Etiqueta: crisis

  • Falleció John Fortune

    Ayer marte 31 de diciembre de 2013 falleció el humorista John Fortune. Desde los años sesenta hizo pareja con John Bird. Yo los conocí por sus números de humor en los que uno de los dos entrevistaba al otro, que para la ocasión representaba ser un general británico, un dictador africano o un asesor político. El suyo era un humor que ridiculizaba al poder económico y político. A ambos le debemos la mejor explicación del estallido de la actual crisis financiera.

  • La insurreción que viene

    Todo el mundo lo reconoce. Esto va a reventar

    Así comienza «La insurrección que viene», un panfleto francés que contaba El País llegó a estar entre los best-sellers de amazon.com

    ¿Cuántas veces habré oído eso en libros, revistas, panfletos y blogs de la izquierda antisistema? Frases tremebundas sobre la situación de explotación, precariedad, asco y hartazgo de una generación condenada al submileurismo en trabajos basura. El caldo de cultivo para que los jóvenes se organicen y estalle una revuelta general.

    Una surca las páginas del libro con esa sensación de estar leyendo otro ejemplo más de un género único: La cháchara francesa anticapitalista. No hablo francés pero sospecho que los franceses tienen una tremenda fascinación con su propio idioma que les lleva a componer frases grandilocuentes página tras página sin que importe mucho si el conjunto significa algo.

    En estos tiempos uno espera alternativas y propuestas. Y lo único que se encuentra en un libro tan pretendidamente provocador es la típica propuesta de montar comunas de parásitos del Estado del Bienestar a la espera del inevitable colapso del sistema. Hasta ahí llega la brillantez de un texto que aporta muchísimos menos de lo que el revuelo que ha montado nos hace suponer. Quizás ello diga mucho más de sus jaleadores que de sus autores.

    Seguiremos echando en falta recuperar a la Internacional Situacionista. Seguiremos echando en falta textos que nos hagan pensar.

  • Vida precaria en Japón

    Es ya famoso en Japón el fenómeno patológico de los jóvenes que se niegan a salir de su habitación en un contexto del fin del modelo de «un trabajo para todo la vida garantizado tras las universidad». Pero he encontrado otro fenómeno, el de la gente que vive en cibercafés que no cierran por la noche. La suma a final de mes es pequeña comparada con el alquiler de un piso, que en Japón implica fianzas elevadas y pago de varios meses por adelantado. Es otro resultado de una nueva era de trabajos precarios e inestabilidad laboral.

  • Me preguntas qué es la crisis. La crisis eres tú.

    Yo también escuché a mi alrededor eso de «alquilar es tirar el dinero» y «los pisos nunca bajan». Me ofrecieron un hipoteca con un 35% de descuento sobre el EURIBOR. Un chollo. Pero tenía letra pequeña. Si me iba o me echaban de la empresa me exigirían que devolviera los descuentos. Y recibir una patada en el culo en la empresa donde yo estuve era lo más fácil del mundo. De seis personas en mi departamento, dos firmaron. Una compró para alquilar. Otra compró cerca de la oficina. Al poco tiempo la destinaron a una oficina en la otra punta de Madrid. Yo no sabía qué sería de mi vida. Nunca he sabido con seguridad dónde voy a estar dentro de seis meses. Y siempre me defendí, frente al agobio de los defensores de comprar por encima de alquilar, con la idea de que hipotecarse era vivir de prestado. El banco pagaba la casa por ti y ellos, tan generosos, te dejaban vivir en ella hasta que les devolvieran el dinero. Viviendo de alquiler si las cosas te iban mal, hacías las maletas y te ibas a casa de tus padres. Hipotecarse era vender al alma. Isaac Rosa titula «Yo era un tonto de alquiler y tú un listo con hipoteca».

  • Desesperados

    De un tiempo a esta parte ha aprendido a descifrar las respuestas de la gente cuando pregunto a qué se dedican y responden de forma poco clara. Todos cuentan que están haciendo un curso y trabajando de forma independiente. Es una forma de decir que con más de treinta años están sin trabajo, viven en casa de sus padres y tienen ingresos esporádicos. Hablo de gente con estudios y que ha vivido o estudiado fuera de España. Por las razones que sean se han visto de vuelto en casa.

    A mi alrededor oigo más que nunca gente que tiene una idea y que quiere montárselo por su cuenta. No está mal pasar en España de la cultura del «quiero ser funcionario para estar a las 3 en casa» a la cultura del emprendedor. Pero siempre me pregunto dónde están en plena crisis esos potenciales clientes dispuestos a pagar por los servicios que ofrecen mis conocidos. Yo mismo me enfrente a ese reto.

    Hoy de camino al supermercado un chico que iba dejando octavillas de propaganda por los buzones cruzó la calle para entregarme una en mano. Era de una nueva clínica dental en el barrio. Otra. Había algo de desesperado en su voz y en su gesto. ¿Sería él uno de los dentistas que ha invertido dinero?

    Hace unos años hacía comentarios con sorna de los vigilantes de seguridad que soñaban con ser Rambo y de los instructores de artes marciales de película de serie B. La clase de gente que se apuntaba a mil cursos de medio pelo con el sueño de acceder al sofisticado mundo de la seguridad internacional. Hoy se me congela la sonrisa cuando los veo disfrazados de ninja en sus perfiles de Facebook y ofrecen sus servicios de instructor en artes marciales con una dirección de correo de Hotmail. Caigo en la cuenta que uno de esos instructores de artes marciales que suenan a Mortal Kombat aparece siempre con algo puesto en la cabeza para disimular la calva. Los años pasan e intuyo tanta desesperación como en el chico que me dio hoy la octavilla de caro papel satinado.

    El viernes delante de unas cervezas unos conocidos coincidían que la solución era marcharse de España. No hablan de emigración. Hablaban de exilio.

  • Lo que se llevó la crisis

    Yo quería mucho a mi abuela materna. Su pérdida es la experiencia más dolorosa de mi vida. Pero creo recordar que nunca hablé con ella de política. Nunca le pregunté su opinión sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo o qué pensaba de la inmigración irregular de negros africanos. A lo mejor me hubiera producido rechazo sus respuestas. A lo mejor no. La política estuvo totalmente ausente de nuestra relación familiar y me alegro que así fuera.

    El mundo solía estar lleno de sitios donde existía la regla implícita de que no se debía hablar de política. «Prohibido hablar de fútbol y política» recuerdo haber oído decir más de una vez. Las posturas sobre asuntos políticos suelen ser terriblemente viscerales y evitando esos temas se podía mantener una convivencia aceptable en ciertos lugares. Todo eso pasó a la historia gracias a Internet. Antes podías compartir facetas de tu vida y jamás enterarte qué opinaban los demás de ciertos temas. Como con mi abuela. Pero ahora todo el mundo se encarga de proclamar su opinión sobre cualquier cosa a los cuatro vientos en su blog, en su Twitter, en su muro de Facebook y en cadenas de correo electrónico. Aunque a ti no te hubiera interesado jamás las opiniones políticas de algunos de tus antiguos compañeros de facultad, del autor de tu blog favorito sobre papiroflexia o de los amigos de tus amigos. Pero ahí están. En todas partes a todas horas. La gran democratización de la opinión pública. Y la realidad es que la mayoría de la gente no tiene ni puta idea de lo que habla. Repite argumentos de segunda mano sobre temas que no entienden o no se han molestado en contrastar. Reproducen bulos que no les provocan la más mínima suspicacia porque apelan a sus prejuicios. Y están todos muy cabreados. Todos escriben con signos de admiración y lanzan muchas preguntas retóricas.

    El camino recorrido me suena familiar. En primer lugar está la deslegimitización del parlamentarismo. Se habla de la partitocracia, del PPSOE y de los políticos. Toda la culpa es de los políticos que no están sino al servicicio de ellos mismos. Se dice que la democracia representativa es un fraude, una mentira y un estorbo aunque siempre me quedo esperando que me digan qué otras formas políticas son mejores. Luego está la deshumanización y la criminalización de esos mismos políticos. Si son culpables de la ruina, la miseria y el hambre de tanta gente, entonces son tan destructores como el peor de los terroristas. Así que cualquier acción contra ellos es sólo una justa retribución. Un acto de autodefensa. Sólo queda esperar que alguien un día le parta la cara a alguien para correr a aplaudir y justificar. Más violento es un banquero que alguien que tira un ladrillo. Es la relativización moral que sólo lleva a las zonas oscuras de la historia.

  • Cuando ya na nada se espera

    ManolisGlezos
    Manolis Glezos, héroe griego de la Segunda Guerra Mundial, zarandeado por la policía en Atenas durante los disturbios de estos últimos días.

    He visto viñetas, entradas de blogs y mensajes de todo tipo apoyando al pueblo griego y celebrando los disturbios. Entonces llegó una amiga y preguntó «¿y la alternativa es?». Comprendo esa sensación de estafa colectiva del pueblo griego. Pero entendámolos. Si hubo un momento para luchar y cambiar el rumbo de las cosas fue mucho tiempo atrás, cuando este mundo que vivimos se estaba gestando. Ahora sólo queda el llanto y crujir de dientes. O lo que es lo mismo. Acatar los designios de Angela Merkel, el BCE, las agencias calificadoras de deuda, los mercados financieros y demás instituciones lejos de Madrid y Atenas.

    Así que todo lo que se haga, huelgas y manifestaciones, no será más que ejercer el derecho al pataleo. No serán, desde luego, métodos de lucha alguna porque las decisiones ya están tomadas. Amador Fernández-Savater, que lleva documentando y reflexionando sobre el 15-M, se pregunta «¿y si no hiciésemos nada?». Yo lo apunté aquí. Una solución es desertar.