Llevo tiempo viendo vídeos de Pablo Iglesias, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid y tertuliano televisivo, que comenzó su carrera mediática en el programa «La Tuerka» de Tele K de Vallecas. Pablo Iglesias es un tipo formado y elocuente, que da mucho juego en televisión, así que ha terminado apareciendo hasta en las tertulias de Interconomía TV. Ahora presenta el programa «Fort Apache» en HispánTV, la televisión en español del régimen de los ayatolás iraníes. La cabecera del programa es impagable, con Pablo Iglesias vestido con una cazadora de cuero y en moto. Pero me desvío. La cuestión es que Pablo Iglesias no para de dar conferencias sobre el papel de los medios de comunicación en esta crisis. Su discurso es bastante interesante. Considera que la crisis supone una oportunidad porque las grietas internas en los partidos dominantes abren espacios para que otras fuerzas políticas rompan el bipartidismo y porque el agotamiento del discurso de los partidos mayoritarios hace que voces como la suya sean invitadas a programas de cadenas generalistas. Explica su estrategia en térmnos de Antonio Gramsci. A pesar de la situación económica de la gente, el status quo se mantiene por la hegemonía cultural que ejercen las clases dominantes. La batalla está, entonces, en luchar por esa hegemonía. Pablo Iglesias explica así que haya optado por vestir corbata, negarse a decir que e su programa realizan «contrainformación» o «información alternativa», ir a los canales de televisión del «enemigo», usar un lenguaje sencillo, etc. El objetivo es normalizar el discurso de izquierdas y habla en unos términos que entienda la gente que no ha abierto en su vida un libro marxista. La lucha está en transformar el consenso de lo que es normal, que no deja de ser una construcción social. Es un discurso bastante interesante y Pablo Iglesias es un tipo bastante elocuente. Pero llevo tiempo preguntándome más allá de su estrategia comunicativa, qué programa político defiende. Y en este breve monólogo lo explica. Me temo que es una lista de demasiadas cosas que acabarían mal.
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