Descubrí al humorista argentino Enrique Pinti de pura casualidad. Alguien tituló mal un archivo .mp3, atribuyendo uno de sus monólogos de humor al grupo Les Luthiers en aquellos tiempos de descargas de archivos compartidos en Internet. No recuerdo cómo, averigüé quién era el artista que tanta gracia me hizo y entonces me hice muy fan.
En uno de sus monólogos explicaba cómo se fue Argentina a la mierda: “de a poco”. Y ahí, Enrique Pinti pasaba a relatar el deterioro físico de una persona que se hace mayor. Una larga y lenta decrepitud física que él comparaba con la decadencia de Argentina. No hubo un solo acontecimiento responsable. Fue una sucesión de pasos en el tiempo, algunos triviales.
Me he acordado muchas veces de ese monólogo ante los acontecimientos de España. Es posible que el país entró en un inevitable camino de decadencia y los historiadores del futuro no serán capaces de determinar el momento exacto en que España se fue a la mierda. Lo fácil sería prestar atención a la crisis financiera de 2008 y el proceso soberanista que llevó a la crisis de 2017. Pero de fondo tenemos los indicadores de deuda pública, el alto paro juvenil, la baja productividad, la desindustrialización y el invierno demográfico… Un país estancado económicamente cuyas empresas estratégicas están en manos extranjeras y que es irrelevante en la arena internacional.
🇪🇸España y 🇬🇷Grecia son los únicos países de la 🇪🇺Unión Europea que han perdido poder adquisitivo desde el año 2001.
🔺En concreto, los salarios en España han crecido un 48% en 20 años pero los precios han subido un 50%. pic.twitter.com/hBLWzZjVtN
No creo que merezca la pena pararme a comentar los últimos acontecimientos en España. Hemos ido saltando de acontecimiento en acontecimiento que en un país normal hubiera hecho salir a la gente a la calle. Pero España es un país con un bajo nivel de afiliación a partidos políticos, sindicatos, asociaciones… Eso que se llama “sociedad civil”. Recuerdo un artículo de despedida del corresponsal de Financial Times de turno contando cómo en España la crisis financiera de 2008 no había disparado ni los delitos ni empeorado el carácter de la gente. España seguía siendo un país de gente tranquila y amable. Y en aquel entonces yo mismo me dije que precisamente la falta de una respuesta iracunda de la gente era un síntoma del país que teníamos y la causa de la falta de transformaciones estructurales.
Ahora tenemos una colección de ultraderechistas y personajes ridículos haciendo ruido en las calles de Madrid, lo que ha permitido a los medios y a mucha gente en redes sociales hacer bromas y despreciar el sentido de las protestas. Quizás lo que tenga que suceder sólo será un paso más de cómo España se fue a la mierda. De a poco. Y yo me pregunto en cada uno de esos pasos si a lo mejor España ni siquiera se merece un lamento. Que debemos asumir que el declive es inexorable y que se merece todo lo malo que le pase.
En el verano de 2022 viajé a Barcelona y nada más pisar la estación de Sants me pregunté qué iba a hacer si me hubiera encontrado con cierta exnovia. Yo he vivido en diferentes etapas de mi vida en Madrid y aquí me he cruzado, por pura casualidad y en distintas ocasiones, a gente de mi barrio, compañeros de mi antigua facultad y a personas de otras etapas de mi vida. Encontrar a una exnovia de pura casualidad en Barcelona era por tanto matemáticamente posible.
La cuestión aquel verano era que cada encuentro previo me había puesto un nudo en el estómago. Ella fue un herida abierta por largo tiempo. Recuerdo mi sobresalto cuando creí verla en el metro de Madrid al poco tiempo de haberme mudado a vivir a Madrid por primera vez, hace ya casi veinte años. No mucho tiempo después me volvió a pasar lo mismo en la estación de metro de Ciudad Universitaria, pero entonces me reí al caer en la cuenta de que su estética, su ropa y su corte de pelo que llamaban la atención en mi universidad de provincias era casi un uniforme estandarizado en ciertas facultades de la Universidad Complutense de Madrid. Pensemos que eran los primeros tiempos previos de la popularización de Internet en España y las distancias mentales desde cualquier región de provincias y Madrid eran mucho más grandes.
Yo intenté llevarme bien con ella durante bastante tiempo porque pensaba que sacar en limpio una buena relación justificaba todo el camino recorrido. Pero cada nuevo encuentro, que ella precedía de promesas de planes juntos que nunca se cumplían, me dejaba con una sensación de necesidad de compensar en un encuentro futuro las expectativas defraudadas. Un día descubrí el concepto económico de “coste hundido” y encontré la explicación perfecta para nuestra relación de amigos posterior a la nuestra relación de pareja. Yo seguía invirtiendo en una amistad fallida porque creía que ella me iba a compensar en un futuro próximo los agravios del pasado y lo único que lograba era acumular más decepciones.
Así que con mi mochila a cuestas por el andén de la estación de Sants me pregunté qué le iba a decir. Fui yo quien cortó el contacto y el que iba a tener que dar una explicación. Y me sorprendí a mí mismo pensando que me encogería de hombros si me hubiera preguntado al respecto. Recordaba su tono condescendiente conmigo cada vez que le hablaba de mis inquietudes e intereses. Supongo que ella se defendería ahora mismo diciendo que malinterpreté todo este tiempo su forma de expresar aprecio y afecto. Pero hace unos años algo hizo click en mi cabeza.
Fui siempre alguien de ideas fijas sobre lo que soñaba en la vida a pesar de que durante mucho tiempo parecía absolutamente inalcanzable. Imagino que para los compañeros de facultad o de trabajo que me escucharon hablar como el friki intensito que siempre fui les ponía ante un espejo donde tomar conciencia de sus expectativas limitadas. La salida fácil era tomarse a guasa oírme hablar de las horas que le dedicaba a seguir temas que no me generaban un beneficio inmediato.
Pensar que no me sentía obligado a explicarle nada de mi vida y que podría abandonar cualquier encuentro con ella sin contar cómo me iban las cosas fue liberador. Imagino que es un efecto secundario de que las cosas te vayan bien. Puedes mentir al respecto y no sentirme mal. Puedes permitirte entonces que la gente piense que sigues igual, chapoteando en el fango. Porque tú sabes que has llegado más allá de donde siempre soñaste. El lado negativo es que en Barcelona tuve la certeza de que tenía que haber cortado por lo sano mucho tiempo atrás.
Un día le propuse a un amigo un juego mental. Imaginando que los viajes en el tiempo son físicamente imposibles pero el envío de partículas parece que no, ¿sería posible algún día mandar un email al pasado? Así que aproveché la oportunidad para contarle qué le diría a mi yo del pasado a punto de comenzar a estudiar en la universidad en octubre de 1999. Mi amigo contestó sobre recomendarle a su yo del pasado invertir en una cosa llamada Bitcoins. Yo le conté que a ese yo del pasado le recomendaría cómo evitar los errores que cometí en la universidad en el ámbito personal. Había una idea triste de fondo en todo ello. Yo no tenía la más mínima idea de cómo lograr que mi yo del pasado triunfara socialmente. Sólo tenía consejos para evitar sufrimiento innecesario. Y uno de ellos era haber huido de ella.
Ahora me río imaginarme siendo presentado a una chica de 18 años que en su primer año de universidad presumía de estar de vuelta de todo en la vida y pretendía darle enjundia intelectual y existencial a los típicos daddy issues de chica de clase media empeñada en pisar todos los charcos que cabrearan al papi conservador de turno. Años después, precisamente en un encuentro en Barcelona, me contaría que se sentía atraída «por los cabrones que le arrastraban en su espiral autodestructiva». Creo que fue una buena pista para salir corriendo que llegó demasiado tarde.
Aproveché el viaje a Barcelona para ver en el Museo Nacional de Arte de Cataluña una exposición de obras de Turner. Al salir, viendo Barcelona desde la terraza frente al museo, me acordé de Loquillo cantando «Y ahora estoy aquí sentado / en un viejo Cadillac de segunda mano / junto al Merbeyé, a mis pies, mi ciudad…». La canción hacía referencia a las alturas del Tibidabo, en la otra punta de la ciudad. Y también expresaba nostalgia. Yo estaba en una ladera de Montjuic y no sentían nostalgia ninguna. Pero a mí me valió. Me la puse a todo volumen en los auriculares y bajé de allí con la sensación de haberme despedido de alguien para siempre.
Allá por 2018 me surgió un trabajo en Madrid y cuando me establecí me pregunté a mí mismo qué haría diferente con mi vida si supiera que cinco años más tarde sería diagnosticado de una enfermedad fulminante. Para mi sorpresa no me dije a mí mismo que me pondría a viajar para visitar esos sitios con los que alguna vez soñé. Me dije a mí mismo que me pondría a escribir libros.
Tuve muy claro durante buena parte de mi vida que la respuesta a aquella pregunta era viajar. Y hasta tenía en mente que el primer destino sería Japón. Luego, cerca de los cuarenta, empecé a soñar también con atravesar Estados Unidos en tren, Viajar era para mí el cénit de la vida. Lejos de todo. Superando miedos. Explorando lugares que sólo había conocido por libros. Pero llegó el momento en que empecé a sentir que viajar se convertía en ir tachando lugares de una lista. No podías viajar a determinadas ciudades sin visitar la icónica callejuela llena de cafés y no podías visitar determinada aldea sin subir a su magnífico castillo para al final sentir que simplemente estabas siguiendo el camino que otros habían hecho antes. El sentimiento de explorar el mundo desapareció cuando de cualquier sitio interesante del mundo habías visto mil fotos en Instagram.
Por supuesto había camino a la improvisación para perderse. Así terminé en una fiesta de barrio de Estambul con un sentimiento de volver a las fiestas de barrio de mi infancia. O comiendo baklava en un mercado de Sofía. O subiéndome a un tranvía que hacía una ruta circular en Bruselas. Pero siempre estaba de paso en los sitios. Siendo el único turista en un mercado no dejabas de ser alguien de paso viendo la gente en su ajetreo cotidiano. Así que llega un momento en la vida en que comprendes que sólo puedes vivir verdaderamente la esencia de una ciudad cuando llevas tiempo viviendo en ella. Al final va a tener razón una amiga cuando decía que viajar está sobrevalorado.
Todo empezó como una broma. Una amiga se dedicaba a publicar fotos de Vládimir Putin en su muro de Facebook exaltando su virilidad. Yo contraataqué desde mi muro poniendo fotos de Nadezhda Tolokónnikova, una de las activistas del colectivo ruso Pussy Riot, que era noticia por su estancia en prisión. Los músculos de Putin vs. la belleza de Nadezhda Tolokónnikova.
Nadya había sido enviada a una prisión en Siberia donde tenía que trabajar largas horas en un taller de costura. Allí era sometida a toda clase de arbitrariedades por parte de las vigilantes de la prisión y a acoso por parte de las presas comunas.
Me dediqué a seguir su caso y aprovechaba cualquier novedad para publicar en mi muro de Facebook una foto suya donde saliera favorecida.
Al final, lo que empezó siendo una broma lo terminé convirtiendo en algo serio. Me leí Words Will Break Cement: The Passion of Pussy Riot de Masha Gessen, teniendo una de mis primeras aproximaciones a la Rusia de Putin. La otra fue Mafia State de Luke Harding. Creo que ambos libros hacen un retrato bastante demoledor del autoritarismo y corrupción de la Rusia de Putin.
Ante la presión internacional y la proximidad de los Juegos Olímpicos de Sochi, que iban a poner la mirada del mundo sobre Rusia, Nadya fue indultada. Empezó entonces el ascenso internacional de Pussy Riot.
Al año siguiente de haber salido de la cárcel, Nadya Tolokónnikova y María Aliójina salieron en la tercera temporada de House of Cards, en aquel entonces el drama político del momento. Empezaría entonces el periplo portadas de revistas, invitaciones a eventos y entrevistas en medios para hablar de Rusia.
Nadezhda Tolokónnikova pasaría por España para presentar «su libro», un producto editorial de consumo rápido, con evento en el Matadero de Madrid. El aterrizaje de Pussy Riot en España coincidiría con la hegemonía del femenismo posmoderno en la izquierda institucional, mientras que el mensaje de denuncia de la Rusia de Putin quedaría en segundo plano.
El problema de Nadya Tolokónnikova y María Aliójina es que según pasaban los años su condición de «disidentes rusas» lejos de Rusia se diluía en Occidente. Y la reconversión al activismo woke occidental suponía disputar la atención mediática con una legión de competidores. En la rancia Rusia ortodoxa sus provocaciones habían logrado notoriedad internacional. En Occidente el listón estaba mucho más alto.
Pussy Riot se había hecho célebre internacionalmente por su detención tras grabar sin permiso dentro de una catedral de Moscú. En realidad, aunque la prensa occidental lo presentaba como tal, no se trataba de un grupo musical. Era un colectivo punk que se movía en el mundillo de las performances. Aún así, Pussy Riot logró notoriedad puntualmente con algún vídeo musical que mostraba su verdadero objetivo: el público ruso. En «Chaika» se denunciaba la corrupción e hipocresía de los altos cargos del putinismo, como era el caso de Yury Chaika, fiscal general de Rusia. Pero «Chaika» estaba más cerca del spoken word que de la música. La voz de Nadya Tolokónnikova no daba para sostener una carrera musical.
Los siguientes años vimos a Nadya Tolokónnikova tratar de labrarse una carrera como artista multimedia en el vago y etéreo mundo del arte posmoderno. La vimos vender merchandising como diseñadora gráfica, hacer sus pinitos como D.J., protagonizar performances… Y hasta embarcarse en aventuras de criptomonedas y NFT vinculadas a iniciativas activistas, lo que quizás podría librarle de la etiqueta vendehumos.
Me ahorraré poner las fotos de la etapa que vino luego. Algunas parecen tomadas tras una noche de borrachera. Otras directamente fueron publicadas para promocionar su perfil de Onlyfans. Nadezhda Tolokónnikova osciló siempre entre su activismo y su vanidad de mujer que recibía atención por su físico.
Habiendo seguido al personaje tantos años sólo puedo sentir simpatía por alguien que fue un amor platónico pero que, tras tocar techo, trata sin ningún talento discernible de sobrevivir con una carrera de influencer explotando su físico siempre con la excusa del empoderamiento feminista. Supongo que eso es lo que todos hacemos, tratar de sobrevivir.
Creé mi primer blog en la noche del 29 de febrero de 2004. Publiqué la primera entrada en la madrugada siguiente. Se tituló «El Lobo Estepario». Era el título de un programa de radio presentado por Jesús Quintero. Luego descubrí en el catálogo de Discoplay que era el título de una novela cuya lectura me impactó. Hice una limpieza de entradas en octubre de 2004, abandoné aquel blog y lo retomé sólo brevemente para luego crear y borrar sucesivos blogs personales.
Empecé a escribir mi blog tras llevar meses viviendo en Madrid. Yo había albergado la esperanza de que llegar a la Gran Ciudad iba a abrirme un mundo de posibilidades. Era mera cuestión de estadística viviendo en un sitio más grande y más cosmopolita. Llegué a Madrid para estudiar un máster. No conecté con ningún compañero de clase. A día de hoy sólo he vuelto a saber de uno de ellos que me encontró este año en Twitter.
Mi primer piso era un ático dúplex con terraza al que el dueño había metido tabiques para crear más habitaciones y llenarlo de estudiantes. Así que compartía el piso con un par de españoles que se volvían a su casa casi cada fin de semana y una sucesión de estudiantes Erasmus en continua rotación cada cuatrimestre. Madrid resultó ser más de lo mismo. La misma soledad, la misma tristeza y el mismo dolor acentuadas por vivir rodeado permanentemente de gente. Me recuerdo los sábados por la noche, tras mi habitual paseo por las librerías del centro, volviendo a casa tras la hora del cierre de las tiendas y cruzándome por el camino con la gente joven que salía. Era un contraste muy simbólico. Yo con mis libros, a mi soledad. Ellos en grupo, de fiesta. Me acuerdo ir al cine y preguntarme cómo era posible que en una ciudad de millones de habitantes yo era la única persona en la cola completamente sola.
Creo que fue por aquel entonces cuando leí un artículo en la revista Wired sobre el Síndrome de Asperger entre los hijos de los trabajadores de Sillicon Valley que venía con un test. El resultado fue alto. Por primera vez tenía un nombre que darle a lo que sentía.
Pasaron los años y me volví a encontrar un test. Me dije a mí mismo que seguramente el primero se vio afectado por mi situación personal en aquel piso de Madrid. Que seguro contesté con un sesgo. Al fin y al cabo había preguntas del tipo «¿eres la clase de persona que prefiere estar con su ordenador navegando por Internet antes que en una fiesta llena de desconocidos?». El segundo test, que me propuse contestar con más honestidad, dio incluso más alto.
Este año estaba de vuelta en Madrid y me encontré con el canal de Youtube «Autism From The Inside«. El autor preguntaba en un vídeo «¿eres la clase de persona que pasados los cuarenta caes en la cuenta que no tienes ni pareja ni amigos?» Toda una vida pensando que eran las circustancias del momento hasta que te paras a pensar que algo pasa.
Al final tengo un diagnóstico de un profesional. En realidad lo sabía desde aquel test que hice en Internet en mi primer piso en Madrid. Pero oírlo de alguien fue muy diferente. Me pasé días pensando que he vivido con un lastre. Me he pasado toda una vida peleando con un monstruo invisible. Al final, estaba condenado a ser así, un Lobo Estepario.
La banda sonora de «Akira», sin duda uno de los largometrajes de animación más influyentes de la historia del cine, me impresionó de tal forma que aún a día de hoy la sigo escuchando y la asocio a momentos personales muy concretos. Como la muerte de mi compañero de habitación del hospital, una historia que creo no he contado nunca a nadie.
El tema «Shohmyoh» fue uno de los que más huella dejó. Mi fascinación por la música minimalista con sus infinitas iteraciones encontró un hueco en las recitaciones de los mantras budistas.
Recientemente, gracias las casualidades que provoca el algoritmo de Youtube imagino, encontré al monje zen japonés Yogetsu Akasaka que combina los recitados de los mantras buidstas con las capas de beatboxing y voz que le permiten generar una estación de loop Boss RC-505. Así, suena su versión del sutra del corazón.
A partir del descubrimiento de Yogetsu Akaska seguí buscando más música de monjes zen japoneses. Y así descubrí a Kanho Yakushiji, con una aproximación más convencional. Lo mismo lo podemos ver con un conjunto de cámara, que con músicos de jazz o bailarines contemporáneos. Aunque en la siguiente versión del sutra del corazón el acompañamiento es simple pero efectista.
El recitado del Sutra del Corazón dice, en la traducción de José Silvestre Montesinos:
Avalokiteshvara, el Bodhisattva de la Compasión, meditando profundamente sobre el Entendimiento Perfecto (Prajnaparamita), descubrió que los cinco aspectos de la existencia humana estaban vacíos, liberándose de este modo del sufrimiento.
En respuesta al monje Sariputra, dijo lo siguiente: El cuerpo es tan solo vacío, el vacío no es más que el cuerpo. El cuerpo está vacío, y el vacío es el cuerpo. Los otros cuatro aspectos de la existencia humana: sentidos, pensamientos, voluntad y conciencia, también están vacíos, y el vacío los contiene. Todas las cosas están vacías: Nada nace, nada muere, nada es puro o impuro, nada aumenta o disminuye.
Así pues, en el vacío, no existe el cuerpo, ni las sensaciones, ni los pensamientos, ni la voluntad, ni la conciencia. No hay ojos, ni oídos, ni nariz, ni lengua, ni cuerpo, ni mente. No hay sentido de la vista, ni del oído, ni del olfato, ni del gusto, ni del tacto, ni de la imaginación. Nada puede verse o escucharse, olerse o gustarse, tocarse o imaginarse.
No existe la ignorancia, ni el fin de la ignorancia. No existen la vejez y la muerte, ni el fin de la vejez y la muerte. No existe el sufrimiento, ni la causa del sufrimiento, ni el fin del sufrimiento, ni un camino a seguir. No existe el logro de la sabiduría, ni ninguna sabiduría que lograr.
Los Bodhisattvas confían en el Entendimiento Perfecto, y, libres de todo engaño, no sienten ningún miedo, disfrutando del Nirvana aquí y ahora. Todos los Budas, pasados, presentes y futuros, confían en el Entendimiento Perfecto, y viven en la iluminación total.
El Entendimiento Perfecto es el mejor mantra. El más lúcido, el más elevado, el mantra que elimina todo sufrimiento. Ésta es una verdad fuera de toda duda.
Jamás nadie podrá reprochar a Podemos de ser un partido político que escondió sus verdaderas intenciones y su verdadera naturaleza. Cuando Pablo Iglesias empezó a ser popular gracias a la televisión generalista, antes de fundar el partido, fue invitado a dar charlas por todas las esquinas de España. Hubo quién grabó aquellas intervenciones y las subió a YouTube. Algunas incluso que no parecían destinadas al gran público. También contamos con las declaraciones de Pablo Iglesias en el programa La Tuerka y sus editoriales de Fort Apache en el canal iraní HispanTV.
De las declaraciones de aquellos tiempos podemos saber que Pablo Iglesias proponía medidas políticas y económicas para convertir a España en una república bananera. Luego, cuando creó el partido, consideró que se abría una ventana de oportunidad para «asaltar los cielos» y que por tanto el fin justificaba los medios. Su concepción de la política surge de tradiciones antidemocráticas. Así que nada de lo sucedido en los últimos años nos debe extrañar. Ni que la maquinaria del partido pasara por antiguos amigos como una apisonadora o que ahora demuestre lo que le incomoda el periodismo hostil.
Sabiendo todo eso no hay nada que reprocharle a Podemos y sus líderes. El problema me surge con los sorprendidos y desencantados. Recuerdo a un defensor del software libre que acudió a Vistalegre I y contó en su blog con fastidio que allí no se había hablado de la transformación digital de España, sino de la organización de un partido político puro y duro. Mostraba su contrariedad porque allí no había lugar para el asamblearismo del 15-M. Luego, por el camino conocí a personas que me contaban el largo recorrido que les había llevado de la ilusión al desencanto. Se sentían traicionadas y decepcionadas porque nunca esperaron que en un partido político como Podemos funcionaran los liderazgos fuertes y la ambición desmedida. Esas mostraban un pesar hondo por el tiempo, la energía y la ilusión derrochadas. A mí siempre me generó entre sorpresa y sonrojo que creyeran que Podemos era algo diferente a lo que es Podemos.
Coke Studio es un programa musical de televisión que apareció en Pakistán en 2008. La idea era simple: unir a músicos y cantantes de regiones, etnias y estilos diferentes para actuar en directo en un estudio. En unas ocasiones artistas pop versionan temas tradicionales. En otras artistas tradicionales son acompañados de bases electrónicas e instrumentos eléctricos. En todos los casos la fusión es perfecta. Y en algunos casos es espectacularmente brillante
El éxito del formato llevó a ser replicado en la India, que fue la vía por la que yo descubrí el programa. Desde aquel entonces he pasado temporadas en que no he parado de escuchar temas de las versiones india y pakistaní de Coke Studio, guardando en una lista de Youtube que tiene ya más de 50 entradas mis vídeos favoritos.
Hoy quiero compartir aquí cuatro temas de la versión pakistaní de Coke Studio que me parecen sublimes. El primero es una versión musicalizada de un poema en farsi de Jursan Amir, polímata indio que vivió entre los años 1253 y 1325 de nuestra era y al que se le considera padre del qawwali, la música devocional sufí característica del subcontinente indio. «Jabaram Rasida» es un poema de amor que en la tradición del qawwali, al igual que el Cantar de los Cantares, se puede interpretar como una metáfora del amor a Dios y el deseo de unión con la divinidad.
«Noticias me han llegado esta noche, oh mi bella amada, de que vendrás. Que mi cuello sea sacrificado en el camino por el que vienes cabalgando».
Lal Shahbaz Qalandar fue un místico sufí que nació en Afganistán y vivió entre los años 1177 y 1274 de nuestra era. Fue un místico sufí itinerante que predicó la tolerancia religiosa. A su muerte su tumba en Sehawan (Pakistán) se convirtió en un lugar de peregrinación para los musulmanes y su figura recibió también la devoción de los hindúes. Jursan Amir compuso en su honor un poema que con diferentes añadidos llegó a nuestra época como una canción, «Dama Dam Mast Qalandar«, que es hoy un clásico popular en India y Pakistán .
En la siguiente versión se combina la voz de Qurat-ul-Ain Balouch con Akbar Ali a los coros y el recitado del poeta y cantante Arieb Azhar. A destacar Shehroze Hussain al sitar y Aahad Nayani a la batería en una actuación que suma 25 artistas en el estudio.
Bulleh Shah fue un filósofo, místico y poeta punyabí que vivió entre 1680 y 1757 de nuestra era. A él se debe algunos añadidos al poema de Jursan Amir sobre Lal Shahbaz Qalandar. El siguiente tema es un poema suyo que toca una de los temas universales del misticismo: la búsqueda de la iluminación y la lucha contra el propio ego.
Has estudiado para convertirte en un sabio académico
pero nunca te molestas en aprender sobre tu propia alma.
Corres rápido para entrar en el templo y la mezquita
pero nunca te molestas en entrar en tu propio corazón.
Luchas contra Satán cada día
pero nunca luchas contra tu propio ego.
Bulleh Shah, estás obsesionado con alcanzar lo que está fuera de tu alcance
pero nunca te molestas en alcanzar el tesoro que tienes en casa al alcance de tu mano.
En el último tema repiten los hermanos Ali Noor y Ali Hamza, que forman la banda punyabí Noori, uno de los exponentes del rock sufí pakistaní. Les acompaña su madre a la vina, un instrumento tradicional de cuerda.
Creé mi primer blog el 29 de febrero de 2004. Fue un año bisiesto. Como 2020. Yo por aquel entonces era un chico de provincias que había llegado a la gran gran capital creyendo que se le iba a abrir un mundo nuevo de posibilidades. Descubrí que las circunstancias podían ser diferentes, pero seguía llevando la misma vida de lobo estepario de siempre, agravada por un nuevo tipo de soledad: la del que lleva una existencia solitaria rodeado permanentemente de gente.
Semanas después tuvo lugar el atentado terrorista del 11-M, el mayor atentado terrorista de la historia de España. Alguien en el gobierno de José María Aznar hizo aquel día un cálculo político. Si el atentado era obra de la banda terrorista vasca ETA, la rabia e indignación de la sociedad española iba a generar un ascenso del sentimiento nacionalista español que se trasladaría en un voto al conservador Partido Popular en las elecciones generales del día 14 de marzo. Si el atentado era obra de una célula terrorista yihadista la sociedad española iba a interpretar el atentado como un acto de venganza por el apoyo del gobierno de Aznar a la invasión estadounidense de Iraq en marzo de 2003 y se iba a generar un sentimiento de indignación que en las urnas se transformaría en un voto de castigo contra el Partido Popular. Por tanto, era necesario que el gobierno transmitiera machaconamente el mensaje hasta la celebración de las elecciones de que la investigación apuntaba a ETA.
En su libro 11-M La Venganza, el periodista Casimiro García-Abadillo, que años más tarde llegaría a ser el director del diario madrileño El Mundo, cuenta que el día de los atentados miembros del partido socialista español (PSOE) se pusieron en contacto con miembros del Partido Demócrata en Estados Unidos, que les contaron su impresión de que en la comunidad de inteligencia estadounidense se consideraba que los atentados del 11-M eran de autoría yihadista. Eso llevó a que desde los medios de comunicaciones afines al PSOE se sembraran dudas sobre la versión oficial. Mi experiencia personal es que los estudiantes Erasmus en contacto con sus familias aquel día o periodistas en contacto con sus pares en lugares como Israel supieron que fuera de España se daba por hecho de que se trataba de un atentado de carácter yihadista.
La tarde del sábado 13 de marzo, en vísperas de las elecciones, se supo de las primeras detenciones que apuntaban a la pista yihadista. La sensación de indignación por lo que se percibía había sido una maniobra de desinformación del gobierno llevó a manifestaciones frente a las sedes del Partido Popular. En las elecciones generales celebradas el día siguiente ganó el PSOE, a pesar de que las encuestas anteriores a las elecciones daban como ganador al Partido Popular. Los acontecimientos sucedidos entre los atentados del 11-M y las elecciones del 14-M dieron la vuelta a las elecciones.
Cualquier persona que no simpatizara con el gobierno del Partido Popular en 2004 puede contar su experiencia personal de aquellos días. Mi padre siempre recuerda cómo un ministro del gobierno de José María Aznar llamó «miserables» a todos aquellos que dudaran de la versión oficial. Para todos nosotros, la gestión informativa de los atentados fue la clave. La sensación de que el gobierno mintió a propósito generó una ola de indignación que llevó al gesto inaudito de manifestaciones el día antes de las elecciones, en lo que en España se considera «jornada de reflexión» y están prohibidos los actos políticos.
Los simpatizantes del gobierno del Partido Popular tienen un recuerdo totalmente diferente. Y ese recuerdo fue moldeado por la reinterpretación que hicieron los medios conservadores de la derrota electoral, que les pilló por sorpresa. Durante los siguientes meses fueron reconstruyendo los hechos. El gobierno no mintió sobre la autoría de los atentados. En realidad fue engañado por altos mando de la policía, muchos de los cuales habían hecho su carrera durante el anterior gobierno socialista (que estuvo en el poder hasta 1996). Los atentados parecían hechos por un grupo de terroristas yihadistas, pero en realidad había sido organizados por la banda terrorista vasca ETA en un plan preparado con el PSOE y con la participación de los servicios secretos marroquíes para introducir dos capas de pistas falsas: una primera que apuntaba erróneamente a ETA para engañar a los investigadores durante las primeras 72 horas y una segunda que apuntara a una célula yihadista que actuara de cabeza de turco. A cambio de los servicios de ETA, el nuevo gobierno del PSOE le concedería la independencia al País Vasco.
Pedro J. Ramírez, director entonces del diario El Mundo, abrazando las teorías de la conspiración del 11-M. Foto vía LosGenoveses.net
Sobra decir que las teorías de la conspiración del 11-M eran un disparate. Pero eso no fue obstáculo para que dos medios les dedicaran bastante espacio: el diario madrileño El Mundo y el diario on-line Libertad Digital. Las teorías de la conspiración partían del desconocimiento que la sociedad española tenía entonces del fenómeno terrorista yihadista y planteaban que el 11-M era un atentado sospechoso porque en él no habían participado terroristas suicidas, no había una conexión directa con el núcleo duro de Al Qaeda y porque miembros de la célula se movían en el mundo del trapicheo de drogas y la pequeña delincuencia. Su única referencia era entonces los atentados del 11-S. En los años posteriores se demostraría que precisamente el patrón más habitual de la yihad europea eran los elementos vistos el 11-M. En el fondo, las teorías de la conspiración partían de una perspectiva racista en la que se consideraba difícil de creer que unos «moritos» hubieran cometido el mayor atentado de la historia de España durante un gobierno del infalible Partido Popular.
José María Aznar disfrazado del Cid Campeador.
Años después me encontré con algún amigo que defendía vehemente que «algo» raro había pasado el 11-M. Era incapaz de asumir que el gobierno de José María Aznar se había equivocado y había mentido, o al menos se había creído sus propias mentiras. El Partido Popular terminaría por asumir las teorías de la conspiración y haría preguntas al gobierno en el Parlamento al respecto. Esto dio esperanzas a los defensores de las teorías de la conspiración esperaban que la llegada al poder del Partido Popular arrojaría luz sobre los acontecimientos del 11-M. Sobra decir, que cuando Mariano Rajoy, elegido por José María Aznar mediante el dedazo como su sucesor al frente del Partido Popular, llegó al poder en 2011 de las teorías de la conspiración del 11-M nunca más se supo.
A pesar del vuelco electoral del 14-M, el PSOE no alcanzó la mayoría absoluta. Requirió del apoyo electoral de Izquierda Unida, la coalición de partidos liderada por el Partido Comunista Español (PCE). La prensa de derechas se refirió a aquel gobierno como «social-comunista». Teniendo en cuenta que España había entrado en la moneda única europea, los márgenes de actuación en materia económica de aquel gobierno no fueron muy amplios. Así que sus medidas estrellas entraron en el terreno de lo simbólico, como la Ley de Memoria Histórica, el matrimonio igualitario y las negociaciones con la banda terrorista ETA, muy debilitada.
A ojos de la derecha conservadora, el nuevo gobierno pretendía destruir España, rindiéndose ante el terrorismo separatista, además de pretender romper la familia tradicional. Se convocaron grandes manifestaciones en el centro de Madrid, con movilización de autobuses desde todas las esquinas de España para hacer bulto. Los defensores de las teorías de la conspiración se sumaron a aquellas manifestaciones. Recuerdo el comentario de uno de ellos que soñaba que al final de la manifestación el presidente del gobierno tuviera que abandonar Madrid en helicóptero, en referencia a la dimisión del presidente argentino De la Rúa, en plena crisis económica y social del país, que abandonó la Casa Rosada en un helicóptero de la fuerza aérea. También recuerdo a cierto comentarista político preguntando dónde estaba el ejército en un momento crucial de España como aquel.
La teoría de la conspiración del 11-M tenía serias implicaciones políticas. El gobierno del PSOE había negociado con dos enemigos tradicionales de España, Marruecos y la banda terrorista ETA, para cometer el mayor atentando terrorista de la historia de España y llegar al poder. Por tanto, era un gobierno ilegítimo ante el que cualquier medida era lícita para desalojarlo del poder. Yo, que pasaba buena parte del tiempo pendiente de Internet, sentía que el clima político en España se había hecho irrespirable. Por aquel entonces yo mantenía el Lobo Estepario como nombre de guerra en Internet y procuraba que no hubiera foto alguna de mi cara. Me preocupaba permanecer anónimo. Llevó tiempo darme cuenta que el ambiente guerracivilista que se vivía en Internet no se trasladaba a la calle.
En aquel tiempo las redes sociales no habían despegado como fenómeno en Internet. La forma de comunicación más popular era MSN Messenger y era el tiempo del ascenso de los blogs. La derecha conservadora, jugando a la contra, parecía mejor organizada. Contaba con portales como RedLiberal.com, que servía de paraguas para un amplio espectro de la derecha española. Y es que en España «liberal» se convirtió en un eufemismo para definir cualquier forma de derecha ante el desprestigio de términos como «conservador». El periodista Fernando Berlín retrató aquel panorama en un artículo célebre, «La Red de pensamiento agitativo en Internet«, que el diario madrileño El País publicó en septiembre de 2004.
Después de las manifestaciones de este fin de semana, volvemos a lo mismo. A la derecha manifestándose contra un gobierno social-comunista, enemigo de la democracia y la libertad, que esta vez es responsable de miles de muertos por la gestión de la pandemia del coronavirus. Y por tanto cualquier medio es legítimo para echarlo del poder. A la agitación en Internet. Al ambiente político irrespirable. A las guerras culturales. Vuelta a empezar. Un buen momento para retomar el blog.
Hay una constante en mi vida. En distintos momentos y lugares alguien se ha dirigido a mí para comentarme con sorna que la música que me gusta y estaba en aquel instante escuchando a oídos de todo el mundo era «música de mierda».
Me ha pasado escuchando desde una sinfonía de Beethoven a Loreena McKennit. Y no me sucedió rodeado de rudos camioneros y toscos obreros. Me ha pasado rodeado de personas con estudios universitarios y trabajos cualificados.
Mi reacción ha ido variando a lo largo del tiempo. Hubo veces que me afectó profundamente, como una ofensa que resumía en aquel desprecio ignorante toda mi vida en un instante. Otras me resultó divertido como lo son los chistes realmente malos. Me resultó divertido lo atrevido de la ignorancia.
En los últimos años he repetido varias veces la broma de compartir en Facebook un vídeo musical que acababa de descubrir con emoción y lo anunciaba sabiendo que nadie reaccionaría porque mis gustos no son compartidos. Y alguna que otra vez dije que mi vocación frustrada era la de locutor radiofónico al estilo de Ramón Trecet y su programa Diálogos en Radio 3. Así que he decidido que voy a grabar un podcast sobre la música que me gusta.
«Música de mierda» fue el primer título que se me ocurrió. Un gran escupitajo rencoroso al mundo. Pero creo que la ironía no sería entendida por muchos. También pensé en algo así como «La música del Lobo Estepario». Incluso pensé en otra referencia a la novela de Herman Hesse: «No para cualquiera».
La verdad es que no sé qué nombre le voy a poner al programa. Tengo pensado los contenidos de los tres primeros. Espero empezar pronto.