Etiqueta: inmigración

  • First we take Al Aqsa, then we take Berlin

    First we take Al Aqsa, then we take Berlin

    La mañana del 7 de octubre me desperté y mientras iba ganando conciencia hasta la primera toma de cafeína miré el móvil con incredulidad viendo los acontecimientos del sur de Israel. Las dos primeras ideas que me vinieron a la cabeza fue que lo que sucedía tenía cómo último responsable a Irán y que los acontecimientos en Israel no terminarían allí, sino que tenían conexión con Europa.

    En las semanas siguientes vimos manifestaciones por toda Europa donde se ondearon banderas yihadistas y se llamó abiertamente al exterminio de los judíos. En países como Francia, Alemania y Reino Unido las autoridades mostraron preocupación, mientras que en España vimos a líderes de partidos que han ocupado responsabilidades de gobierno compartiendo los lemas que piden la destrucción de Israel.

    Durante mucho tiempo para encontrar proclamas abiertamente antisemitas uno tenía que acudir a la literatura neonazi o a los lugares más oscuros y anónimos de Internet. La gente que negaba la existencia del Holocausto decía cosas como «yo sólo hago preguntas». Ahora ya no hace falta la ambigüedad calculada.

    Recuerdo en el verano de 2014 las diferencias de narrativas y discursos entre la cuenta en Twitter en inglés y en árabe de organizaciones palestinas, que para el público internacional hablaba en inglés de Derechos Humanos y para el público árabe hablaba de martirio y la liberación de Al Aqsa. Ahora esa divisoria parece haber quedado diluida con la convergencia de islamistas e izquierda woke en Europa.

    Decía un portavoz de HAMAS que habían consultado con Moscú la organización del ataque del 7 de octubre y habían recibido el visto bueno porque desde el Kremlin vieron positivo algo que distraería la atención de Occidente de la guerra de Ucrania. Es evidente que perciben débil a Occidente, con Estados Unidos en retirada, extremedamente polarizado y liderado por un presidente senil por un lado y por el otro a una Europa incapaz de transcender los discursos de «profunda preocupación» e incapaz de actuar colectivamente con la altura que corresponde a una potencia.

    Pero si hay algo que ha marcado el 7 de octubre de 2023 es el fin del disimulo sobre las intenciones reales de un sector de la población europea convencido de que herederá el continente. La violencia sexual vista en los progromos del sur de Israel aquel día tienen su eco en la incesante sucesión de manadas que los medios de masas europeos decidieron esconder después de la Nochevieja de 2015. Una violencia sexual que, en el fondo, tiene un significado político. La pregunta es qué respuesta se le va a dar a Europa, si es que se le va a dar alguna.

  • Barbari ad portas

    Cuando uno crece descubre conceptos como los incentivos perversos o la ley de las consecuencias imprevistas. Resulta que hace años las costas de Libia se convirtieron en el punto de partida de buques que en condiciones precarias cruzaban el Mar Mediterráneo hasta alcanzar la costa de las islas italianas. Alguno naufragó llevándose cientos de almas al fondo del mar. Así que varias ONG fletaron buques de rescate y hasta la Unión Europea se implicó en el rescate de las personas que iban en esos barcos sobrecargados a los que llamaban «refugiados». Fundido en negro. Los buques de las ONG han estado viajando hasta la costa libia para recoger a las personas que organizaciones locales suben a botes neumáticos de gran tamaño que se anunciaban en el portal de comercio chino Alibaba.com, como «botes de refugiados«. En realidad se trata de migrantes económicos llegados de sitios tan lejanos como Bangladesh, sin duda atraídos por el efecto llamada de la nueva puerta trasera a Europa. Una vez abordo del buque de la ONG se les lleva a Italia so pretexto de ser náufragos con derecho, según las leyes del mar, a ser desembarcados en el puerto seguro más cercano. Cientos de miles de personas han entrado en Italia de esta forma desde 2014. Fundido en negro. El tema de la inmigración se convierte en asunto central de la campaña italiana para sorpresa de la prensa española que alerta de cómo los partidos populistas han introducido el tema de la inmigración de forma artificial en la agenda política. Flashback. Manifestación de inmigrantes africanos frente a una oficina gubernamental de la región de la Toscana demandando una vivienda y una renta básica. Cartel de un centro de salud en una localidad costera anunciando su cierra temporal para atender a las inmigrantes desembarcos y recomendando a los usuarios a acudir al centro de salud de una localidad cercana. Reportaje sobre cómo las autoridades incautan un hotel y obligan al dueño a aceptar a inmigrantes recién llegados como húespedes. Despliegue del ejército austriaco en la frontera con Italia. Amenazas del gobierno italiano con entregar un visado Schengen a todos los inmigrantes desembarcos en sus puertos y permitirles la libre circulación por Europa si no se procede a un reparto de ellos entre los países europeos. Fundido en negro. El nuevo gobierno italiano se niega a que la embarcación Aquarius, con bandera de Malta, desembarque a cientos de inmigrantes. El recién nombrado gobierno español se ofrece a acoger en España a las personas que viajan a bordo del Aquarius en una situación límite.

    Veo una explosión de júbilo en Twitter. La gente dice sentirse orgullosa de ser española por la actuación del gobierno. Yo sólo pienso, ¿y luego qué? La política mediática tiene estas cosas. Convierte en urgente e imperativo actuar ante una situación mientras otras muchas iguales tienen lugar. El mundo giro ahora entorno a las personas que viajan en el «Aquarius». ¿Qué haré el gobierno español ante los siguientes buques rechazados por las autoridades italianas? ¿Aceptará a unos pocos? ¿A todos? ¿Con qué criterio? ¿O se impondrán un protocolo europeo para repartir los inmigrantes recogidos en las costas libias? ¿Qué se harán con los inmigrantes? ¿Se les mandará a la cola o se les darán privilegios especiales? ¿Se convertirá en España en un nuevo destino privilegiado para la inmigración irregular gracias a políticas garantistas del nuevo gobierno?

    Tengo una sensación extraña ante lo que sucede. Lo miro desde la perspectiva de la «longue durée». Asistimos al ocaso de una Europa atrapada en sus contradicciones posmodernas mientras se suicida demográficamente. Mientras, en un mundo globalizado la gente en lugares como Nigeria o Bangladesh sabe que hay una vida mejor en Europa y han decidido venir a buscarse un futuro. Es un proceso que hay que entender en el largo plazo y que posiblemente finalice con Europa dejando de ser Occidente. Así que me pregunto si tiene sentido hacer o decir algo. Quizás la precaución de hablar sea un síntoma característico del problema. Hay cosas que no se deben decir.

    Y las putas y los políticos alzaran sus miradas y gritarán «¡Sálvanos!». Y yo miraré hacia abajo y susurraré «No».