La Académica Inquisición

Lo planteé recientemente a propósito de una entrevista a Rachel Dolezal, la mujer blanca que se hacía pasar por negra. Su caso resultó ser el de una blanca atraída por el exotismo africano de las portadas del National Geographic y causó consternación entre la comunidad negra estadounidense. Que alguien se identifique como negro sin serlo sólo puede ocurrírsele a un blanquito de clase media que no se entera.

Pero dejé la cuestión ahí. ¿Cómo negar el derecho a alguien a identificarse con una identidad cultural si la propia izquierda posmoderna defiende el derecho a expresar libremente la identidad sexual? ¿Quién decide quién es negro sin entrar en el terreno de la racialización de la identidad étnica o la carga genética? Es decir, ¿sería Rachel Dolezal una “negra nacida en el cuerpo equivocado”?

David Chappelle se adelantó al debate con su sketch “Racial Draft”, en el que representantes de distintas comunidades eligen personalidades de otros grupos o a personas multiétnicas. Así, los judíos reclaman para sí a Lenny Kravitz (de padre judío y madre negra) y los asiáticos a Wu Tang Clan (raperos negros que hacen muchas referencias a la cultura oriental) Y por el camino se negocia la identificación de Eminem y Collin Powell como blanco o negro.

La duda que me planteaba entonces ha sido resuelta de forma expeditiva recientemente.  Rebecca Tuvel,  profesora asistente del Rodhes College en Memphis, tuvo la ocurrencia de mandar un artículo a la revista académica de filosofía feminista Hypatia planteando que la transracialidad debería ser tan legítima como las transexualidad. El artículo pasó el comité de evaluación y fue publicado. Digamos que no fue muy bien acogido. Aparte del linchamiento en las redes sociales, 500 académicos firmaron una carta denunciando el artículo. La revista Hypatia, cómo no, se echó atrás y publicó una disculpa en la que anunciaba que revisaría sus criterios de publicación para en un futuro darle más voz a personas transexuales y de color.

Alguien contactó a Rebecca Tuvel para entevistarla para el Wall Street Journal. Pero cuenta que Tuvel, llorando, rechazó la entrevista y le contó que temía haber quedado tachada en el mundo académico.

En el (construido socialmente) corazón de la blanquitud

La periodista Ijeoma Oluo entrevistó a Rachel Dolezal, la mujer blanca estadounidense que se presentó al mundo como negra durante años y fue puesta en evidencia por sus padres de origen europeo. De hecho, Dolezal dirigía la oficina local de una ONG  pro derechos de la población negra e iba contando una historia personal de sufrimiento y discriminación “por ser negra”. Después de destaparse el asunto, Dolezal se puso un nombre nigeriano y se presentó a sí misma algo así como blanca que se siente negra.

El reportaje se titula In the Heart of Whiteness.  El retrato que hace Oluo destroza la figura de Dolezal, presentándola como una chica blanca “que no se entera” y que  un día se encaprichó en ser negro como parte de su “privilegio blanco”. Hay cosas en el discurso de Dolezal que dan un poco de pena, sí. Como cuando cuenta que su interés por la negritud surgió en la infancia leyendo reportajes en la revista National Geographic sobre tribus exóticas en África.

Para Oluo es absolutamente ridículo el reclamo que hace Dolezal de presentarse a sí misma al mundo como negra. Le parece que frivoliza la experiencia de las mujeres negras reales. Pero claro, ¿no habíamos asumido desde el punto de vista posmoderno que todo absolutamente era una construcción social? Hay quien equipara a Dolezal a con una mujer trans.

La verdad es que estoy más cerca de Oluo que de Dolezal. Me parece que esta última forma parte de una tendencia creciente de gente que “envidia” la atención recibida por quienes luchan por obtener reconocimiento social. Ya hay quien incluso quiere ser operado para convertirse en discapacitado y quedar confinado a una silla de ruedas. Pero tengo la sensación de que situaciones como esta están llevando a la izquierda posmoderna a un punto de absurdo, feministas veganas luchando por “nuestras compañeras las vacas”, que terminará implotando.