La política como mera identidad estética

Las grandes utopías murieron en el siglo XX. Los sueños del «hombre nuevo soviético» y un «Reich de mil años» llevaron a horrores inimaginables (véase Tierras de Sangre de Timothy Snyder). La recuperación económica europea entre 1945 y 1975 del «Milagro Económico Alemán» y los «Treinta Gloriosos» años franceses nos legaron la política como el aburrido arte de lo posible. A lo largo y ancho de la Europa capitalista se implantó un modelo bipartidista donde socialistas o laboristas y democratacristianos o conservadores se alternaban en el poder con la existencia puntual de un tercer y pequeño partido liberal, como en Reino Unido y Alemania.

El margen de maniobra de los gobiernos se fue estrechando tras la crisis del modelo de posguerra, la expansión de la globalización y la unión monetaria en Europa. La política dejó de ser el arte de lo posible, porque un gobierno debía responder a los mercados financieros, las agencias calificadoras de deuda y los inversores internacionales. Los partidos socialdemócratas dejaron de diferenciarse de los conservadores en su política económica, por lo que incidieron en los derechos de los inmigrantes o la comunidad LGTB para diferenciar el producto.

Mientras tanto, la política a pie de calle abandonó lo sueños revolucionarios para convertirse en profundamente conservadora luchando por conservar los derechos laborales, conservar el medio ambiente, conservar el patrimonio histórico, etc.  Sin utopías ni revoluciones pendientes, las posturas políticas han quedado reducidas a declaraciones de cara a la galería. Así que hoy proliferan en las redes sociales insufribles comunistas hipsters epatando con su simpatía por los tiranos más nefandos, y antifranquistas zombies que llegan 50 años tarde. Las ideologías son disfraces de cosplay.

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La carrera por hacer negocio con tus datos

Israel cuenta en Greenshines que “hay una guerra en Internet y te están usando de munición”. Se refiere a la lucha entre los grandes proveedores de servicios (Google, Facebook, Twitter, Tumblr, Instagram, etc.) para capturar una base amplia de usuarios y vender perspectiva de negocio a los posibles inversores. Pero creo que se deja un detalle fuera. El problema no consiste en cómo se hacen la puñeta unos a otros. Por ejemplo, que MySpace impidiera incrustar vídeos de Youtube. O cómo se la hacen al usuario. Twitter dejó de proporcionar la RSS de sus perfiles de forma directa y luego directamente las anuló. Israel dice que eso lo hacen para mantener a su base de usuarios cautiva. El problema de fondo es que se ven en la obligación de generar ingresos. Y eso sólo lo van a poder hacer a costa de la privacidad, la información y la comodidad del usuario. Su negocio eres tú.