La gente lucha por lo que realmente merece la pena

Haren (Holanda), 21 de septiembre de 2012.

Su vía central estaba ayer tapizada de botellas rotas, latas de bebida aplastadas, plásticos diversos y restos de mobiliario urbano. La noche del viernes habían sufrido el asalto de unos 4.000 jóvenes llegados de todo el país a una falsa fiesta pública anunciada a través de Facebook. Hubo 34 detenidos y 29 personas resultaron heridas. El Ayuntamiento llevaba varios días explicando, también a través de Facebook, que las masas —hasta 25.000 personas llegaron a anunciar que irían a la fiesta— no eran bienvenidas. La “agresividad extrema” contra los agentes registrada la madrugada del viernes al sábado es un fenómeno desconocido en Holanda.

Madrid, 22 de septiembre de 2012.

El Festival MTV Beach Madrid acabó en la madrugada del sábado con graves disturbios y enfrentamientos entre un millar de jóvenes y los antidisturbios de la policía. Sesenta personas fueron atendidas, en su mayoría de heridas leves, y once fueron detenidos. Los incidentes comenzaron en la medianoche cuando un numeroso grupo de jóvenes intentó entrar por la fuerza en el recinto, que a esas horas ya estaba completo. La entrada al festival era libre hasta que se completara el aforo máximo. Al llegar la policía, los jóvenes comenzaron a lanzar botellas y piedras, a lo que los agentes respondieron con pelotas de goma. Los enfrentamientos continuaron durante cerca de horas y se extendieron a las calles cercanas a la explanada de Puente del Rey.

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4 comentarios en “La gente lucha por lo que realmente merece la pena

  1. Desconozco cómo era ese Festival MTV, pero yo recuerdo un Festimad con unos disturbios épicos (barras asaltadas, coches quemados, etc.) en el que los responsables fueron las personas que estaban a las puertas y querían entrar a la fiesta «electrónica» que había tras los conciertos. Esto es, no quienes habíamos pagado la entrada, sino los que asaltaron el festival para una fiesta gratis, que obviamente no tenían nada que perder si el mismo se cancelaba.

    En el caso de Holanda, también desde la distancia, me ha recordado a los botellones vía mail de hace unos años.

    Está claro que montar semejante pollo cuando luego se dejan tantos temas sin tratar parece un despropósito, yo me he acordado de los Beastie Boys, en todo caso xD

  2. Sí, recuerdo aquel Festimad en el que hubo unos coches que estaban allí expuestos y terminaron ardiendo. La hierba desapareció tras tanto trasiego de gente y aquello se convirtió en un solar polvoriento donde la gente no paró de tragar tierra.

    En el caso holandés, se trató de una adolescente que se olvidó de configurar el evento en Facebook de su cumpleaños como “privado”. Se apuntaron 25.000 personas y aparecieron 4.000 en su barrio. Algo parecido sucedió en Alemania hace unos años. Se montó un macrobotellón nada tranquilo en el pueblo de una adolescente a la que le pasó lo mismo. Lo mejor, la descripción de la policía:

    Las redes sociales han traído una nueva generación de hooligans “más violentos, sin jerarquías y que actúan ajenos al evento visitado”, explica el Instituto holandés para la Seguridad y el Control de la Crisis..

    ¡Ciberturbas!

  3. Yo recuerdo las revueltas por la subida del precio del chato de vino en Logroño, o las broncas por el cierre anticipado de bares en Cáceres o Badajoz (ya no recuerdo cuál). A pesar de la estúpida regla prohibicionista de los botellones, observo con detenimiento a la misma juventud y afines (caray, todos negamos a dejar de ser jóvenes) que protestan por los quincesemes y los veinticincoeses ensuciar y destruir propiedad pública (eso mismo que luego gritan) sin ningún tipo de remodimiento. Como la oleada de artistas modernos que llenan puertas de iglesias con supuestas obras de arte con spray. O joderle al comerciante sus puertas cada mañana. Toda esta superficialidad llama a ponerse mosca con las protestas vigentes, repletas de nadería de masas. O puede que siempre haya sido así. Y la pregunta es cómo separar la cuestión de la sanidad de protestar con el hecho de que todo lo que conjunte un cierto número de masa (y ese es incluso menor al número de Dumbar) resulte en un fiasco. Ferran Adriá les decía a los que protestaban por no poder entrar a probar su cocina cuando expuso en Documenta que “no se puede cocinar para todo el mundo”. Las ollas y las sartenes tienen una capacidad limitada por hora de cocción.

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