Categoría: Arquitectura

  • Elogio de la sombra

    Hace poco le contaba a alguien que echaba de menos los buenos viejos tiempos de la popularidad de los blogs. El ritmo en el que las noticias e ideas circulaban era mucho más lento. Uno leía el análisis de alguien en un blog y podía encontrar una refutación o una ampliación del argumento en la sección de comentarios, lo que daba pie a una reelaboración de la versión inicial del autor o a una publicación en un tercer blog. No éramos esclavos de la inmediatez. Pero sobre todo, lo que echaba de menos era la presentación estructurada, reposada y extendida de nuevas ideas. Algo que contrasta enormemente con la cultura del meme y del zasca a la que nos llevó Twitter. Y entonces caí en la cuenta de una cosa. Esas ideas estructuradas, reposadas y extendidas ya no estaban en los blogs. Las estaba encontrando en los videoensayos de Youtube sobre cine, arte o arquitectura.

    Uno de esos autores de videoensayos que me ha enseñado cosas nuevas es la canadiense Dami Lee. Gracias a ella descubrí la obra «Elogio de la sombra» que escribió Junichirô Tanizaki, en 1933. Y he ido a comprar la edición española de Siruela. Esperaba encontrarme un tratado que me ayudara a entender cómo la sensibilidad estética japonesa es diferente a la occidental. Y resulta que la obra comienza con el autor contando los dilemas que se enfrentó al realizar reformas en su casa para tratar de mantener su esencia japonesa en una era en la que en los hogares japoneses entraba la luz eléctrica y el agua corriente.

    Tanizaki dedica varias páginas a mostrar su rechazo por los baños recubiertos de azulejos y a contar en cambio cómo él prefería las casas tradicionales donde el retrete estaba apartado de la construcción principal. Así que imagen mi sorpresa al empezar a leer un libro que esperaba fuera una obra fina y profunda sobre estética japonesa para encontrarme a un japonés contando el excelso placer de cagar en una cabaña de madera en la que se cuela el aire frío del invierno mientras se escucha el sonido de la lluvia. Puro zen.

  • Racionalismo madrileño

    Llevaba poco tiempo de vuelta en Madrid cuando, caminado por el Paseo de la Castellana, me encontré con dos argentinos con aspecto de gays cosmopolitas y con recursos que me preguntaron por la Estación de Nuevos Ministerios. Les señalé en la distancia la mole de los edificios de Nuevos Ministerios y les dije que sólo tenían que caminar en aquella dirección. «Hacia esos edificios…» Hice una pausa buscando las palabras. «…racionalistas de ahí», rematé. Se despidieron de mí muy agradecidos. Yo me quedé agobiado con la duda. ¿Eran los edificios de Nuevos Ministerios de estilo racionalista?

    Hace muy poco encontré la respuesta. Aunque a mí me recordaran a la Nueva Cancillería del Reich, resulta que efectivamente son de estilo racionalista. Concretamente del llamado estilo Racionalismo Madrileño.

    Así que me he encontrado sin querer con un proyecto fotográfico. Me he creado un mapa en MyMaps donde ir creando capas temáticas con las ubicaciones de lugares que merezcan la pena fotografiar.

  • Más medieval que los medievales

    Más medieval que los medievales

    La última vez que paseé por el Barrio Gótico de Barcelona, hace ya unos cuantos años, tuve una sensación extraña. Sentía haber hecho un viaje en el tiempo porque no se apreciaba pátina del tiempo en aquellos edificios medievales. Era la sensación de pasear por algo demasiado perfecto.

    barrio-gotico

    Ahora me entero que «el Barri Gòtic és una ficció històrica«. Lo desarrolló Agustín Cócola en su tesis doctoral, El Barrio Gótico de Barcelona. Planificación del pasado e imagen de marca, donde explica:

    El Barrio Gótico de Barcelona fue construido en las décadas centrales del siglo XX. De hecho, su nombre también es una creación moderna, ya que tradicionalmente el espacio era conocido como barrio de la Catedral. Aunque en teoría los monumentos históricos nos remiten a épocas pasadas, en muchos casos han sido fabricados recientemente, tanto en su forma como en su función social. La medievalización del centro histórico de Barcelona transformó físicamente el barrio institucional de la ciudad, dotándolo de nuevos significados simbólicos y de una apariencia antigua que hasta entonces no poseía. […] Este proceso se inició con la construcción de la fachada de la Catedral entre 1887 y 1912, y concluiría con la monumentalización historicista de todo el barrio que la rodea, aproximadamente entre 1927 y 1970.

    La idea de reconstruir edificios antiguos para dotarles de una estética gótica no es única de Barcelona.  El francés Eugène Viollet-le-Duc se dedicó a restaurar edificios medievales en el siglo XIX con un criterio peculiar. Eliminaba los elementos añadidos en el Renacimiento o el Barroco para añadir otros de estilo gótico de su propia cosecha. Sus estudios de arquitectura medieval le habían llevado a profundizar en la esencia estética de la época que aplicaba para convertir a los edificios medievales en «más medievales» de lo que sus propios autores habían ideado.

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  • Pedro Torrijos escribe sobre el Centro Pompidou de París

    Ya recomendé aquí el artículo de Pedro Torrijos sobre el Panteón de Agripa en Jot Down Magazine. Pedro Torrijos ha vuelto a hacer de las suyas con un artículo magistral en Jot Down Magazine sobre el Centro Pompidou de París («El edificio de los tuberías por fuera»), inagurado en el año 1977 y obra de Renzo Piano y Richard Rogers. Me ha gustado su caracterización del edificio como una obra «barroca».

  • Lo opuesto a la nostalgia del futuro

    Uno de los temas recurrentes en este blog es la «nostalgia del futuro», la sensación de que hubo un tiempo en que el futuro era un tema que nos fascinaba. Las revistas de divulgación dedicaban monográficos al «mundo del mañana», la carrera espacial avanzaba alimentada por la Guerra Fría y Japón era el país de referencia. Pero la fascinación por el futuro no fue sólo cosa de los años 80, ni tampoco siempre loable.

    En 1908 el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti redactó «El Manifiesto Futurista» que ensalzaba la tecnología, la velocidad, la violencia y el machismo con un discurso que anticipaba el fascismo. El movimiento Futurista atravesó todas las manfiestaciones artísticas, desde la arquitectura a la poesía.

    Crali_-_Incuneandosi_nell_abitato_-_In_tuffo_sulla_citt_c3_a0_-_6083Tullio Crali, «In tuffo sulla città» (1939)

    3. La pintura y el arte ha magnificado hasta hoy la inmovilidad del pensamiento, el éxtasis y el sueño, nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, la carrera, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo. 9. Queremos glorificar la guerra – única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer. 10. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias.

  • El Panteón de Agripa

    El Panteon de Agripa

    Visité por primera vez a Londres, Venecia y Roma sin ninguna expectativa, carente hasta aquellos momentos de interés por ser mecas del turismo. Cada ciudad me sorprendió a su manera por encontrar en ellas «mis sitios» y conseguí disfrutarlas. El lugar que más me impresionó en Roma fue el Panteón de Agripa, edificio al que Pedro Torrijos le dedicó un artículo en Jot Down con un título que suscribo: «Si van a Roma y sólo pueden ver una cosa visiten el Panteón de Agripa». El artículo es muy bueno y ha sido traducido al italiano por la revista Internazionale.

  • Edificios verdes

    El País ha aprovechado la publicación de 100 Contemporary Green Buildings para publicar una galería de fotos con «12 edificios superecológicos». Bajo ese nombre se engloban edificios realizados con materiales orgánicos y/o que hacen un aprovechamiento inteligente del sol o las corrientes de aire para la climatización. Me da la sensación de que la etiqueta le queda grande a algún mamotreto de acero y cristal con plantas dentro.

  • Detroit encoge

    Detroit es una ciudad en decadencia. Es un reflejo de la crisis de la industria del automóvil estadounidense. Detroit tenía en 1,89 millones de habitatnes. En 2010 la cifra había bajado a 706.585 personas. La ciudad está encogiendo. Hay barrios donde casas y naves industriales abandonadas se caen a pedazos y la naturaleza las reclama. Los urbanistas han encontrado que se ha escrito mucho sobre ciudades que crecen desmesuradamente. Pero nadie ha escrito un manual sobre cómo gestionar ciudades en crisis que encogen. La solución ideal sería evacuar a la gente de los barrios decadentes para reagruparla y poder abaratar el gasto en servicios públicos e infraestructuras. Pero, claro está, la gente es reacia. Sería interesante ver cómo se demuelen y abandonan barrios enteros mientras la naturaleza avanza. Será un mundo que se asemeje al que Tyler Durden hablaba en El Club de la Lucha.

    En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del Rockefeller Center. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por lianas tan gruesas como mi muñeca que envolverán la Torre Sears. Y cuando se mire hacia abajo, se verán pequeñas figuras humanas machacando maíz y secando tiras de carne de venado en el asfalto de alguna gigantesca autopista abandonada.

  • Soluciones habitacionales

    La arquitectura y el urbanismo entraron a formar parte de lo que considero mi cultura general hace mucho tiempo. No sé si es cosa del problema de la vivienda en España («no tendrás casa en tu puta vida») o la vida nómada que he llevado en la última década, pero en algún momento empecé a interesarme por las viviendas pequeñas, asequibles y sostenibles, además de las casas prefabricadas.

    Tenemos al estudiante chino de arquitectura que ha diseñado una casa de madera en vertical que ocupa 7 metros cuadrados pero a la que no le falta nada. Tenemos el bloque de 28 viviendas en Nueva York que necesita cuatro semanas para ser terminado. Y tenemos la iniciativa de diseñar una casa asequible con principios de fuentes abiertas.

  • España y sus ciudades feas

    Una de las cosas que me llamó la atención cuando pisé los países del norte de Europa era lo apetecible que se hacía vivir allí por una mera cuestión estética. Ciudades más humanas, con más zonas verdes, con carril bici y con edificios coquetos. Al volver, no cuesta imaginárselo, una sensación de shock.

    Jose Paya Zaforteza se pregunta en Arte y Artificios «¿por qué nuestras ciudades son feas»?.