Desazón

Creé mi primer blog con el título “El Lobo Estepario” en 2004. Todavía la URL existe pero hace muchos años que no lo visito.  Por qué elegí ese título lo explica un fragmento de la novela de Herman Hesse que copié en “Acerca de”. En 2004 había llegado a la gran ciudad, para vivir por primera vez fuera de casa de mis padres. Vivía rodeado de Erasmus viviendo la gran aventura española. Y yo no podía sentirme más ajeno a su vida y más solo en la gran ciudad. Y a pesar de todo, posiblemente me pasase como a Nani Moretti en “Caro Diario”: que yo incluso en un mundo mejor que este seguiría siendo parte de una minoría. El mundo vivía una gran fiesta en la que ya no quería ser parte.

Trece años después sigo pensando que “El Lobo Estepario” es un buen título para un blog personal. Y sigo pensando que me representa. Pero mi sensación es diferente. Me cuesta explicarlo porque tendría primero que poner por escrito muchos torrentes de pensamiento para luego poder ordenar la ideas. Lo resumiría en la sensación de asistir al ocaso de un mundo. Al comienzo de una larga decadencia. Desde los antivacunas a las “no go zones” de Europa. La modernidad, la racionalidad y el progreso retroceden. No sé darle un nombre ni darle una explicación coherente. Sólo queda observar como testigo impotente y darle orden en mi cabeza.

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El vestido de la Pedroche y el fin de la civilización occidental

Resulta que una año máz Cristina Pedroche salió en el programa de la campanadas de Fin de Año de un canal de televisión español con una vestido que enseñaba más de lo habitual y el asunto se ha convertido en tema de debate para las personas progresistas y bien pensantes. El debate se ha basado en posturas parecidas a los otros debates sobre el velo musulmán y la prostitución. Por un lado, gente diciendo que es denigrante que una mujer haga algo así. Por otro lado, gente diciendo que ella es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Y a partir de ahí un debate sobre si se puede decir que ella es realmente libre y el derecho de los demás a decirle a una mujer lo que tiene que hacer con su cuerpo.

Enlace a enlace terminé leyendo una crítica feminista a la crítica feminista del reagguetón (¿cuánto hay de etnocentrismo y clasismo en la crítica de feministas europea de los “ritmos latinos”? plantea la autora), una crítica feminista al número de la revista National Geographic que aborda los “otros géneros” por invisibilizar a las mujeres y la explicación de Jéssica Fillol de por qué abandonó el blog colectivo Locas del Coño.

Me encontré de nuevo en ese punto en que descubres que cualquier cosa presentada como progresista, feminista y emancipatoria puede ser vista como todo lo contrario en un tipo de debate que sólo puedo comparar con debates teológicos. Con el viejo mundo en crisis y los bárbaros a las puertas, estos debates me recuerdan el concepto de “discusión bizantina”.  Imagino la perplejidad de los historiadores futuros leyendo los textos de esta época al ponerlos en el contexto de la amenaza que supone el islamismo para los principios democráticos y de convivencia ante la pasividad del relativismo posmoderno imperante.

Dice Víctor Lapuente en “El sexo de la izquierda” que la insistencia de la izquierda en presentarse como abanderada de mujeres, personas LGBT y minorías étnicas le hace perder un mensaje universal. Como hemos visto en Estados Unidos recientemente y desde hace tiempo en Europa, ese vacío ideológico es ocupado por la ultraderecha. Y empiezo a pensar, si una posible reacción ultraconservadora será la solución terrible al problema. No la deseable, claro está. Pero al menos una solución.

En Asia ahora sí saben pasárselo bien

Mientras en Europa aún no menos la salida del túnel de esta crisis, todo aquello a lo que hemos renunciado surge en Oriente. Hay una clase media emergente y una clase obrera que lucha por sus derechos. Derechos laborales, tiempo libre y ocio son ahora objetivos a conquistar.

Israel dice en Greenshines, a cuenta de una actuación del rapero coreano PSY:

Son como éramos nosotros en los 90, son como no vamos a volver a ser jamás.