Barbari ad portas

Cuando uno crece descubre conceptos como los incentivos perversos o la ley de las consecuencias imprevistas. Resulta que hace años las costas de Libia se convirtieron en el punto de partida de buques que en condiciones precarias cruzaban el Mar Mediterráneo hasta alcanzar la costa de las islas italianas. Alguno naufragó llevándose cientos de almas al fondo del mar. Así que varias ONG fletaron buques de rescate y hasta la Unión Europea se implicó en el rescate de las personas que iban en esos barcos sobrecargados a los que llamaban “refugiados”. Fundido en negro. Los buques de las ONG han estado viajando hasta la costa libia para recoger a las personas que organizaciones locales suben a botes neumáticos de gran tamaño que se anunciaban en el portal de comercio chino Alibaba.com, como “botes de refugiados“. En realidad se trata de migrantes económicos llegados de sitios tan lejanos como Bangladesh, sin duda atraídos por el efecto llamada de la nueva puerta trasera a Europa. Una vez abordo del buque de la ONG se les lleva a Italia so pretexto de ser náufragos con derecho, según las leyes del mar, a ser desembarcados en el puerto seguro más cercano. Cientos de miles de personas han entrado en Italia de esta forma desde 2014. Fundido en negro. El tema de la inmigración se convierte en asunto central de la campaña italiana para sorpresa de la prensa española que alerta de cómo los partidos populistas han introducido el tema de la inmigración de forma artificial en la agenda política. Flashback. Manifestación de inmigrantes africanos frente a una oficina gubernamental de la región de la Toscana demandando una vivienda y una renta básica. Cartel de un centro de salud en una localidad costera anunciando su cierra temporal para atender a las inmigrantes desembarcos y recomendando a los usuarios a acudir al centro de salud de una localidad cercana. Reportaje sobre cómo las autoridades incautan un hotel y obligan al dueño a aceptar a inmigrantes recién llegados como húespedes. Despliegue del ejército austriaco en la frontera con Italia. Amenazas del gobierno italiano con entregar un visado Schengen a todos los inmigrantes desembarcos en sus puertos y permitirles la libre circulación por Europa si no se procede a un reparto de ellos entre los países europeos. Fundido en negro. El nuevo gobierno italiano se niega a que la embarcación Aquarius, con bandera de Malta, desembarque a cientos de inmigrantes. El recién nombrado gobierno español se ofrece a acoger en España a las personas que viajan a bordo del Aquarius en una situación límite.

Veo una explosión de júbilo en Twitter. La gente dice sentirse orgullosa de ser española por la actuación del gobierno. Yo sólo pienso, ¿y luego qué? La política mediática tiene estas cosas. Convierte en urgente e imperativo actuar ante una situación mientras otras muchas iguales tienen lugar. El mundo giro ahora entorno a las personas que viajan en el “Aquarius”. ¿Qué haré el gobierno español ante los siguientes buques rechazados por las autoridades italianas? ¿Aceptará a unos pocos? ¿A todos? ¿Con qué criterio? ¿O se impondrán un protocolo europeo para repartir los inmigrantes recogidos en las costas libias? ¿Qué se harán con los inmigrantes? ¿Se les mandará a la cola o se les darán privilegios especiales? ¿Se convertirá en España en un nuevo destino privilegiado para la inmigración irregular gracias a políticas garantistas del nuevo gobierno?

Tengo una sensación extraña ante lo que sucede. Lo miro desde la perspectiva de la “longue durée”. Asistimos al ocaso de una Europa atrapada en sus contradicciones posmodernas mientras se suicida demográficamente. Mientras, en un mundo globalizado la gente en lugares como Nigeria o Bangladesh sabe que hay una vida mejor en Europa y han decidido venir a buscarse un futuro. Es un proceso que hay que entender en el largo plazo y que posiblemente finalice con Europa dejando de ser Occidente. Así que me pregunto si tiene sentido hacer o decir algo. Quizás la precaución de hablar sea un síntoma característico del problema. Hay cosas que no se deben decir.

Y las putas y los políticos alzaran sus miradas y gritarán “¡Sálvanos!”. Y yo miraré hacia abajo y susurraré “No”.

La Italia negra de los años 80

El 2 de agosto de 1980 estalló en la estación de tren de Bolonia un artefacto explosivo que provocó la muerte a 85 personas y heridas a más de 200. El gobierno italiano de aquel entonces atribuyó en primer lugar la explosión a un accidente. Luego a un atentado terrorista de la ultraizquierda. Finalmente se descubrió la participación de miembros de la ultraderecha italiana y cómo miembros de las fuerzas de seguridad habían tratado de dificultar la investigación.

Nunca se descubrió a los autores intelectuales del atentado. Pero los indicios apuntan a que fue organizado desde las cloacas del estado para impedir la llegada al poder del Partido Comunista Italiano. Mediante la llamada strategia della tensione se pretendía generar un estado de alarma social, cometiendo atentados terroristas atribuibles a la ultraizquierda, que propiciara la llegada al poder de un gobierno duro de derechas.

En aquellos años fue aflorando la existencia de una estructura clandestina de la OTAN nacida parra crear fuerzas de resistencia anticomunista en caso de invasión soviética (la “Operación Gladio”), pero que en tiempo de paz se conjuraba contra la llegada del partido comunista al poder. Se hizo visible también el papel de la logia secreta pseudomasónica “Propaganda Due”, entre cuyos miembros aparecieron desde el empresar Silvio Berlusconi al general argentino Suárez Mason. Una red extensa cuyos nodos estaban vinculados con las turbias finanzas del Vaticano, la ultraderecha europea, la mafia y las dictaduras sudamericanas.

Fue Bruce Sterling el primero que apuntó como todas aquellas conspiraciones políticas reales de los años 80 eran un adelanto del mundo descrito en la literatura cyberpunk. La política italiana de los 70 y 80 convierte en ridícula cualquier ficción. Eduardo Bravo ha hecho un repaso a aquella época. El libro te deja con ganas de más. Pero es que el tema incluye tantas tramas de las que tirar del hilo que daría para una serie de libros.