Etiqueta: cine

  • Los guardianes entre las ruinas

    Yo fui la clase de niño que se sentaba en los años 80 delante de la tele a ver tertulias políticas y culturales sin entender mucho pero convencido de que los que allí hablaban eran muy listos. Recuerdo que mencionaban mucho con orgullo haber luchado contra el Franquismo y haber corrido delante de los «grises«. Muchos años después descubriría en la biografía de los intelectuales destacados de la época que procedían de familias acomodadas y bien posicionadas en el régimen. Aquella rebeldía juvenil era posible porque siempre había un tío o un padre bien conectado que les permitía pasar poco tiempo en el calabozo. Tardé también en caer en la cuenta que cuando alguien contaba con orgullo que había descubierto ciertas vanguardias intelectuales o estéticas haciendo el doctorado en California o París y había vuelto entusiasmado a España cual Prometeo entregando el fuego a los humanos había que tener en cuenta que esa persona pertenecía al sector ultraminoritario de españoles que se podía permitir viajar y estudiar en el extranjero. Pero lo que más recuerdo que me causara impresión era la permanente sensación que me dejaban aquellas tertulias de que había llegado tarde en la vida. Mayo del 68, la lucha antifranquista, la Transición, la psicodelia de los 60, el rock progresivo de los 70… Todo lo interesante en esta vida parecía haber sucedido antes de yo llegar y que justo había coincidido cuando fueron jóvenes los personajes que hablaban en la tele. Ahora es la gente de mi generación la que habla de los maravillosos años 90, cuando todos éramos más jóvenes y más inocentes. Se obvia el machismo, la homofobia y la xenofobia de aquella época para recordar sólo las joyas que han perdurado del cine y de la música. Se insiste en recordar los precios del ocio, la comida y la vivienda para mostrar «lo que hemos perdido». Así que de pronto se han cambiado los papeles y es mi generación la que le transmite a la siguiente el mensaje que llegó demasiado tarde.

    Si uno atiende los indicadores económicos de España ciertamente puede concluir que quizás hayamos emprendido un camino de no retorno. El estancamiento de los salarios y la productividad, la caída de la natalidad, el disparo de la deuda, la dependencia de los fondos europeos y del turismo… Tengo pendiente continuar la serie de cosas que están rotas en España, que va camino de ser un país de trabajadores pobres y poco cualificados. Ahí sí que pueden tener motivos las nuevas generaciones para sentir que llegaron tarde, lejos de la época en que un trabajador con un sueldo mantenía familia mientras pagaba la casa y el coche. Pero hay más cosas que perdimos por el camino.

    Este fin de semana Sergio Fanjul contaba en El País como el esnobismo cultural estaba desapareciendo, con las élites económicas exhibiendo su disfrute de la cultura popular. Precisamente, recuerdo de aquellas tertulias televisivas de los años 80 como se hablaba con devoción de Renoir, Godard y Trufautt. Y constato que ya no se habla de ese cine que parecía parte de un canon de cine culto que era imperativo conocer y entender. Quizás hemos cambiado esos nombres por Nolan, Villeneuve y Sorrentin. Quizás no tengamos perspectiva histórica para entender que el reggeatón y Taylor Swift se los tragará el tiempo. O quizás no. Y es posible que no volvamos a tener vocalistas como Freddy Mercury, guitarristas como Mark Knopfler o grupos como Prodigy o Rage Against The Machine. A lo mejor nos toca ser los guardianes de las ruinas de un mundo donde la decadencia no sólo será económica.

  • Jackie Chan, genio del cine

    Jackie Chan (Hong Kong, 1962) acaba de recibir un Óscar honorifico. El más joven de un grupo de cuatro en el que el resto superaban los 80 años. Quizás algún despistado no sepa qué méritos cinematográficos le avalan. En el muy recomendable canal de Youtube Every frame a painting, donde diseccionan a directores y temas de cine, explican por qué Jackie Chan es un genio del cine.

  • Un adelanto de la película Ghost in the Shell

    Un adelanto de la película Ghost in the Shell

    Dos mangas marcaron mi adolescencia: Akira y Ghost in the Shell. Hablé en algún momento de ambos aquí. Y de cómo Masamune Shirow, el autor de Ghost in the Shell, encontró un nicho de mercado dibujando pin-ups y escenas subidas de tono para olvidarse de sus series de manga. Ahora Ghost in the Shell vuelve a ser noticia por la aparición de varios teasers de la película que Hollywood está preparando. Dos posters de Motoko Kusanagi en papel grueso de 1000 Editions presiden mi cuarto. Y la polémica saltó cuando se supo que un personaje tan icónico va a ser interpretado por Scarlett Johanson, un clamoroso caso de white washing. Precisamente una de las cosas que más me llamó la atención mientras estuve sin escribir este blog fue cómo las políticas de la identidad están marcando el debate político en las redes sociales. Será un asunto que tendré que tratar aquí. Con la producción de una secuela de Blade Runner quizás veamos un interés renovado por el género cyberpunk.

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  • Netflix y el Big Data

    Netflix es un servicio on-line para ver películas en varias plataformas (PC, tablet, videoconsolas..) por el que se paga una cuota mensual. Los usuarios tienen la posibilidad de votar las películas tras verlas, información que Netflix usa para recomendarte películas del mismo género. Sólo que los géneros cinematográficos para Netflix no son los habituales (drama, acción, comedia, terror, etc.) sino mucho más complejos. Alexis C. Madrigal se dio cuenta de ello y descubrió que la página web de Netflix asigna en su URL un código numérico a cada género. Tras desarrollar un programa que generara las sucesiva URLs y recogiera la descripción del género, obtuvo la lista completa: 76.897 géneros cinematográficos diferentes.

    Las descripciones de géneros de Netflix siguen una gramática particular: «Región de Origen + Adjetivos + Género + Basado en + Situado + De los años + Temática + Para las edades X a Y años». A este modelo se le unen varios modificadores como «con un personaje femenino protagonista fuerte» o «para románticos sin remedios». Varios ejemplos reales son:

    British set in Europe Sci-Fi & Fantasy from the 1960s
    Romantic Indian Crime Dramas
    Japanese Sports Movies
    Violent Suspenseful Action & Adventure from the 1980s

    A Alexis C. Madrigal le pareció muy interesante el descubrimiento y programó un «creador aleatorio de géneros» que se puede probar en la cabecera de su artículo. Aquí están varios de mis resultados:

    «Showbiz Opposites Attract Satires Set in the Edwardian Era About Friendship»
    «Evil Kid Alien Mysteries Based on Books Set in Africa With a Strong Female Lead»
    «Reunited Lovers Gangster Period Pieces Based on Contemporary Literature Set in Ancient Times About Horses»
    «Political Travel Fairy Tales Set in Europe About Food With a Strong Female Lead»

    Tras jugar con los datos, Alexis C. Madrigal contacto con Netflix y pidió hablar con el creador del sistema, que resultó un tal Todd Yellin. El sistema resultó ser en la realidad mucho más complejo e interesante. Netflix le paga a personas para que vean las películas y rellenan una ficha donde tienen que darle una puntuación a conceptos como «romántica» o «termina bien». Así, Netflix a partir de tus votos a las películas que ven puede saber la clase de película que en realidad te gusta aunque tú mismo no seas conscientes. Por ejemplo, películas de acción con mucha violencia pero en la que el chico al final se termina llevando a la chica y los buenos ganan. ¿Servirá esto para que Hollywood tome nota del mínimo común denominador o para que alguien se anime a hacer películos con elementos altamente valorados pero que nadie ha uso nunca juntos? ¡Yo no puedo esperar para ver una comedia romántica musical japonesa con vampiros ambientada en la Edad Media!.

  • Vingt-Quatre Heures

    «Salvar el mundo es tan… burgués».

    Smooth Originals. El cine francés de los años 60 que Hollywood copió.