Revisionismo histórico

Me ha llamado la atención un artículo en Overthinking It de John Perich sobre un videojuego de la serie The Elder Scrolls donde cuenta cómo en el juego no hay una narrativa única sobre la realidad del mundo en que tiene lugar la acción. El jugador puede ir leyendo textos repartidos por el juego y descubrir diferentes puntos de vista. Es más, termina descubriendo hechos por sí mimo que contradicen las leyendas y supersticiones populares.

Leí fantasía en mi adolescencia y llegué tarde a J. R. R. Tolkien. Cuando leí “El Hobbit” y su estilo me pareció anticuado. Luego no pasé en el primer libro de “El Señor de los Anillos” del encuentro con el cargante Tom Bombadil. Así que mi principal referencia sobre la trilogía son las películas. Al final del “El Retorno del Rey”, viendo cómo Aragorn eran aclamado por el pueblo tras su boda, me paré a pensar cómo todas las obras de fantasía medieval presentan de forma acrítica un orden social estratificado. Nos cuentan la historia de reyes justos y bondadosos, sus caballeros valientes y bellas princesas de fuerte cáracter. Todo tan tremendamente reaccionario en que el orden social viene dado por el nacimiento. Nosotros, como lectores, somos invitados a participar en el anti-moderno Medievo como una fiesta floral que mitifica la realeza y la aristocracia.

El paleontólogo ruso Kirill Yeskov tuvo la idea de contar “El Señor de los Anillos” desde el punto de vista de Mordor. “Canción de hielo y fuego” de George R. R. Martin ha ido más allá al evitar presentar el típico elenco de personajes en el que “los buenos” llegan al final de la historia sin un rasguño. Pero seguimos atrapados en el discurso de nobles y caballeros. La idea es que en realidad hay muchos puntos de vista. Las historias, a pesar de el narrador omnisciente, no son más que puntos de vista. Sería sin duda posible contar los mismos relatos desde el punto de vista de los campesinos, pastores, mercaderes, sacerdotes y prostitutas. Quizás el género esté a tiempo de renovarse o quizás deba ser preciso acabar con él de una vez por todas.

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William Gibson y la postmodernidad postcyberpunk

El primer libro que he comprado para mi nuevo Kindle es “Rewired”, una antología de relatos postcyberpunk. Lo escogí no tanto para entrar en discusiones sobre el sentido de esa clase de etiquetas, sino por la carga simbólica del cacharro.

Estos días estoy releyendo “Postmodernidad” de David Lyon, una de esas “guías básicas” a las que conviene volver una y otra vez como punto de partida de un camino en una nueva dirección. Y me ha llamado mucho la atención la reseña hecho por Asunción Álvarez de “Pattern Recognition”, la primera novela de la trilogía que acaba de cerrar William Gibson y en la que desde su punto de vista privilegiado disecciona cosas que a mí me pasaron bastante desapercibidas.

Epifanía

Cuando estudaba estudiando la carrera cayó en mis manos un número aniversario de la revista Ajoblanco. Su director, José Ribas, contaba en un artículo el nacimiento de la revista. Describía los últimos años del franquismo en Barcelona, cuando las fuerzas políticas más activas entre las masas universitarias eran las marxistas-leninista. Se quejaba Ribas de que en aquel entonces todos aquellos líderes y militantes estudiantiles, tan ortodoxamente radicales, tenían un alma gris de burócrata. Cuarto de siglo después, en otra universidad, vivía yo una sensación parecida.

Y otra vez sucedió, releyendo la revista Ajoblanco. En una recopilación de artículos antiguos con motivo del 10º aniversario de la segunda época de la revista encontré una entrevista a Allen Ginsberg.

-Hace tres años estuve en Checoslovaquia, en una reunión de poetas de la Universidad de Olomouc. Me asignaron como intérprete un joven estudiante de segundo de medicina, al que me presentaron como uno de los líderes estudiantiles de la revolución de terciopelo. Me interesé: ¿Cómo lo hicistéis? Hubo una gran asamblea-me dijo. Y el presidente del órgano estudiantil nos aseguró que no teníamos que hacer nada, que no había que ir a la huelga, que teníamos que continuar con nuestros estudios y no provocar violencia. Me levanté de un salto y dije: “Represento al comité de huelga de los estudiantes. Queremos una votación” 5950 estudiantes votaron por la huelga y sólo cincuenta, los líderes estudiantiles, los burócratas oficiales, votaron que no“.

Le pregunté si le sorprendió haber sido capaz de provocar aquello. -me respondió-sobre todo porque no había ningún comité de huelga. ¿Y de dónde sacaste el valor? Cuando tenía dieciocho, y estaba en la mili, leí tu poesía y la de Kerouac y Burroughs. Y me espabilé.

Eso me interesaba. ¿Qué clase de escritura puede hacer que una persona se separe de los demás, se mire a sí misma y se vuelva indpendiente? Así que le interrrogué: ¿Qué más leíste? Dostoyevski, Baudelaire, Rimbaud, Kafka… ¿Y qué música escuchabas? Los Beatles, Bob Dylan, Soft Machine, Lou Reed, Velvet Underground

Entonces le interrumpí. Todo volvía a Poe. Se hizo una luz en mi cabeza. Porque me di cuenta de que a Dostoyevski le gustaba Poe. Todo el sentimiento de culpa y de conciencia de El barril de amontillado lleva a Crimen y Castigo.Y Baudelaire fue el prototipo para Rimbaud y Artaud. Y el sentido de paranoia de Kafka viene de Poe. Y los Beatles le pusieron en la portada de Sargent Pepper’s. Y Burroughs, Kerouac y yo aprendimos de Poe… Poe está en el origen de toda la conciencia moderna.

Comprendí que Poe tiene más efecto en hacer a la gente independiente, consciente de su conciencia, que cualquier otro escritor. En contradicción con el pensamiento de Marx, Poe estaba en la torre de marfil, en la belleza pura. Mientras que Marx siempre dijo que hay que estar en la vanguardia de la revolución y tomar tu ideología del Comité Central del Partido Comunista, que habla por el proletariado, para que puedas hablarle al proletariado. ¡Y no movieron a nadie a nada! Mientras que Poe, que era el arte por el arte, tiene el efecto político más grande que ningún otro. Porque fue al corazón de todo lo que es puro, a la belleza. Cuando vi que todo volvía a Poe, casi me echo a llorar. Siempre me había interesado cuál es el efecto de la literatura en la vida social. Y ahí estaba el ejemplo más puro: El chaval lidera la revolución de los estudiantes y todo vuelve a Edgar Allan Poe. Paradójico y delicioso. Es la clase de cosas que te dan fe en la naturaleza humana.

Epica y lírica en el ajedrez

No sé muy bien de dónde salió la Jot Down Cultural Magazine, un proyecto inusual para los tiempos que corren y que varias veces me ha llamado la atención por la calidad de sus textos.

Sin ser aficionado al ajedrez, este relato épico en una y dos partes de E. J. Rodríguez sobre la rivalidad sobre y fuera de un tablero de ajedrez entre Capablanca y Alejin alcanza para mí verdaderas cotas literarias.