Netflix y el Big Data

Netflix es un servicio on-line para ver películas en varias plataformas (PC, tablet, videoconsolas..) por el que se paga una cuota mensual. Los usuarios tienen la posibilidad de votar las películas tras verlas, información que Netflix usa para recomendarte películas del mismo género. Sólo que los géneros cinematográficos para Netflix no son los habituales (drama, acción, comedia, terror, etc.) sino mucho más complejos. Alexis C. Madrigal se dio cuenta de ello y descubrió que la página web de Netflix asigna en su URL un código numérico a cada género. Tras desarrollar un programa que generara las sucesiva URLs y recogiera la descripción del género, obtuvo la lista completa: 76.897 géneros cinematográficos diferentes.

Las descripciones de géneros de Netflix siguen una gramática particular: «Región de Origen + Adjetivos + Género + Basado en + Situado + De los años + Temática + Para las edades X a Y años». A este modelo se le unen varios modificadores como «con un personaje femenino protagonista fuerte» o «para románticos sin remedios». Varios ejemplos reales son:

British set in Europe Sci-Fi & Fantasy from the 1960s
Romantic Indian Crime Dramas
Japanese Sports Movies
Violent Suspenseful Action & Adventure from the 1980s

A Alexis C. Madrigal le pareció muy interesante el descubrimiento y programó un «creador aleatorio de géneros» que se puede probar en la cabecera de su artículo. Aquí están varios de mis resultados:

«Showbiz Opposites Attract Satires Set in the Edwardian Era About Friendship»
«Evil Kid Alien Mysteries Based on Books Set in Africa With a Strong Female Lead»
«Reunited Lovers Gangster Period Pieces Based on Contemporary Literature Set in Ancient Times About Horses»
«Political Travel Fairy Tales Set in Europe About Food With a Strong Female Lead»

Tras jugar con los datos, Alexis C. Madrigal contacto con Netflix y pidió hablar con el creador del sistema, que resultó un tal Todd Yellin. El sistema resultó ser en la realidad mucho más complejo e interesante. Netflix le paga a personas para que vean las películas y rellenan una ficha donde tienen que darle una puntuación a conceptos como «romántica» o «termina bien». Así, Netflix a partir de tus votos a las películas que ven puede saber la clase de película que en realidad te gusta aunque tú mismo no seas conscientes. Por ejemplo, películas de acción con mucha violencia pero en la que el chico al final se termina llevando a la chica y los buenos ganan. ¿Servirá esto para que Hollywood tome nota del mínimo común denominador o para que alguien se anime a hacer películos con elementos altamente valorados pero que nadie ha uso nunca juntos? ¡Yo no puedo esperar para ver una comedia romántica musical japonesa con vampiros ambientada en la Edad Media!.

Dos películas sobre Sillicon Valley

A estas alturas no me molesta confesarlo. No soy especialmente cinéfilo. Aunque he contado con el beneficio de la duda que aporta ser una persona medianamente culta. Los demás lo dan por hecho cuando te oyen hablar de música o literatura. Otro día contaré por qué mi distanciamiento del cine intelectual (historias desgarradoras que acaban mal o el cine de crítica social), lo que quizás tiene que ver con mi vínculo con las ciencias sociales y la realidad tal cual es.

Quiero ver películas para pasar un buen rato y quedarme satisfecho porque los buenos ganan, el empollón friki se lleva a la chica y queda margen para la esperanza en el mundo. Así que veo mucho cine sin pretenciones. Y me pasa a menudo que termino disfrutando más y haciendo lecturas personales más profundas de películas que nadie toma en serio frente a otras avaladas por la crítica o el boca a boca. Me pasó, por ejemplo, con «Milla 8» frente «El hijo de la novia». Y me pasó recientemente con dos películas de Hollywood ambientadas en Sillicon Valley.

En primer lugar tenemos «Los becarios». Vince Vaughn  y Owen Wilson repiten el tándem que formaron en «De boda en boda». Esta vez interpretan a dos tipos a los que la crisis les pasa por encima y se lanzan al mercado laboral en un mundo que ha cambiado. Echándole bastante morro, y porque la «ignorancia es atrevida», se inscriben en un programa de Google que forma equipos que compiten por ser admitidos como becarios. Los protagonistas terminan con los marginados que nadie ha aceptado en su equipo. Tras la desconfianza inicial que provocan al demostrar que no tienen la más mínima idea de Internet y programación, terminan aportando al equipo su experiencia en la vida y un enfoque diferente a los problemas. Al final, la película presenta la importancia del trabajo en equipo y el valor de la amistad frente al «todo vale» para ganar. Habla de la importancia de la diversidad en los equipos para contar siempre con aportaciones interesantes y de la importancia de la inteligencia emocional, además de la necesidad de alcanzar un equilibrio entre metas y disfrute del presente. En definitiva es una película ligera y amable, ensamblada sobre los estereotipos del empollón friki con pocas habilidades sociales.

Y luego, tenemos otra película con pretenciones de profundidad y fidelidad a la realidad: jOBS, protagonizada por Ashton Kutcher. La película arranca con la fase de la juventud de Steve Jobs en que experimenta con las drogas, viaja a la India y decide dejar la universidad para quedarse de oyente, antes de trabajar en Atari y comercializar un ordenador personal diseñado por su amigo Steve Wozniak. A partir de ahí, vemos el ascenso de la empresa que montan ambos, Apple. Wozniak pone el talento y Jobs las dotes comerciales. El retrato de Jobs no resulta nada amable. Se aprovecha de Wozniak cuando trabaja en Atari, se desentiende de su novia cuando ella le anuncia que está embarazada, vende los primeros ordenadores Apple haciendo promesas difíciles de cumplir y cuando la empresa crece resulta abrasivo con los empleados. El problema está en la dificultad de transmitir al espectador que Jobs es un genio. Es un tema que hubiera sido fácil de explicar en un documental, explicando el camino seguido por otros y lo rompedor que suponía el camino seguido por Jobs. Pero en esta película el asunto queda simplificado y el espectador sólo ve a un Jobs vehemente y furibundo que descarga su ira sobre los demás. Sólo porque vemos la película sabiendo de antemano en lo que Apple se convirtió podemos creernos que estamos ante el retrato de un genio y no de un cretino insufrible, como es el caso de la protagonista principal de «La hora más oscura». Y así la película enlaza escenas sin que tengamos más trama que el ascenso de Apple. Al menos en «La red social» el pleito contra Mark Zuckerberg constituía una trama sobre el que se iban engarzando los flash-backs que contaban el nacimiento y auge de Facebook. Así que «Jobs» es una película ambiciosa que falla en ser compleja y que nos cuenta algo que ya sospechábamos, los genios son insufribles de cerca.

Bienvenidos al desierto de lo real

«Bienvenidos al desierto de lo real» es una frase que pronunciaba Morfeo en la película Matrix. Enseguida hubo quien se lanzó a señalar todas las citas y referencias que aparecían en la película para descubrirnos que era un enorme pastiche posmoderno. La frase en cuestión es una referencia a Jean Baudrillard. Hace pocos días encontré de casualidad la cita original.

Si ha podido parecernos la más bella alegoría de la simulación aquella fábula de Borges en que los cartógrafos del Imperio trazan un mapa tan detallado que llega a recubrir con toda exactitud del territorio, aunque el ocaso del Imperio contempla el paulatino desgarro de este mapa que acaba convertido en una ruina despedazada cuyos girones se esparcen por los desiertos. […]

[H]oy serían los girones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real.

«La precesión de los simulacros», 1978

Everything is a remix

Kirby Ferguson es un cineasta, autor del documental en cuatro partes «Everything is a remix». En él explica como tradicionalmente el arte y la tecnología avanzaron a lo largo del tiempo a partir del trabajo previo de otros en un proceso continuo que se ha visto afectado y pervertido por las leyes de la propiedad intelectual, que permiten fenómenos como los «trolls de patentes» o la posibilidad de patentar software de la forma más vaga y ambigua. Me ha llamado la atención la hipocresía de personajes, artistas y empresas que construyeron su carrera copiando a otro. Steve Jobs aparece diciendo en 1996 «hemos sido desvergozandos en copiar grandes ideas» mientras que se recoge una cita suya de 2010, anunciando que iba «a destruir Android porque es un producto robado».

Lo más divertido del documental es ver el original en el que se inspiraron película conocidas. Aparece un ejemplo ya clásico, Kill Bill. Pero personalmente me ha parecido interesante ver las referencias cinematográficas de Star Wars.

El sentido de las matemáticas de Smila

No creo que Julia Ormond me haya resultado nunca tan interesante como en «Smila, misterio en la nieve» (Smilla’s Sense of Snow). Es la única ocasión en que las matemáticas suenen como un mundo fascinante.

The only thing that makes me truly happy is mathematics, snow, ice, numbers. To me the number system is like human life. First you have the natural numbers, the ones that are whole and positive like the numbers of a small child. But human consciousness expands and the child discovers longing. Do you know the mathematical expression for longing? Negative numbers. The formalization of the feeling that you are missing something. Then the child discovers the in between spaces, between stones, between people, between numbers and that produces fractions, but it’s like a kind of madness, because it does not even stop there, it never stops. There are numbers that we can’t even begin to comprehend. Mathematics is a vast open landscape. You head towards the horizon and it’s always receding.

¿Existirá la prevención de riesgos laborales en el cine de Bollywood?

Recuerdo ver hace un montón de años un programa de Metrópolis que hablaba del cine de Bollywood. Uno de los fragmentos que incluía el programa era la canción «Chaiyya Chaiyya» de la película «Dil Se». Son esas cosas que se te quedan grabadas en lo profundo de la memoria y sólo mucho tiempo después, un día de pronto, te vuelve el recuerdo. Gracias a Youtube lo recuperé.

Había un sitio de kebaps no muy lejos de uno de los lugares donde viví en Madrid. En la televisión ponían siempre números musicales de películas de Bollywood. La primera vez uno de los que allí trabajaban agarró el mando a distancia para apagarlo tan pronto me vio entrar. El local estaba vacío y él estaba matando el tiempo. Le hice una seña para que lo dejara puesto. Me respondió con una sonrisa cómplice. Y me puse a comer mi kebap mirando hipnotizado la pantalla. Drama social o historia de amor. ¡Allí todo el mundo tarde o temprano cantaba y bailaba!

El futuro se está quedando viejo

Nada evidencia más el paso del tiempo que hablarles a un grupo de jóvenes de una película que tú tienes como un referente contemporáneo y caer en la cuenta de que para ellos es una película vieja. Tú les hablas de ese gran referente del cine de ciencia ficción que es «Matrix» y terminas hablando de esa tecnología del futuro, la Realidad Virtual. ¿Os acordáis?

Realidad Virtual

Pusieron «Matrix» el otro día en la tele. Apenas vi el comienzo. Qué mal ha envejecido. Los decorados del principio resultan cantosos. La escena de Neo adormecido frente a una pantalla resulta una caricatura. Y entre nosotros, creo que por fin podemos decirlo, el vestuario de Carrie Anne Moss no es futurista. Es simplemente la fantasía sexual fetichista de un sado-masoquista.

Matrix

El tiempo, el implacable

Un signo del paso del tiempo es que «envejecer con dignidad» se convierta en un tema de conversación. El otro día me vino la duda de qué había sido de todas aquellas estrellas del cine francés que componían en los años 90 un star-system muchísimo más interesante que el estadounidense.

Primero busqué a Isabelle Adjani, que siempre recordaré por el reportaje que le hizo la revista PHOTO a propósito del rodaje de «La reina Margot». Me la encontré hecha una Sara Montiel francesa. Luego pensé en Emmanuelle Béart, de la que no había sabido nada en mucho tiempo. Me encontré con otra víctima de la cirugía estética que ahora hace campaña contra ella. Al menos Sophie Marceau lucía bien cuando apareció sin maquillaje y sin retoques de Photoshop en un número especial de la edición francesa de la revista Elle en 2008. De pronto, me sentí uno de esos contertulios que debaten sobre películas en televisión y hablan de que ya no hay mujeres como las que poblaban las pantallas en blanco y negro de su juventud.

Hace poco murió el dibujante Moebius y hoy la noticia ha sido el fallecimiento de Ray Bradbury. Dice Juanjo que «todos los gigantes culturales a cuya sombre crecí la van palmando poco a poco… y el mundo parece más ajeno y extraño sin ellos». El otro día hablaba de cómo la desaparición de referentes políticos le dejaba a uno perdido e impotente. El secreto de la vida debe ser nunca dejar de encontrar referentes para no vivir con nostalgia del pasado.