El amor analógico y el fin de las utopías digitales

Tengo pendiente leer The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom de Evgeny Morozov, que languidece en mi Kindle mientras he comprado por impulso otros libros que he leído al instante.

Morozov plantea que Internet no es aquella herrramienta política portentosa que iba a traer la democracia y la libertad con la que soñábamos cuando nos conectábamos con módem. Y entra dentro de escuela de pensamiento que trata de hacer un balance desapasionado del activismo político en y vía Internet. Pero las utopías políticas no son las únicas que dejamos en el camino. Resulta más vergonzante contarlo pero en aquel entonces también soñábamos con que Internet iba a traer otro tipo de relaciones humanas. Ya en el Hacker Manifesto estaba implícita la idea de ser aceptado a pesar de ser un empollón o un friki (Not because it doesn’t like me… Or feels threatened by me… Or thinks I’m a smart ass…). Pensábamos que íbamos a encontrar nuestras almas gemelas gracias a que en Internet sólo brillaría nuestro intelecto y no el precio de nuestra ropa o la flacidez de nuestro abdomen. Por aquellas utopías también ha pasado el tiempo. Ahora sabemos lo artificiales que pueden llegar a ser las relaciones establecidas en Internet (¡”amigos de Facebook”! ¡en Internet nadie sabe que eres un perro!). Creo que es tiempo de reivindicar las experiencias tangibles cara a cara, las risas compartidas y la presencia física del otro.