sobre los demás. Sólo porque vemos la película sabiendo de antemano en lo que Apple se convirtió podemos creernos que estamos ante el retrato de un genio y no de un cretino insufrible, como es el caso de la protagonista principal de «La hora más oscura». Y así la película enlaza escenas sin que tengamos más trama que el ascenso de Apple. Al menos en «La red social» el pleito contra Mark Zuckerberg constituía una trama sobre el que se iban engarzando los flash-backs que contaban el nacimiento y auge de Facebook. Así que «Jobs» es una película ambiciosa que falla en ser compleja y que nos cuenta algo que ya sospechábamos, los genios son insufribles de cerca.

  • Ayer marte 31 de diciembre de 2013 falleció el humorista John Fortune. Desde los años sesenta hizo pareja con John Bird. Yo los conocí por sus números de humor en los que uno de los dos entrevistaba al otro, que para la ocasión representaba ser un general británico, un dictador africano o un asesor político. El suyo era un humor que ridiculizaba al poder económico y político. A ambos le debemos la mejor explicación del estallido de la actual crisis financiera.

  • ¿Quién se acuerda de The KLF?

    Sin venir a cuento me acordé el otro día de The KLF, uno de aquellos grupos de la era dorada del eurobeat y la música «dance» a finales de los ochenta. ¿Quién se acuerda de Technotronic,  2 Unlimited y Snap!?

    The KLF fue un grupo diferente, con un sonido entre épico y salvaje rico en samplers. En alguna parte leí hace mucho que KLF significaba Kopyright Liberation Front y que sus miembros tras disolver el grupo habían quemado sus beneficios, un millón de libras esterlinas, en un lugar perdido. El asunto me sonaba a leyenda urbana y le pregunté a un amigo de mi generación por sus recuerdos del grupo. Me contó que él por su parte había leído que el grupo había destruido los materiales originales para que la discográfica no volvieran a publicar más discos suyos como fondo de catálogo . El asunto entraba ya en el terreno de la leyenda. Así que no me quedó más remedio que tratar de averiguar sobre The KLF.

    The KLF fue un dúo compuesto por los británicos Bill Drummond y Jimmy Cauty. Publicaron primero bajo nombres como «The Justified Ancients of Mu Mu» y «Timelords». El primer nombre hacía referencia al continente perdido de Mu y el segundo a Doctor Who, en lo que sería una constante en sus letras y acciones, con repetidas referencias entre cultas y frikis al situacionismo, anarquismo, la trilogía de ficción conspirativa The Illuminatus! o el discordianismo.

    En 1988 publicaron el libro The Manual (How to Have a Number One the Easy Way) en el que explicaban cómo llegara al número uno «sin dinero ni talento». Da la sensación de que el dúo fue el primer sorprendido por el enorme éxito comercial de su música y que mantuvo una incómoda relación con su propia figura pública. A pesar de su discurso en contra de la industria de la música y la música comercial de masas fuero aclamados por la crítica, fueron número uno de ventas y ganaron premios musicales. Al grupo le llovían las peticiones de colaboración y se convirtió en un símbolo de éxito de todo aquello que ellos mismos detestaban. En 1992, Bill Drummond llegó a un punto de profunda depresión.

    El 12 de febrero de 1992 The KLF actuó junto con el grupo Extreme Noise Terror en la gala de entrega de los BRIT Awards donde recibieron el galardón al grupo del año. Al término de la actuación Bill Drummon disparó una ráfaga de balas de fogueo contra el público mientras que por megafonía se decía que el dúo abandonaba la industria de la música. El 14 de mayo de 1992 el grupo anunció su disolución en un comunicado público (el número 23º)  y la desaparición de su música del catálogo de su discográfica en el Reino Unido (no así en Estados Unidos, por lo que en Amazon.co.uk puede encontrarse su música como «importaciones»).

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    Supongo que otros en otras circunstancias habrían terminado por acomodarse, pero The KLF decidió siempre tomar el camino alternativo y poner fin a una fulgurante carrera que duró cinco años, de 1987 a 1992. En un último gesto de dimensiones homéricas, Drummond y Cauty se trasladaron a la isla escocesa de Jura donde prendieron fuego al millón de libras esterlinas que les quedaba de los beneficios que habían obtenido con The KLF.

  • Cibersomosaguas, «grupo de investigación teórica y aplicada sobre los procesos de estructuración y movilidad social en torno a los espacios y mediaciones tecnológicas» asumió hace pocos años la gestión de la revista académica Teknokultura, Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales. Curiosamente nació en Puerto Rico, donde vivió una primera era entre 2001 y 2008, antes de que la antorcha fuera entregada a Cibersomosaguas.

    El último número de Teknocultura se titula «Cyborgs/Power + Cyborg/Art: Race, Gender, Class», una prueba de que el posthumanismo no ha muerto. Pero de los temas habituales de Teknokultura hablaremos en el futuro. Lo que me llamó la atención fue la reseña hecha por César Rendueles, autor de Sociofobia, del libro Chavs: The Demonization of the Working Class de Owen Jones (Los chavs son el equivalente británico a los canis españoles, un fenómeno que tiene su réplica en toda Europa).

    Víctor Lenore recogió el debate en una réplica a un comentario al libro de Rendueles de Antonio Baños en La Marea. Tenemos una izquieda que quiere transformar la realidad pero que está formada por licenciados universitarios (en paro o subempleados con trabajos precarios) a los que les sepera un abismo de la nueva clase obrera de barriada que luce tatuajes y piercings, se mueve en coches tuneados y que desde luego no aspira a hacer la revolución, sino a tener una televisión de pantalla plana, el último modelo de consola de videojuegos y ropa de marca. Un abismo que refleja una frase que dijo alguien en un programa de televisión, «¿de qué sirve saber la capital de Argentina si luego no te sabes ni hacer la raya del ojo?»

    Víctor Lenore, que titula a su artículo «Por qué la revolución será “choni” (o no será)» afirma que «en vez de menospreciarlos, suena más sensato hacer un esfuerzo por conocerlos y articular luchas conjuntas» frente al lamento de Antonio Baños, que airea sus credenciales de viejo militante de izquierda y muestra su distanciamiento de estas «nuevas culturas del hiperconsumo y del patriarcado» mientras se pregunta «¿cómo se repolitiza a un cani?.

  • La Luna sobre Madrid
  • He hecho un gran descubrimiento: La Revista Balcanes, que se presenta como un «proyecto de la ONG Probalkanes, con sede en Kosovo» y con «el objetivo de dar a conocer la región a través de los que viven, trabajan, viajan, leen, y se interesan por esta parte de Europa». Su editor es Ginés Alarcón.

    Es un descubrimiento a añadir al blog Balcanidades. Y es que los Balcanes es de esos sitios que visitas y te quedan ganas de volver para perderte en él.

  • Thomas Jullien ha recogido más de 800 imágenes subidas por usuarios de Instagram para componer un vídeo en el que vemos la poca originalidad de los hipsters.

    Ya lo dije aquí. Instagram es el demonio.

  • No hemos llegado ni a la segunda quincena de diciembre y empezamos a ver restropectivas del año. La agencia Reuters ha montado una galería con las que considera las mejores fotos del año 2013. Son fotos tremendas, dramáticas, truculentas, simbólicas, etc.  Hoy merece rescatar esta:

  • Juan Luis Chulilla Cano retomó su blog Tinta-e para explicarnos por qué había dejado de escribir sobre libros electrónicos.

    Los ereaders han tenido suerte con sobrevivir. Han encontrado un nicho estable con los lectores compulsivos, pero han perdido de manera aparentemente definitiva otros nichos abonados, como los estudiantes y los investigadores. Y ambos resultados responden a la misma característica: los ereaders no evolucionan funcionalmente desde 2010, cuando algunos modelos alcanzaron la madurez funcional necesaria para leer, y ahí se quedaron.

    Otra tecnología cuyo nacimiento, como los netbooks, celebré y que los oscuros designios del mercado, que se mueve con estímulos del tipo «burro grande ande o no ande», condenó.