Ups, pasó otra vez

Peter Boghossian y James Lindsay han perpetrado un nuevo “Sokal”. Redactaron un artículo académico lleno de logorrea posmoderna con citas a obras inexistentes y lo han colado en una revista académica llamada Cogent Social Sciences. El artículo se titula “El pene conceptual como constructo social” y sostiene que el pene no debería entenderse como un órgano anatómico, sino como un constructo social. Exactamente los autores dicen “un constructo social altamente fluido y performativo de género”.

Los autores afirman que redactaron los párrafos más absurdos y vacíos posibles para crear un artículo que jamás debió ser publicado por una revista pretendidamente académica. Se contradijeron en el texto a posta, introdujeron expresiones de la jerga post-estructuralista de forma aleatoria y llegaron a culpar al pene “conceptualmente” del cambio climático. Para colmo usaron citas extraídas del “Generador Posmoderno”, un algoritmo que genera aleatoriamente textos posmodernos.

Cogent Social Sciences parece ser una de esas revistas académicas cajón de sastre que cobran por publicar. Así que no estamos tanto ante un problema de revistas posmodernas que publican boberías, sino ante prácticas deshonestas. Pero que un artículo así recibiera comentarios positivos de los revisores indica que el mundo académico posmoderno funciona bajo la Ley de Poe. Las parodias son indistinguibles de la realidad.

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En el (construido socialmente) corazón de la blanquitud

La periodista Ijeoma Oluo entrevistó a Rachel Dolezal, la mujer blanca estadounidense que se presentó al mundo como negra durante años y fue puesta en evidencia por sus padres de origen europeo. De hecho, Dolezal dirigía la oficina local de una ONG  pro derechos de la población negra e iba contando una historia personal de sufrimiento y discriminación “por ser negra”. Después de destaparse el asunto, Dolezal se puso un nombre nigeriano y se presentó a sí misma algo así como blanca que se siente negra.

El reportaje se titula In the Heart of Whiteness.  El retrato que hace Oluo destroza la figura de Dolezal, presentándola como una chica blanca “que no se entera” y que  un día se encaprichó en ser negro como parte de su “privilegio blanco”. Hay cosas en el discurso de Dolezal que dan un poco de pena, sí. Como cuando cuenta que su interés por la negritud surgió en la infancia leyendo reportajes en la revista National Geographic sobre tribus exóticas en África.

Para Oluo es absolutamente ridículo el reclamo que hace Dolezal de presentarse a sí misma al mundo como negra. Le parece que frivoliza la experiencia de las mujeres negras reales. Pero claro, ¿no habíamos asumido desde el punto de vista posmoderno que todo absolutamente era una construcción social? Hay quien equipara a Dolezal a con una mujer trans.

La verdad es que estoy más cerca de Oluo que de Dolezal. Me parece que esta última forma parte de una tendencia creciente de gente que “envidia” la atención recibida por quienes luchan por obtener reconocimiento social. Ya hay quien incluso quiere ser operado para convertirse en discapacitado y quedar confinado a una silla de ruedas. Pero tengo la sensación de que situaciones como esta están llevando a la izquierda posmoderna a un punto de absurdo, feministas veganas luchando por “nuestras compañeras las vacas”, que terminará implotando.

El vestido de la Pedroche y el fin de la civilización occidental

Resulta que una año máz Cristina Pedroche salió en el programa de la campanadas de Fin de Año de un canal de televisión español con una vestido que enseñaba más de lo habitual y el asunto se ha convertido en tema de debate para las personas progresistas y bien pensantes. El debate se ha basado en posturas parecidas a los otros debates sobre el velo musulmán y la prostitución. Por un lado, gente diciendo que es denigrante que una mujer haga algo así. Por otro lado, gente diciendo que ella es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Y a partir de ahí un debate sobre si se puede decir que ella es realmente libre y el derecho de los demás a decirle a una mujer lo que tiene que hacer con su cuerpo.

Enlace a enlace terminé leyendo una crítica feminista a la crítica feminista del reagguetón (¿cuánto hay de etnocentrismo y clasismo en la crítica de feministas europea de los “ritmos latinos”? plantea la autora), una crítica feminista al número de la revista National Geographic que aborda los “otros géneros” por invisibilizar a las mujeres y la explicación de Jéssica Fillol de por qué abandonó el blog colectivo Locas del Coño.

Me encontré de nuevo en ese punto en que descubres que cualquier cosa presentada como progresista, feminista y emancipatoria puede ser vista como todo lo contrario en un tipo de debate que sólo puedo comparar con debates teológicos. Con el viejo mundo en crisis y los bárbaros a las puertas, estos debates me recuerdan el concepto de “discusión bizantina”.  Imagino la perplejidad de los historiadores futuros leyendo los textos de esta época al ponerlos en el contexto de la amenaza que supone el islamismo para los principios democráticos y de convivencia ante la pasividad del relativismo posmoderno imperante.

Dice Víctor Lapuente en “El sexo de la izquierda” que la insistencia de la izquierda en presentarse como abanderada de mujeres, personas LGBT y minorías étnicas le hace perder un mensaje universal. Como hemos visto en Estados Unidos recientemente y desde hace tiempo en Europa, ese vacío ideológico es ocupado por la ultraderecha. Y empiezo a pensar, si una posible reacción ultraconservadora será la solución terrible al problema. No la deseable, claro está. Pero al menos una solución.