Desesperados

De un tiempo a esta parte ha aprendido a descifrar las respuestas de la gente cuando pregunto a qué se dedican y responden de forma poco clara. Todos cuentan que están haciendo un curso y trabajando de forma independiente. Es una forma de decir que con más de treinta años están sin trabajo, viven en casa de sus padres y tienen ingresos esporádicos. Hablo de gente con estudios y que ha vivido o estudiado fuera de España. Por las razones que sean se han visto de vuelto en casa.

A mi alrededor oigo más que nunca gente que tiene una idea y que quiere montárselo por su cuenta. No está mal pasar en España de la cultura del “quiero ser funcionario para estar a las 3 en casa” a la cultura del emprendedor. Pero siempre me pregunto dónde están en plena crisis esos potenciales clientes dispuestos a pagar por los servicios que ofrecen mis conocidos. Yo mismo me enfrente a ese reto.

Hoy de camino al supermercado un chico que iba dejando octavillas de propaganda por los buzones cruzó la calle para entregarme una en mano. Era de una nueva clínica dental en el barrio. Otra. Había algo de desesperado en su voz y en su gesto. ¿Sería él uno de los dentistas que ha invertido dinero?

Hace unos años hacía comentarios con sorna de los vigilantes de seguridad que soñaban con ser Rambo y de los instructores de artes marciales de película de serie B. La clase de gente que se apuntaba a mil cursos de medio pelo con el sueño de acceder al sofisticado mundo de la seguridad internacional. Hoy se me congela la sonrisa cuando los veo disfrazados de ninja en sus perfiles de Facebook y ofrecen sus servicios de instructor en artes marciales con una dirección de correo de Hotmail. Caigo en la cuenta que uno de esos instructores de artes marciales que suenan a Mortal Kombat aparece siempre con algo puesto en la cabeza para disimular la calva. Los años pasan e intuyo tanta desesperación como en el chico que me dio hoy la octavilla de caro papel satinado.

El viernes delante de unas cervezas unos conocidos coincidían que la solución era marcharse de España. No hablan de emigración. Hablaban de exilio.

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Un comentario en “Desesperados

  1. Yo tengo trabajo estable. Pero me estoy planteando marcharme de España. Aguantar a estos fascistas es difícil, pero aguantar además su corrupción es insoportable.
    El paro no es la única razón para abandonar este barco podrido.

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