Categoría: Música

  • El sonido de Malí

    Cuenta Ramón Lobo en «Este fuerte no se rinde» cómo los islamistas en el norte de Malí han prohibido la actividad de los músicos. Se trata precisamente un país africano con una tradición musical riquísima que tuve la suerte de descubrir gracias al disco de Toumani Diabaté y Taj Mahal.

  • Vuelve el rey

    Hace años una profesora de inglés nos explicó cómo la lengua inglesa tenía una cadencia, ritmo e inflexiones que hacía natural rapear. Eran elementos que faltaban en la lengua española. Y entonces entendí por qué los raperos en español eran malos de cojones. Se dedicaban a encadenar rimas sin ritmo. Y mira que lo intentaba. Algun artículo de periódico hablaba del disco de consagración de tal grupo o cómo el disco de tal otro llevaba al rap en español a un nuevo nivel. Pero a mí me sonaban todos igual de malos hasta que escuché «Un tipo cualquiera» de Tote King, un disco absolutamente redondo donde el rap en español por fin no sólo tenía rima, sino también ritmo y mensaje.

    En aquel disco iba oscilando entre los temas ligeros como «Botines», un viaje nostálgico por aquellos calzados por los que babeamos en nuestra infancia y adolescencia, o exhibiciones de flow como «El primer día del resto de tu vida» y declaraciones de principios de un rapero contra corriente como «Cuatro minutos te escupo». Ahora vuelve con su hermano, con el que colaboró en su primer disco.

  • Entre dos aguas

    Javier Limón viajó por España, Portugal, Estados Unidos, Venezuela, Brasil, Argentina, Turqía Israel y Cisjordania buscando el hilo conductor entre las culturas mediterráneas y las americanas en un flujo y reflujo que generan crisoles como Nueva York y Tel Aviv. Por suerte tenemos todos los episodios en la página web de RTVE.

  • Con el furor del converso

    Fui a concierto de Avishai Cohen por la más pura chiripa de que a un amigo con entradas lo dejaron tirado. Y ahora no paro de escucharlo buscando actuaciones en directo en Youtube de los temas que más me gustan. Así encuentro joyas como esta.

  • No sé cuándo volveré, así que voy a darlo todo

    Leonard Cohen estuvo el pasado mes de octubre en Madrid a sus 78 años. Después de perder su dinero por los trapicheos de su manager (que terminó con ella condenada a prisión) y cuando ya se le consideraba retirado del mundo de la música, volvió a pisar los escenarios. En ese último concierto de Madrid tras la primera canción dijo «no sé cuándo volveré, así que voy a darlo todo». Y lo dio durante cuatro horas. Lástima no haber estado ahí mientras Leonard Cohen no guardaba nada para la vuelta.

  • El desierto, la muerte y nada más

    Pertenecer al desierto, era, como ellos bien sabían la maldición de entablar una batalla sin fin con un enemigo que no era de este mundo, que no era la vida, ni nada, sino la esperanza como tal; y el fracaso le parecía a la humanidad una expresión de la libertad de Dios. Nosotros sólo podíamos ejercitar en libertad haciendo lo que estaba en nuestras manos hacer, porque entonces la vida nos pertenecería, y la dominaríamos al despreciarla. La muerte aparecería como la mejor de nuestras obras, la última y más libre lealtad a nuestro alcance, nuestro ocio final.

    Los Siete Pilares de la Sabiduría, T. E. Lawrence.

  • Nadie puede abrir semilla en el corazón del sueño

    Hace poco TVE emitió el documental «Tiempo de Leyenda» sobre la grabación del disco «La leyenda del tiempo», un disco rupturista e innovador de Camarón de 1979 que fue un fracaso comercial y que sólo los años lo elevaron a uno de los discos más importantes de la historia del flamenco.

    Para mí fue una sorpresa descubrir el papel pionero de Kiko Veneno en la fusión del flamenco con otros géneros. Él, a quien yo consideraba un autor menor, resultó ser el que puso en contacto a los hermanos Raimundo y Rafael Amador con la psicodelia de los años 70 o con géneros como el blues que Kiko había descubierto en un viaje por Estados Unidos. Fue él quien adaptó a Federico García Lorca al flamenco y el que le descubrió a Camarón las posibilidades de la fusión.

    Llevo, desde que vi el documental, leyendo e indagando. Llegué así a «Dame Veneno», un documental de Canal Sur sobre el grupo que formaron en los años 70 los hermanos Amador y Kiko, que terminaría adoptando el nombre del grupo como apellido tiempo después. Resulta curioso ver a Kiko Veneno cantar en una de sus canciones «Los tiempos viejos no mueren y los nuevos no acaban de nacer». El grupo sólo editó un disco pero marcó el camino que Camarón tomó para «La leyenda del tiempo». A los poemas de Federico García Lorca y Omar Jayam convertidos en música flamenco se unió guitarra eléctrica, bajo, batería, flauta travesera, sitar y órgano analógico Minimoog. Y el flamenco no volvió a ser el mismo.

  • My friends are gone and my hair is grey

    Debe ser la primera vez que me apetece insertar un vídeo de una canción y caigo en la cuenta de que ya había insertado otra versión de la misma canción. Pero es que siempre me ha caído bien Tom Jones y ha conseguido darle una aire de melancolía muy particular a la canción.

  • Billete de ida y vuelta

    Yo era un oyente del programa «Diálogos 3» presentado en Radio 3 por Ramón Trecet. Soy uno de tantos postadolescentes cuya educación emocional y estética se vio enriquecida por aquel programa. Dice al respecto Hipólito González:

    Ramón Trecet me descubrió otras músicas, muy alejadas de las que programan en las radios comerciales, que me encantaron y me engancharon desde el primer momento. Desde luego, no todo lo que programaba me gustaba, ni todo me gustaba igual, pero me abrió la puerta a un mundo nuevo, y me enseñó que había otras posibilidades, otras músicas, otras tradiciones y otras sensibilidades, y que valía la pena conocerlas y disfrutarlas.

    Uno de los artistas que me descubrió Ramón Trecet, allá por el año 1997, fue Nusrat Fateh Ali Khan, al que el sello Real World de Peter Gabriel había introducido al mercado occidental con la producción del guitarrista canadiense Michael Brook. En su segundo disco con Real World la música de Nusrat Fateh Ali Khan se alejaba del sonido «cacharrero» de la música tradicional pakistaní con arreglos muy occidentalizados.

    Cuando volví de las vacaciones de 1997 me encontré con la noticia de la muerte de Nusrat Fateh Ali Khan. ¡Pocos meses después de haber descubierto su música! El sello Real World publicó después de su muerte varios discos más, que recogían grabaciones donde Nusrat Fateh Ali Khan era acompañado por el conjunto con el que habitualmente cantaba en Pakistán. Recuerdo que uno de aquellos discos me decepcionó cuando lo compré. El sonido era mucho más «sucio» y «bruto» que las grabaciones con las que yo lo descubrí. Pero pasó el tiempo y empecé a disfrutar cada vez más su interpretación de los temas tradicionales de la música tradicional sufí de Pakistán, el qawali. Internet se convirtió en la puerta a su música según fui encontrando grabaciones en Youtube de sus actuaciones y conciertos. Así encontré mi interpretación favorita de «Allah Hoo».

    Decía Ramón Trecet que Nusrat Fateh Ali Khan era el mejor cantaor de flamenco fuera de España. Y un día llegó como una revelación. Me extasiaba con una música tan lejana y había ignorado toda la vida el flamenco, tan cercano geográficamente a mí y tan cercano estéticamente. Así, en 2005 descubrí el lanzamiento del disco «A mis soledades vengo» donde el purista José Menese cantaba poemas del Siglo de Oro español: Luis de Góngora, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Quevedo, Tirso de Molina y otros. Uno de los temas del disco incluye un poema atribuido a Fray Luis de León, famoso por aquello de «decíamos ayer», y que por lo visto compuso en su paso por una cárcel de la Inquisición:

    Aquí la envidia y mentira
    me tuvieron encerrado.
    ¡Dichoso el humilde estado
    del sabio que se retira
    de aqueste mundo malvado,
    y, con pobre mesa y casa,
    en el campo deleitoso,
    con sólo Dios se compasa
    y a solas su vida pasa,
    ni envidiado, ni envidioso!

  • Un centro de gravedad permanente

    Una conocida mencionó a Franco Battiato. Se sumó a la conversación alguien dispuesto a hacerse el gracioso ridiculizando a Battiato. Patinazo. A ella le gustaba. Surgieron nombres de canciones. Luego tuve ocasión de buscar en Internet, ver vídeos y repasar letras de canciones.

    Me produce vértigo recordar elementos que formaron parte de mi infancia y adolescencia. No sé si por la nostalgia de un tiempo pasado irrecuperable o por recordar la inocencia de aquella etapa en que uno creía que todo era posible. A lo mejor, por ambas cosas. Por envejecer y por perder la inocencia.

    Así que prefiero ver a Battiato tal cual es ahora, antes de recuperar un vídeo de aquella época.