Todo suena más intelectual en francés

I'm surrounded by morons.

William Braden ha elvado el género de “vídeos de gatos en Internet” a la categoría de arte. El protagonista de sus cortos en blanco y negro, Henri, es un gato aburrido y desencantado con el mundo que reflexiona en francés. Y es que todo resulta más intelectual cuando se pasa por el filtro del cine francés de los años 50 y 60.

El tiempo, el implacable

Un signo del paso del tiempo es que “envejecer con dignidad” se convierta en un tema de conversación. El otro día me vino la duda de qué había sido de todas aquellas estrellas del cine francés que componían en los años 90 un star-system muchísimo más interesante que el estadounidense.

Primero busqué a Isabelle Adjani, que siempre recordaré por el reportaje que le hizo la revista PHOTO a propósito del rodaje de “La reina Margot”. Me la encontré hecha una Sara Montiel francesa. Luego pensé en Emmanuelle Béart, de la que no había sabido nada en mucho tiempo. Me encontré con otra víctima de la cirugía estética que ahora hace campaña contra ella. Al menos Sophie Marceau lucía bien cuando apareció sin maquillaje y sin retoques de Photoshop en un número especial de la edición francesa de la revista Elle en 2008. De pronto, me sentí uno de esos contertulios que debaten sobre películas en televisión y hablan de que ya no hay mujeres como las que poblaban las pantallas en blanco y negro de su juventud.

Hace poco murió el dibujante Moebius y hoy la noticia ha sido el fallecimiento de Ray Bradbury. Dice Juanjo que “todos los gigantes culturales a cuya sombre crecí la van palmando poco a poco… y el mundo parece más ajeno y extraño sin ellos”. El otro día hablaba de cómo la desaparición de referentes políticos le dejaba a uno perdido e impotente. El secreto de la vida debe ser nunca dejar de encontrar referentes para no vivir con nostalgia del pasado.