La construcción social del gusto

Borja Ventura retrocede en Yorokobu a los tiempos en que el tabaco se publicitaba como algo sofisticado, moderno y beneficioso para la salud. Termina señalando como en las series de televisión el alcohol ocupa ahora su lugar. Es la actividad en la que se ven los personajes cuando buscan la compañía reconfortante de los amigos.

En otro orden de cosas, un diseñador de BMW atribuye a las mayores ventas de los vehículos de color blanco a la asocicación con la estética que ha impuesto Apple.

Nunca dejo de sorprenderme con la construcción social de lo interesante y lo deseable.

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El humor político como síntoma

Tras un verano empapándome de todos los fragmentos de “Real Time” y monólogos disponibles en YouTube de Bill Maher, humorista al que he subido al panteón del humor político que ocupan para mí Stephen Colbert y Jon Stewart, me encontré de casualidad en la tele con el retorno de “El Intermedio” en La Sexta. No es que hubiera ningún cambio y me pareciera diferente al programa que yo recordaba. Es que me resultaba más evidente que nunca el humor facilón y el acartonamiento del Gran Wyoming.

Cuando uno ve programas estadounidenses descubre de pronto que son la fuente de inspiración oculta de muchas cosas que se hacen en la televisión española y que nos creíamos originales. ¡Qué suerte tienen muchos humoristas españoles de que el Saturday Night Life original sea un gran desconocido para la mayoría! Se podría decir que los programas estadounidenses tienen mucho más recursos y más talento. Al fin y al cabo en España se pasó del “humorista cuentachistes” a la “stand-up comedy” hace menos de una década. Pero es algo más. Por ejemplo, en el Daily Show de Jon Stewart uno encuentra que los guiones no escatiman críticas a izquierda y derecha, lejos del autocomplaciente tono progre de El Intermedio. Pero incluso cuando Jon Stewart se posiciona claramente lo hace con una valentía que difícilmente se ve en la televisión española. Alguien podría decir que los delirios de la política estadounidense proporcionan mejor material a los humoristas. Difícilmente podría haber en España una parodia tan delirante y magistral como la que hizo Jon Stewart de Glenn Beck porque no hay un Glenn Beck en España. O quizás sí. Ahí están esos neofranquistas. Quizás entonces el pálido reflejo que uno encuentra del talento estadounidense en el humor político “progresista” español sea sólo un síntoma de las deficiencias de la izquierda española más que del humor.

Tu nuevo punto débil es Internet

Primero Jaron Larnier advirtió contra el “maoísmo digital”, la idea de que Internet propiciaba el comportamiento en masa de “rebaños digitales”. Luego Evgeny Morozov argumentó contra la ingenuidad optimista de creer que Internet era el arma política definitiva para traer la democracia al mundo. Lo que traigo hoy es diferente. No sabría clasificarlo. Tampoco es que sea tan trascendente. Paco Nadal recoge en su blog algo que había leído hace tiempo en alguna parte, el chantaje al que se ven sometido hoteles y restaurantes por parte de clientes que amenazan con arruinar su reputación en Internet. Los clientes piden una rebaja o una invitación a cambio de votos positivos en páginas de críticas de usuarios. Usar el propio blog y los directorios de servicios en los que se vota la calidad era hasta ahora un recurso del ciudadano para defenderse ante los abusos de las empresas. Fomentaba la calidad porque generaban un incentivo al alejar a los clientes de los sitios malos. Pero como siempre, alguien encuentra la forma de retorcer el propósito de algo en Internet. Lo interesante es cómo “arruinar la reputación en Internet” se ha convertido en un nuevo tipo de arma.

El desierto, la muerte y nada más

Pertenecer al desierto, era, como ellos bien sabían la maldición de entablar una batalla sin fin con un enemigo que no era de este mundo, que no era la vida, ni nada, sino la esperanza como tal; y el fracaso le parecía a la humanidad una expresión de la libertad de Dios. Nosotros sólo podíamos ejercitar en libertad haciendo lo que estaba en nuestras manos hacer, porque entonces la vida nos pertenecería, y la dominaríamos al despreciarla. La muerte aparecería como la mejor de nuestras obras, la última y más libre lealtad a nuestro alcance, nuestro ocio final.

Los Siete Pilares de la Sabiduría, T. E. Lawrence.