Simas de odio

Hace no mucho descubrí qué había sido de una chica que conocí en el año 2006, cuando tener un blog era algo relevante. Coincidí en Madrid varias veces con ella en los encuentros de una red de blogs en la que participábamos ambos. Y en uno de sus viajes a Madrid, conocí a su novio. A mí me terminaron purgaron de la red de blogs y le perdí la pista. Diez años después, me enteré que se casó con su novio y resultó ser un maltratador. Se divorció de él tras un proceso doloroso que le marcó profundamente y por el camino se convirtió en una feminista lo suficientemente conocida para tener hordas de trolls acosándole continuamente.

Internet está llena de gente odiosa. Tanto como para merecer la pena dedicar tiempo a rebatir sus ideas o exponer sus miserias. Pero el grado de inquina e insistencia de los ataques de los trolls que ella ha sufrido demuestran la existencia de una sima de odio profundo que anida en muchos hombres. No deja de sorprenderme lo atacados que se sienten algunos por las mujeres que cuestionan el orden establecido y esa necesidad que sienten de hacerles la vida imposible. ¡Gorda! ¡Puta! ¡Fea! ¡Malfollada! Evidentemente canalizan la frustración de una vida sexual y afectiva llena de carencias, tratando de sentir así algún tipo de poder sobre una mujer.

Descubrir ese mundo de hombres que odian tanto me resultó inquietante. Hay un mundo ahí fuera de gente muy siniestra dispuesta a hacer daño a otros del que no tenía ni la más remota idea de su existencia. Y porque demuestra el nivel de resistencia que algunos hombres ponen a tener que revisar sus valores y su comportamiento.

Anuncios

El vestido de la Pedroche y el fin de la civilización occidental

Resulta que una año máz Cristina Pedroche salió en el programa de la campanadas de Fin de Año de un canal de televisión español con una vestido que enseñaba más de lo habitual y el asunto se ha convertido en tema de debate para las personas progresistas y bien pensantes. El debate se ha basado en posturas parecidas a los otros debates sobre el velo musulmán y la prostitución. Por un lado, gente diciendo que es denigrante que una mujer haga algo así. Por otro lado, gente diciendo que ella es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Y a partir de ahí un debate sobre si se puede decir que ella es realmente libre y el derecho de los demás a decirle a una mujer lo que tiene que hacer con su cuerpo.

Enlace a enlace terminé leyendo una crítica feminista a la crítica feminista del reagguetón (¿cuánto hay de etnocentrismo y clasismo en la crítica de feministas europea de los “ritmos latinos”? plantea la autora), una crítica feminista al número de la revista National Geographic que aborda los “otros géneros” por invisibilizar a las mujeres y la explicación de Jéssica Fillol de por qué abandonó el blog colectivo Locas del Coño.

Me encontré de nuevo en ese punto en que descubres que cualquier cosa presentada como progresista, feminista y emancipatoria puede ser vista como todo lo contrario en un tipo de debate que sólo puedo comparar con debates teológicos. Con el viejo mundo en crisis y los bárbaros a las puertas, estos debates me recuerdan el concepto de “discusión bizantina”.  Imagino la perplejidad de los historiadores futuros leyendo los textos de esta época al ponerlos en el contexto de la amenaza que supone el islamismo para los principios democráticos y de convivencia ante la pasividad del relativismo posmoderno imperante.

Dice Víctor Lapuente en “El sexo de la izquierda” que la insistencia de la izquierda en presentarse como abanderada de mujeres, personas LGBT y minorías étnicas le hace perder un mensaje universal. Como hemos visto en Estados Unidos recientemente y desde hace tiempo en Europa, ese vacío ideológico es ocupado por la ultraderecha. Y empiezo a pensar, si una posible reacción ultraconservadora será la solución terrible al problema. No la deseable, claro está. Pero al menos una solución.